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    Crítica | Expediente Warren: El caso Enfield

    The Conjuring 2: The Enfield Poltergeist

    El Amityville británico en tela de juicio

    crítica de Expediente Warren: El caso Enfield (The Conjuring 2: The Enfield Poltergeist, James Wan, EE. UU, 2016).

    Después del breve (y exitoso) paréntesis que supuso dentro de la filmografía de James Wan su incursión en la acción más desenfrenada con Fast & Furious 7 (2015), el realizador rompe su palabra de no volver a dirigir terror, entregando una segunda entrega de la que ha sido unánimemente considerada su mejor película hasta la fecha: Expediente Warren (2013). Este retorno al género supone una gran alegría para los aficionados a pasar miedo de calidad, ya que la revelación de Wan ha sido, desde que irrumpiera en nuestras vidas con Saw (2004) –aquella intriga creativa y muy retorcida que acabó perdiendo su esencia a causa del aluvión de secuelas que le siguió–, una de las mejores cosas que le han ocurrido al cine de terror en la última década, sabiendo superarse a sí mismo con cada nueva aportación. Silencio desde el mal (2007) y los dos primeros episodios de Insidious, auténticos trenes de la bruja que recuperaban el espíritu de las cintas de fenómenos paranormales y posesiones demoníacas de los setenta y ochenta, multiplicaron unas legiones de seguidores fieles que, viendo los pobres resultados artísticos de Insidious: Capítulo 3 (2015) –dirigida por el guionista de las dos anteriores, Leigh Whannell)– y, sobre todo, el flojísimo spin-off alrededor de la diabólica muñeca Annabelle (2014) –perpetrado por el habitual director de fotografía de los filmes de Wan, John R. Leonetti–, pedían a gritos el regreso de James Wan para enmendar su alicaído universo terrorífico.

    Recordemos que Expediente Warren: The Conjuring llegó a las pantallas con el atractivo de estar basada en un escalofriante y muy documentado hecho real que tuvo como protagonistas a los integrantes de la familia Perron, quienes tuvieron que lidiar con fenómenos paranormales cada vez más virulentos en su casa de Rhode Island, a principios de los 70. Wan nos presentó al matrimonio Warren formado por el experto demonólogo Ed y su mujer Lorraine, clarividente y médium, toda una institución en la investigación de este tipo de casos que van más allá de cualquier explicación racional. Patrick Wilson y Vera Farmiga estuvieron perfectos en estos personajes a los que dotaron de una gran calidez y cercanía, convirtiéndose en uno de los mayores aciertos de una excelente película que, sin alejarse del todo de los planteamientos argumentales y formales de Insidious, sí renunciaba un poco a sus golpes de efecto en beneficio de una elegancia y sobriedad que la emparentaban más a clásicos mayores como El exorcista (William Friedklin, 1973) o Al final de la escalera (Peter Medak, 1980) que a las nuevas hornadas de títulos de horror. Los más de 300 millones de dólares recaudados en todo el mundo hicieron que sus responsables volvieran a echar mano del extenso currículum de los Warren para poner en marcha Expediente Warren: El caso Enfield (2016), basada en uno de los casos que más impactaron a la sociedad inglesa de finales de los 70. La historia de Peggy Hongson, una mujer con cuatro hijos que se mudaba a una humilde casa de la localidad londinsense en la que una poderosa energía comenzó a hacerles la vida imposible a través de muebles y objetos que se movían solos y, posteriormente, poseyendo el cuerpo de Janet, una de las niñas, de 11 años, abrió un acalorado debate en los medios de comunicación que dividieron a la opinión pública entre los que aceptaron estos hechos –plasmados en numerosas grabaciones de vídeo y audio– y los que se mostraron escépticos y quisieron encontrar una explicación en un posible montaje de la madre de familia para conseguir una vivienda mejor.

    The Conjuring 2: The Enfield Poltergeist

    «Estamos ante una secuela que está a la altura de la cinta original y, además, la supera en muchos aspectos, ya que permite un mayor desarrollo de los personajes de Ed y Lorraine Warren, haciendo más hincapié en sus miedos y motivaciones».


    Estamos ante una secuela que está a la altura de la cinta original y, además, la supera en muchos aspectos, ya que permite un mayor desarrollo de los personajes de Ed y Lorraine Warren, haciendo más hincapié en sus miedos y motivaciones, así como en la enorme labor que ejercieron para ayudar a diferentes familias a combatir a las fuerzas del mal que se instalaban en sus viviendas. Expediente Warren: El caso Enfield se abre con un impactante prólogo que nos traslada al año 1976, a uno de los casos más emblemáticos a los que se enfrentó el matrimonio de parapsicólogos: el de Amityville, en Nueva York. Los acontecimientos que tuvieron lugar en aquella villa, y que sirvieron de base a una de las sagas más populares del género, inaugurada con Terror en Amityville (Stuart Rosenberg, 1979) –sin duda, una de las fuentes cinematográficas más tenidas en cuenta por Wan para sus trabajos–, son resumidos en una magnífica secuencia que presenta a Lorraine reviviendo la matanza de la familia en medio de una sesión de espiritismo que la lleva a un estado de regresión. Ya en estas imágenes iniciales, Wan apuesta fuerte gracias a su constatada creatividad a la hora de colocar la cámara y un esmerado montaje que antecede a una vigorosa pesadilla que no destensa la cuerda del desasosiego hasta después de sus espeluznantes títulos de crédito finales. Desde que la historia se bifurca en dos acciones paralelas –las primeras manifestaciones paranormales en el hogar de los Hongson, en Enfield, y relajada cotidianeidad de los Warren, en Estados Unidos, tras haber abandonado sus investigaciones a raíz de unas tormentosas visiones que tiene Lorraine–, el filme hace gala de una solidez incontestable, tanto en la puesta en escena –todo lo que concierne al trabajo de recreación del Londres de aquellos años es impecable– como en el trabajo de todos sus actores, comenzando por una magnífica Frances O´Connor que toma el relevo a la Lili Taylor de la primera parte como madre sufridora, y culminando, con la que es, sin duda, la verdadera sorpresa de la función, una Madison Wolfe espectacular en su encarnación de niña atormentada por malos espíritus hasta límites insoprtables.

    Expediente Warren: El caso Enfield no está construida, precisamente, sobre la premisa de “menos es más”, ya que todo en este segundo episodio es más grande y espectacular –su presupuesto de 40 millones dobla al del original–, y Wan no duda en utilizar todos los trucos de prestidigitador habidos y por haber para lograr el escalofrío (y más de un susto que, no por esperado, resulta menos eficaz) del espectador. En este sentido, estamos ante una obra muy generosa en momentos sobrecogedores, rodados con el virtuosismo técnico que caracteriza al cine de su director –la labor de fotografía de Don Burgess mejora, incluso, a la desempeñada con anterioridad por John R. Leonetti–. Así, las habituales camas que se sacuden solas en el aire, los juguetes que cobran vida, el mobiliario que se estrella contra las paredes o las apariciones fantasmales, están plasmadas de forma, si bien no novedosa, sí con un considerable sentido del espectáculo –el instante en la habitación con las cruces invertidas sería un gran ejemplo– y una atmósfera inquietante digna de todo elogio. Si hay una escena prodigiosa que, desde ya, merece entrar en la antología del género, esa sería la del interrogatorio que realiza Ed al ente que habita en el interior de Janet, con la imagen desenfocada de ella sentada en el sillón, tras el rostro de Patrick Wilson. Esa imagen fija, todo un prodigio de elaborado minimalismo, consigue perturbar con más fuerza que cualquiera de los muchos golpes de efecto –en este aspecto, la cinta tiene más del pasaje del terror de Insidious (el personaje de Vera Farmiga podría ser intercambiado con facilidad con el de la Elise Rainier encarnada por Lin Shaye en la franquicia hermana) que de la sutileza de su antecesora– que se acumulan a lo largo de su abultado metraje de 134 minutos. También son dignas de mención algunas nuevas incorporaciones al universo Wan tan conseguidas como esa monja espectral (atención a la electrizante escena del cuadro) que amenaza con tener su propio spin-off en una maniobra comercial que sigue los pasos de Annabelle, o Crooked Man (u Hombre Torcido) que, a partir de un inocente juego de los niños, se transforma en una amenaza con ecos del reciente Babadook (Jennifer Kent, 2014), otro de los grandes iconos del terror más reciente.

    The Conjuring 2: The Enfield Poltergeist

    «No hay en la película un arma más poderosa para sugestionar que la intensa mirada de Vera Farmiga, capaz de arrancarnos escalofríos cada vez que traspasa el umbral que separa a los vivos de los muertos».


    Si en lo visual, no cabe duda de que James Wan es uno de los cineastas más dotados de la actualidad, otro ingrediente que no descuida en sus trabajos es la banda sonora, tan fundamental en este tipo de productos. No solo la crispante partitura de Joseph Bishara, perfecto complemento a los pasajes más perturbadores de la historia, brilla a gran altura, sino que se hace una original utilización de temas clásicos como el London Calling de The Clash o ese Can not Help Falling in Love de Elvis Presley que entona, guitarra en mano, Patrick Wilson en una de las escasas treguas que Expediente Warren: El caso Enfield deja a la sonrisa y al sentimentalismo. Otro de sus mayores logros reside, de hecho, en la empatía que tanto Ed como Lorraine consiguen transmitir, dotando a su historia de amor y a la eterna contribución a ayudar a los demás (a veces, de modo extraoficial, por mandato de la Iglesia católica) de una extraña emoción poco habitual en el género. Esta humanidad se hace extensible al resto de acompañamientos secundarios, destacando un espléndido Simon McBurney como el investigador Maurice Grosse que acompaña a los Warren en las pesquisas en el hogar de los Hongson. Los guionistas, que se toman ciertas licencias sobre la historia real (el papel de los Warren no fue tan activo en el denominado Amityville británico), son conscientes que, por encima de cualquier elemento terrorífico, la verdadera efectividad de la historia debe confiarse a unos personajes sólidos, interpretados por brillantes actores. No hay en la película un arma más poderosa para sugestionar que la intensa mirada de Vera Farmiga, capaz de arrancarnos escalofríos cada vez que traspasa el umbral que separa a los vivos de los muertos. Expediente Warren: El caso Enfield vuelve a desplazar a la primera entrega como el mejor trabajo de su director, pero, visto el alto listón al que se enfrentaba, no nos atrevemos a afirmar que no pueda ser superado en esa tercera peripecia de los Warren que ya se está fraguando y que acontecería durante alguna de sus indagaciones durante la década de los 80. | ★★★★ |


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2016. Título original: The Conjuring 2: The Enfield Poltergeist. Director: James Wan. Guion: Carey Hayes, Chad Hayes. Productores: Rob Cowan, Peter Safran, James Wan. Productoras: Evergreen Media Group / New Line Cinema / The Safran Company. Fotografía: Don Burgess. Música: Joseph Bishara. Montaje: Kirk M. Morri. Diseño de producción: Julie Berghoff. Reparto: Vera Farmiga, Patrick Wilson, Madison Wolfe, Frances O´Connor, Lauren Esposito, Benjamin Haigh, Patrick McAuley, Simon McBurney, Simon Delaney, Maria Doyle Kennedy, Franka Potente, Bob Adrian, Bonnie Aarons, Javier Botet.

    Póster: The Conjuring 2: The Enfield Poltergeist
    En cuerpo y alma

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