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    Crítica en serie | Bloodline [1 temporada]

    Bloodline [1 temporada]

    El lazo se corta por la parte más fina

    crítica a Bloodline (2015-) | Primera temporada.

    Netflix | 1ª temporada: 13 capítulos | Estados Unidos, 2015. Creador: Todd A. Kessler, Glenn Kessler, Daniel Zelman. Directores: Ed Bianchi, Johan Renck, Daniel Attias, Adam Bernstein, Simon Cellan Jones, Jean de Segonzac, Tate Donovan, Carl Franklin, Alex Graves, Todd A. Kessler, Michael Morris. Guionistas: Jonathan Glatzer, Todd A. Kessler, Glenn Kessler, Daniel Zelman, Arthur Phillips, Jeff Shakoor, Carter Harris, Addison McQuigg. Reparto: Ben Mendelsohn, Michelle Rose Domb, Brandon Larracuente, Nevy Rey, Sissy Spacek, Linda Cardellini, Jeremy Hale, Jamie McShane, Kyle Chandler, Taylor Rouviere, Norbert Leo Butz, Owen Teague, Enrique Murciano. Fotografía: Jaime Reynoso, Darren Lew. Música: Tony Morales, Edward Rogers. Productoras: KZK Productions / Sony Pictures Television / Netflix.

    «Cuando las desgracias llegan, no aparecen de a una, como exploradores aislados, sino en legiones».
    Hamlet, de William Shakespeare.

    Bloodline es una de las nuevas apuestas televisivas que la plataforma de streaming Netflix ha lanzado para este año. Tras los éxitos de House of Cards y Orange is the New Black, y consolidada tanto en los niveles de audiencia como desde la recepción crítica, la compañía ha resuelto darle un lugar a un drama con contenido familiar. El responsable del mismo es Todd A. Kessler, un experto en la materia y otrora productor de la tercera temporada de Los Soprano. Él, conjuntamente a quienes también lo acompañaron en la creación de Damages, es el encargado de confeccionar esta historia de rencores y recuerdos tormentosos, con tintes de novela policial y repleta de secretos que pujan por salir a la luz. La trama se desarrolla en Islamorada, un archipiélago de ensueño perteneciente a los Cayos de la Florida, en Estados Unidos. Pero como todos sabemos, hasta el más apacible de los paraísos puede esconder el más terrible de los infiernos. Éste será, justamente, el destino de los Rayburn, una familia tradicional de la zona que desde hace cincuenta años administra un complejo turístico ubicado en la playa. Tal es la ascendencia de la familia en el lugar, pero sobre todo de su patriarca Robert Rayburn —interpretado soberbiamente por Sam Shepard—, que el gobierno local ha dispuesto colocarle su apellido a un muelle costero. El conflicto se desencadena cuando el hijo mayor de la familia decide volver a su hogar con motivo de la celebración del aniversario de casamiento de sus padres y del nombramiento del muelle. Lentamente la idílica vida de los Rayburn comenzará a derrumbarse y a exhibir heridas del pasado que se creían cerradas.

    El hijo en cuestión es Danny, la oveja negra del clan y el principal catalizador de las desgracias que habrán de llegarles a todos. Encarnado con maestría por el actor australiano Ben Mendelsohn, lleva sobre su cuerpo las marcas de una vida de juerga y descontrol que reflejan, a las claras, la pérdida del rumbo personal. Su antagonista será su hermano menor John (Kyle Chandler), que es detective emérito del departamento de policía regional, eminente miembro de la comunidad local y dedicado protector de sus seres queridos. La saga familiar se completa con la madre Sally (Sissy Spacek) y sus otros dos hijos: la habilidosa abogada Meg (Linda Cardellini) y Kevin (Norbert Leo Butz), un personaje melancólico y propenso a los ataques de ira. La elección de una familia profusa con numerosos hermanos es, sin dudas, uno de los grandes aciertos del guión, ya que permite una aproximación a los hechos desde los diferentes puntos de vista de sus protagonistas. Con el paso del tiempo esto nos permite comprender que, si bien Danny se revela como un personaje en efecto siniestro, es igualmente cierto que los otros integrantes de la familia cargan con sus respectivas cuotas de responsabilidad en las desgracias que los aquejan. Desde su retorno al hogar, Danny es señalado como el causante de todos los males, a pesar de que también haya sido el miembro más postergado y excluido del clan. Esta resistencia de la que es objeto se verá renovada cuando, al intentar establecerse definitivamente en el hotel familiar para ayudar a sus padres en la administración del mismo, reciba la férrea oposición de sus otros tres hermanos. «Todos le dimos a Danny muchas oportunidades de irse, solo que él nunca se dio por enterado», confiesa John, cuya voz es la que guía y ordena una narración anacrónica que Kessler y su equipo ya habían puesto en práctica en Damages.

    Bloodline [1 temporada]

    En consecuencia estamos frente a una obra que se pregunta por los vínculos fraternales y qué queda de ellos cuando lo francamente constitutivo se ha esfumado. ¿Alcanza, acaso, con compartir la misma sangre para mantener unido lo que se desmorona hace tiempo? Lo que la serie parece poner en cuestión es el modo en que buscan relacionarse un grupo de hermanos que se sienten extraños. Hay algo inteligible en los Rayburns, y que refiere a la manera que tienen de tratarse. Eso que hace de la forma en que se vinculan los miembros de una familia algo particular y único, y que se vuelve inasible para cualquier persona extraña al clan. No obstante lo que sí resulta palpable es la creciente tensión que atraviesa a los protagonistas y que solo se mantiene a raya por los impulsos controlados de los mismos. En función de esto, merece especial atención Ben Mendelsohn, quizás el actor que mejor maneje las tensiones fílmicas en el cine actual. Mendelsohn ingresó a la industria de Hollywood con la olvidable película Vertical Limit, pero el reconocimiento mundial le llegó a través de la brutal Animal Kingdom, una pequeña película australiana que retrataba la vida de una familia de delincuentes y donde Mendelsohn interpretaba a Pop, el tío que terminaba por asesinar a la novia de su sobrino. Había cierta violencia contenida en aquel personaje iniciático de Mendelsohn que este vuelve a recuperar para componer a Danny, y que logra transmitirnos la ineludible sensación de que todo puede estallar en cualquier momento.

    El otro gran punto actoral de la serie, más allá del veterano Sam Shepard en el rol del implacable patriarca, está representado por Linda Cardellini, quien asimismo se descubre como una de las bellezas veladas de Hollywood, portadora de un encanto simple y natural. Pero sin dudas es Mendelsohn el verdadero motor dramático de toda la historia; es él quien la empuja hacia adelante cuando los otros flaquean, es él quien continúa con su secreto cometido aún cuando los demás parecen titubear en sus elecciones. Porque vamos a decirlo de una vez por todas y sin temor a adelantar elementos importantes de la trama: Danny no regresa a su terruño únicamente con las buenas intenciones de trabajar en el complejo turístico y recomponer sus relaciones familiares –en especial con su padre golpeador-, sino que además trae consigo una importante deuda con individuos peligrosos. Esto lo obligará a involucrarse en negocios ilícitos con un traficante local de drogas que, para colmo de males, está siendo investigado por su hermano John por otro delito, el de la inmigración ilegal de personas. En consecuencia vemos como lentamente el drama familiar va cediendo terreno frente a la trama policial, aunque continúan coexistiendo ambos. Esto ha llevado a algunos críticos a enmarcar a Bloodline dentro del género del family noir, es decir, una historia familiar oscura que cuenta, asimismo, con dosis esporádicas pero concentradas de suspenso y acción. Para esto las paradisíacas locaciones de los Cayos de la Florida resultan más que apropiadas, ya que detrás de los chalets de ensueño se esconde el submundo de las periferias costeras, caldo de cultivo para la delincuencia de baja estofa, el tráfico de drogas e incluso las riñas de gallos. Como ocurre con el dolor y los recuerdos, en esos lugares la humedad permea y sofoca todos los cuerpos.

    Bloodline [1 temporada]

    «En épocas de recambio televisivo, donde una generación de clásicos consagrados como Breaking Bad o Mad Men han entregado sus últimos suspiros, Bloodline se ubica como una de las tantas promesas capaces de relevarles la posta. Habrá que ver si en la segunda temporada Kessler y compañía serán capaces de reafirmar lo hecho durante la primera».


    Ahora bien, como si todo esto fuese poco y siguiendo los cánones de cierta tradición de las dramaturgias clásicas, el guion incorpora la presencia de un fantasma que atormenta la conciencia de sus protagonistas. Es el espíritu aún vigente de una quinta integrante del linaje, fallecida en circunstancias poco esclarecidas que se irán revelando con el correr de los capítulos y por medio del recurso narrativo de los flashbacks. Lo interesante de este episodio es que logra poner en evidencia la jerarquía de esta serie para contar hechos, puesto que está tan magistralmente construida que consigue zarandearnos de un lado para el otro: primero hace todo lo posible para inducirnos a inculpar a Danny por lo sucedido, pero a medida que la trama se desenvuelve comenzamos a entender que todos los integrantes del clan han jugado —por acción u omisión— papeles decisivos para que aquello pasara. Hemos llegado, por consiguiente, al punto central de Bloodline que es la profunda reflexión que nos ofrece sobre el agobio de la culpa. La obra constituye una ventana hacia las terribles cargas personales que debemos sobrellevar en nuestras vidas. En este sentido, otro de los aciertos del relato consiste en tomarse el tiempo necesario para insinuar que esta vez las cosas en efecto pueden cambiar, que Danny conseguirá asentarse, que su familia lo aceptará, que todos podrán dejar el pasado atrás; en fin, que habrá redención para cada uno de ellos. Sin embargo para bien de los espectadores la serie evita caer en lugares comunes, escapa a las resoluciones simples y, al mejor estilo de las dramaturgias clásicas, acaba por exhibir un derrotero que empieza mal y termina peor.

    Pocas cosas pueden reprochársele a Bloodline. Quizás cierta lentitud en algunos pasajes, con excesivas repeticiones de flashbacks similares; o cierto perfil naif de determinados personajes como por ejemplo Sally, la madre. No obstante el saldo es ampliamente positivo puesto que son muchas más sus virtudes, a las que también se agregan la impecable fotografía de los plácidos archipiélagos y la excelsa apertura que exhibe el horizonte tropical filmado en time lapse. En épocas de recambio televisivo, donde una generación de clásicos consagrados como Breaking Bad o Mad Men han entregado sus últimos suspiros, Bloodline se ubica como una de las tantas promesas capaces de relevarles la posta. Habrá que ver si en la segunda temporada Kessler y compañía serán capaces de reafirmar lo hecho durante la primera, pero hasta el momento esta muy buena tanda inicial se ubica como uno de los estrenos destacados del año. | |


    Nicolás Woszezenczuk
    © Revista EAM / Buenos Aires



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