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    Crítica | Who am I – No system is safe

    Who am I – No system is safe

    Cyberactivismo de doble fondo

    crítica a Who am I – No system is safe (Who Am I - Kein System ist sicher, Baran bo Odar, 2014).

    El mundo en el que vivimos tiene poco de analógico. Está dominado por lo digital. Las redes de información están por doquier. Ahí hacemos transacciones financieras, nos comunicamos, nos mostramos. Todo está en todas partes y en ningún sitio. En esa esfera virtual convergen tantas cosas que lo real pierde su connotación física. De historias que parece que son y luego no lo son. Del mundo digital y sus riesgos. De eso va Who Am I - No System Is Safe (2014) del suizo Baran bo Odar; cuya opera prima fue el Silencio de hielo (2010), que tuvo un tibio recibimiento en nuestro país. Su última obra se estrenó en septiembre de 2014 en Alemania con una gran acogida por parte del público. Producción germana pero de corte hollywoodiense protagonizada por Benjamin, un friki capaz de saltarse los más avanzados sistemas de seguridad que se une a un grupo de hackers con los que se inicia en el activismo informático con gamberradas 2.0. Una película de tres niveles (desiguales), el del mero entretenimiento, el político (superficial) y la parte, más débil, de un veinteañero buscando su identidad. Un thriller informático, subgénero que tuvo su pistoletazo mediático hace algo más de tres décadas con Juegos de Guerra (1983). Sin embargo Who Am I - No System Is Safe parece ser más heredera, en el concepto, de aquella horterada noventera, protagonizada por Angelina Jolie, llamada Hackers (1995). Eso sí, con un sentido del gusto y del ritmo mucho más dignos. Asimismo parece llegar en un buen momento: el modus operandi de sus protagonistas y de los grupos de hackers cyberactivistas recuerda al universo Anonymous tan en boga. La ausencia de fronteras, su germinación en la Red, con las “inercias propias de Internet” están reflejadas en el filme.

    El realizador helvético utiliza todas las artimañas audiovisuales –como una banda sonora y un montaje muy resultones (haciendo gala de su etapa como publicista), así como una fotografía bastante cuidada– para lograr el objetivo: entretener al espectador a base de giros de guion, hasta alcanzar el clímax con un final asombroso y engañoso a partes iguales. En todo caso, armonioso con la cinta. Basado en una sucesión de sorpresas casi inverosímiles, aprovechando que vivimos en una época de constante “conspiranoia”. Llevando al límite la confianza del público —¿cómo lo consigue? se preguntará éste—, con un ritmo por momentos vertiginoso, dinámico. Resolviendo con maestría y estética cyber punk el anodino mundo de los foros ocultos de hackers. Como si fuesen encapuchados con máscaras en vagones de metro, así retrata el director sus lugares para chatear en la Red. El guion, coescrito con su esposa –Jantje Friese–, tan trabajado como tramposo, plagado de matices, aristas, falsos fondos y engaños pirotécnicos consigue dejar un placer efímero. Con tanta habilidad narrativa como tópicos en su haber: la historia de amor, el marginado inteligente, el nerd, el ligón con afán de protagonismo, la investigadora policial obsesionada con el caso… Se puede ver, salvando las distancias, como si fuese escrita por el Fincher de The Game (1997) y filmada por el Soderbergh de la saga Ocean’s. Una vez evaporados los efluvios del espectáculo y los ingredientes del “éxito” ya no queda nada. Atrás deja hora y media de distracción y esparcimiento. Que no es poco en una aciaga tarde de domingo.

    Who am I – No system is safe

    «El producto final es bueno. Consigue divertir, no hay mácula alguna en su estética, y las soluciones ofrecidas por la puesta en escena son brillantes».


    A pesar de los tres niveles citados en el primer párrafo, lo cierto es que Who Am I - No System Is Safe está hecha sin demasiadas pretensiones. Los intentos de dotar de profundidad dramática al thriller si bien son comprensibles, no responden a las necesidades imprescindibles de la trama. Al menos no la mayoría. La prueba es que funciona mejor cuando se decanta por el frenetismo vertiginoso, que cuando se detiene a compadecerse por el pobre Benjamin. El nivel político es algo secundario pero puede servir como punto de partida para una reflexión mayor. En la línea de los límites de la libertad en la Red o el fenómeno del cyber activismo, aunque de difícil ensasillamiento ideológico, donde abundan las posturas anarquistas. Es verdad, como decíamos, que abundan los lugares comunes, una manufactura destinada al gran público y cierta autocomplacencia. Pero no es menos cierto que el producto final es bueno. Consigue divertir, no hay mácula alguna en su estética, y las soluciones ofrecidas por la puesta en escena son brillantes. En el apartado interpretativo –a pesar de parecer personajes poliédricos cuando uno rasca se da cuenta que es más un juego de espejos– los actores están realmente bien. Principalmente el protagonista, encarnado por Tom Schilling (Oh Boy, 2012); y su embaucador amigo Elyas M’Barek. Ambos forman un tándem con química, que habla muy bien de las nuevas generaciones de actores del cine alemán. En relación a sus ambiciones Who Am I - No System Is Safe es un trabajo competente; consigue ser lo que se propone. Cine palomitero bien hecho, aportando a la ecuación el aroma europeo. | ★★★ |

    Andrés Tallón Castro
    Redacción Madrid


    Ficha técnica
    Alemania, 2014. Título original: Who Am I - Kein System ist sicher. Dirección: Baran bo Odar. Guion: antje Friese, Baran bo Odar. Productoras: Wiedemann & Berg Filmproduktion / Seven Pictures / Deutsche Columbia Pictures Film Produktion. Fotografía: Nikolaus Summerer. Música: Michael Kamm. Intérpretes: Tom Schilling, Elyas M'Barek, Wotan Wilke Möhring, Antoine Monot Jr., Hannah Herzsprung, Stephan Kampwirth, Trine Dyrholm, Leopold Hornung, Katharina Matz, Leonard Carow, Arndt Schwering-Sohnrey.


    Póster: Who am I – No system is safe
    El fulgor efímero

    1 comentarios:

    1. Muy buen artículo y muy fan de las películas clásicas mudas con ese toque moderno, y no lo digo en broma: creo que es uno de los mejores métodos de reavivar el interés por películas que, a pesar de convertirse en puros iconos culturales para unos, a los que no sean tan cinéfilos les puede parecer algo ya aburrido y sin gracia "porque simplemente no es de esta época ya". Disfruté hace tiempo de la proyección de "Juana de Arco" de Dreyer con la famosa banda sonora que le dedicó un famoso grupo de música post-rock en una puesta al aire libre, y creo simplemente que esas nuevas "apuestas" pueden hacer a uno llegar a lo que esas películas querían reflejar, simplemente cambiando los violines que ponían la piel de gallina en la época por algo que también haga lo mismo...pero hoy en día. Perdónenme los puristas del arte (creo que el mismo debate existe con, por ejemplo, la escenografía en ópera y teatro), pero creo que mezclar estilos no hace más que agrandar el género en el que se juegue.

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