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    Entrevista | Christoph Hochhäusler

    Christoph Hochhäusler

    Si hace unos días hablábamos con Lilith Stangenberg, la actriz de la película inaugural del 17º Festival de Cine Alemán de Madrid, hoy lo hacemos con el culpable de su salto a la pantalla grande: Christoph Hochhäusler, ensayista cinematográfico a la par que realizador de cuatro largometrajes hasta la fecha. Nacido en Múnich, se considera un superviviente de la Escuela de Berlín que ha volado con alas propias. Con burlesco humor, excesiva concisión y cierta condescendencia, el cineasta responde a nuestras preguntas tras la proyección de Las mentiras de los vencedores.


    Buenos días, ¿es tu primera vez en este festival?

    Sí, aunque quizá alguna de mis películas haya participado con anterioridad en él. No estoy seguro.

    ¿Cómo te sentiste al saber que tu película es la inaugural de este importante certamen?

    Honrado, claro [risas].

    ¿Qué piensas de la situación del cine alemán? ¿Es mejor que la de los países colindantes? ¿Hay esperanza?

    Por supuesto que hay esperanza, ¡si no yo no podría estar haciendo películas! Pero tampoco es un tiempo glorioso precisamente. Actualmente, el cine alemán ofrece obras de todo tipo, pero su diversificación le impide poseer un corazón fuerte, un claro sentido o incluso movimiento, que realmente afecte a la gente. Siento que en este momento tenemos un cine comercial raramente interesante y un cine de autor más atrevido que nadie ve. No es una buena situación.

    ¿Es difícil encontrar el término medio entre los dos tipos de cine?

    Desde luego.

    Y supongo que alcanzarlo es una de tus metas…

    Por supuesto.

    Durante la rueda de prensa posterior a la premiere has comentado que llevabas años queriendo tratar el periodismo en una película, pero ¿por qué este tema en concreto?

    Precisamente otro periodista acaba de comentarme que cree que todas mis películas tratan la manipulación. Y eso es cierto, de hecho [risas], pero es sólo uno de los temas que he intentado abordar. De todos modos, supongo que como contador de historias estoy interesado en otros contadores de historias.

    Dices que hay muchos temas en Las mentiras de los vencedores, pero ¿cuál sería el principal?

    Cómo se conforma la opinión pública.

    Por curiosidad: ¿por qué llamaste Kimba al león del filme? ¿Tiene alguna relación con el personaje animado japonés al que supuestamente calcó el Simba de Disney?

    Si soy sincero, no conocía la historia, pero supongo que vuelve el nombre muy apropiado [risas]. En realidad sólo lo llamé así porque los nombres de los leones de los zoos alemanes siempre suenan igual, con supuesto estilo africano.

    Siguiendo con el simbolismo, no he podido evitar fijarme en que el protagonista de Las mentiras de los vencedores está constantemente desnudo. ¿Pretendías contar algo con ello?

    Bueno, la gente suele estar desnuda tras la ducha [risas]. No hay otro motivo.

    ¿Básicamente lo querías desnudo?

    No, simplemente yo estaría desnudo en las situaciones en que él lo está. ¿Tú no?

    Bueno, no necesariamente. En la mayoría de las escenas no lo veo imprescindible, pero entiendo que ayude a empatizar con el personaje.

    Bueno, por supuesto el filme entero trata la fragilidad del protagonista: al final es casi un chico, no hay nada que lo proteja. De hecho, la chaqueta que lleva parece una armadura de caballero. Así que supongo que sí hay relación entre la desnudez y la vulnerabilidad. Al final todo el filme trata de ello. Y Florian ha hecho un gran trabajo al respecto.

    Hablando de Florian David Fitz, él y Lilith Stangenberg vienen de contextos opuestos, algo que ella encontró muy interesante. ¿Cuál es tu opinión al respecto? ¿Hubo conflicto interpretativo?

    Sí, claro que lo hubo. Y yo los esperaba. Sin duda son dos intérpretes muy diferentes. Ella es una actriz de teatro, una snob artística, mientras que él es todo lo contrario, un actor acostumbrado al éxito comercial gracias a sus populares comedias. Quería que tuvieran una relación amorosa fuera de lo común, proveniente de una fricción que lleva al calor y el sexo pero no a una historia convencional.

    ¿Dirías que los dirigiste de forma distinta?

    Sí, porque ellos pedían una dirección distinta. Florian es muy profesional, siempre facilita las cosas con su técnica. Lilith es más introvertida y requiere una intelectual conversación.

    Podríamos hablar entonces del clasicismo frente a la Escuela del Método. Pero, en general, ¿los diriges mucho o les das libertad?

    Siempre doy libertad a mis intérpretes porque no quiero ver lo que yo he escrito: quiero ver más. Por supuesto tienen un texto que seguir, pero pueden hacer lo que quieran a partir de él.

    Y tú mismo, ¿has tenido algún referente al realizar esta película?

    Claro. Hay muchas películas y realizadores que podría mencionar, pero, sin duda pensamos mucho en Todos los hombres del presidente, de Alan J. Pakula, durante el rodaje. Pero no por ello es él precisamente mi ‘padrino’.

    ¿Y quién lo es?

    Muchos, en realidad. Si tuviera que quedarme con cinco, citaría a Lubitsch, Lang, Visconti, Hitchcock y Ophüls.

    ¿Simplemente te gustan particularmente o tratas de emularlos?

    Jamás he intentado emular a nadie. Los adoro, pero yo siempre intento ser, sencillamente, yo mismo.


    Entrevista: Juan Roures.
    Imagen: Festival de Cine Alemán de Madrid.


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