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    Crítica | Corazón silencioso

    Stille hjerte, Bille August, 2014

    La celebración de la despedida

    crítica de Corazón silencioso (Stille hjerte, Bille August, 2014).

    Pese a que la obra de Bille August siempre se ha caracterizado más por su buena mano para la dirección de actores y la construcción de personajes enérgicos que por su virtuosismo cinematográfico, lo cierto es que el nombre del realizador danés ha sido clave para que la cinematografía de su país empezase a ser más considerada a nivel internacional. Dos Palmas de Oro con Pelle el conquistador (1988) —película que le arrebató, de paso, el Óscar a la mejor película de habla no inglesa a Pedro Almodóvar y su Mujeres al borde de un ataque de nervios— y Las mejores intenciones (1992) —con guion muy autobiográfico del maestro Ingmar Bergman— hablan por sí solas del entusiasmo con el que era recibido cada nuevo trabajo de August en los mejores festivales. Sin embargo, aquel doble reconocimiento en Cannes también pesó como una lápida con el trascurrir de los años y, tras la exitosa (aunque muy discutida) adaptación de La casa de los espíritus (1993) de Isabel Allende —para la que manejó un reparto de estrellas de Hollywood espectacular— y el notable drama rural Jerusalén (1997), el cineasta empezó a entrar en una evidente crisis creativa que comenzó con el thriller Smilla, misterio en la nieve (1997). Una académica versión de Los miserables (1998) y un romance, con el tema del Alzheimer como telón de fondo, como Una canción para Martin (2001) gustaron bastante pero quedaron lejos de pegar tan fuerte como sus mejores obras. Lo que siguió fue un puñado de títulos interesantes pero no demasiado relevantes y siempre por debajo de las expectativas. Una decepcionante racha que, afortunadamente, parece frenarse con Corazón silencioso (2014), pequeña pieza de cámara que despertó una gran ovación en su paso por el Festival de San Sebastián donde Paprika Steen se hizo con el premio a la mejor actriz.

    Corazón silencioso se centra en un especial fin de semana en el que los miembros de una familia se reúnen para disfrutar de las últimas horas de vida de la matriarca del clan, una anciana a la que se le ha diagnosticado una terrible enfermedad degenerativa que amenaza con dejarla, en pocos meses, en estado vegetativo. El marido —médico de profesión—, las dos hijas (acompañadas de sus respectivas parejas y el hijo adolescente de una de ellas) y una vieja amiga de la familia han aceptado la angustiosa realidad y están decididos a ser cómplices del frío plan que la enferma ha maquinado para despedirse de la vida ese domingo con la mayor dignidad. Tres jornadas durante las que, como es norma básica en el género, afloran sentimientos varios, rencillas del pasado y trapos sucios, funcionando este ritual de despedida como catarsis para que los distintos miembros exorcicen todos los demonios que albergan en su interior y acaben más unidos que nunca ante tan dolorosas circunstancias. Los personajes, como viene siendo una constante en la filmografía de August, están impecablemente definidos. Así, la figura de la madre moribunda representa al auténtico motor de la familia, una mujer de carácter fuerte, esposa y madre abnegada que, aun en sus últimos momentos, saca fuerzas para levantar el ánimo de las personas que están a su alrededor y desdramatizar su delicado estado. Las hijas, por su parte, son la noche y el día. Mientras que la mayor, aparentemente, lleva una vida estable de casi dos décadas de matrimonio y se muestra responsable y centrada, la menor parece no terminar de encontrar el equilibrio en su vida, inmersa en serios problemas emocionales a los que la tóxica relación que tiene con su inmaduro novio no ayuda en absoluto. Tres personajes femeninos de altura que, al igual que sucediera en la reciente (y de características similares) Agosto (John Wells, 2013), soportan con todo el peso dramático de la historia y reducen a los hombres, casi, a convidados de piedra.

    Stille hjerte, Bille August, 2014

    «Corazón silencioso es, gracias a su preciso guion, bendecido por exquisitos diálogos y una gran sutileza a la hora de destapar sus cartas escondidas, una magnífica obra que debería servir para reconciliarnos con el mejor Bille August, quien se muestra comodísimo en este poderoso retrato familiar que habla de un tema tan trascendental y temido por todos como es la muerte».


    En contra de lo que pueda parecer a simple vista, por la presencia de Bille August detrás de las cámaras o por la siempre espinosa temática de la eutanasia, Corazón silencioso no es un dramón tremebundo ni busca la lágrima fácil a toda costa. Todo lo contrario, el filme termina siendo un hermosa y sincera celebración de la vida en la que sus personajes adquieren conciencia de la importancia de las pequeñas cosas y la añoranza por los momentos no vividos, encontrando en el ejemplo de la madre la fuerza necesaria para reconducir sus existencias. Ghita Nørby impregna de calidez humana a esa figura matriarcal sobre la que gira el relato, ofreciendo un trabajo interpretativo de altura. La gran dama del cine danés, Paprika Steen, y Danica Curcic (todo un descubrimiento) no se quedan atrás, luciéndose en dos roles muy distintos y, a veces, con posturas opuestas a cómo enfrentar la situación, circunstancia que propicia algunos enfrentamientos verdaderamente electrizantes. El resto del reparto está impecable y, entre los personajes masculinos, sobresale, como nota discordante, el de la pareja sentimental de la hermana pequeña, un tipo infantil y despreocupado que siempre tiene en la boca la frase más inoportuna y políticamente incorrecta, aportando algunos momentos de insospechado humor —la familia al completo fumando un cigarrillo de hachís de su propia cosecha— que sirven para oxigenar un relato que, no obstante, va ganando en emotividad y provoca un nudo en la garganta del espectador conforme las horas van avanzando y el fatal desenlace pronosticado se va aproximando inexorablemente. La opción escogida por la protagonista para terminar con su vida podría plantear encendidos debates por el hecho de que, salvo en puntuales escenas que muestran los primeros síntomas de la enfermedad, ésta no es aún evidente en el aspecto de la enferma, viéndose a una mujer que todavía habla, razona y se mueve sin dificultad en lugar de a una enferma postrada en una cama. Mucho más luminosa que otro acercamiento al tema de la muerte programada como fue la aclamada Amour (Michael Haneke, 2013), y sin necesidad de recurrir a la característica crudeza del realizador austríaco, Corazón silencioso es, gracias a su preciso guion, bendecido por exquisitos diálogos y una gran sutileza a la hora de destapar sus cartas escondidas, una magnífica obra que debería servir para reconciliarnos con el mejor Bille August, quien se muestra comodísimo en este poderoso retrato familiar que habla de un tema tan trascendental y temido por todos como es la muerte, haciéndolo, además, de una forma natural y nada efectista. | ★★★★ |


    José Antonio Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Dinamarca. 2014. Título original: Stille hjerte. Director: Bille August. Guión: Christian Torpe. Productores: Jesper Morthorst. Productora: SF Film Production. Fotografía: Dirk Brüel. Música: Annette Focks. Montaje: Janus Billeskov Jansen, Anne Østerud. Diseño de producción: Jette Lehmann. Reparto: Ghita Nørby, Morten Grunwald, Paprika Steen, Danica Curcic, Jens Albinus, Vigga Bro, Johan Philip Asbæk, Oskar Sælan Halskov.

    Póster: Stille hjerte, Bille August, 2014
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