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    Crítica | Tu dors Nicole

    Tu dors Nicole

    El verano de nunca acabar

    crítica de Tu dors Nicole (Stéphane Lafleur, 2014).

    Si en su día Aristóteles definía la felicidad en sentido contemplativo, en la sociedad actual, en la que el estrés es la nueva enfermedad viral, los logros se miden en términos de productividad y las agendas y los correos guían nuestra cotidianeidad, parece bastante difícil que seamos felices. Hay, ciertamente, numerosas herramientas que nos proporcionan placer e ilusión, pero la felicidad, tal como la definieron los griegos y varios filósofos posteriores, sería cuanto menos inalcanzable. Curiosamente, también parecen infelices los que no tienen con qué ocuparse, entrando en una dinámica contraria a la más habitual, pues las actividades de ocio y recreo tampoco les interesan. Falta por así decir cierto espiritualismo que permita trascender la realidad que nos rodea y conocernos mejor a nosotros mismos. Algunas películas han intentado reflejar este vacío existencial propio de una clase de privilegiados a los que no angustia el paro ni acosan las deudas, sino el rumbo que ha tomado su vida o precisamente la falta de destino de la misma. Sofia Coppola se ha especializado en este particular subgénero, del que serían buena muestra Somewhere (2010) o The Bling Ring (2013). Ambas se enmarcan para mayor concreción en la trastienda hollywoodiense, en que los mayores conflictos suelen giran en torno a la mera comparación entre egos. Otra manera de abordar esta problemática, más alejada del glamour y el colorido, es sin embargo la que plantea Stéphane Lafleur en Tu dors Nicole, presentada el año pasado en la Quincena de los Realizadores del Festival de Cannes.

    La misma supone la tercera incursión en la dirección de un largometraje de Lafleur, aunque quizá sea más conocida su labor a cargo del departamento de montaje, en el que ha trabajado entre otras películas en la nominada al Óscar Profesor Lazhar (Philippe Falardeau, 2011). En este sentido, se aprecia su acercamiento a la narrativa sobre todo desde el punto de vista visual, empleando en este caso una fotografía en blanco y negro, y una planificación muy marcada para contarnos la historia de la joven Nicole (Julianne Côté). Ésta se ha quedado en la casa de sus padres, que presumiblemente se han ido de viaje, para pasar el verano junto a su mejor amiga, Véronique (Catherine St-Laurent); y su hermano Rémi (Marc-André Grondin), que aprovecha el espacio del hogar y la ausencia de sus progenitores para grabar canciones de rock con dos compañeros. Todo ello transcurre en un apacible barrio residencial canadiense, un marco idóneo para adelantar esa supuesta falta de tensión que de alguna manera tiene que sortear el drama para interesarnos. Realmente lo que le pasa a Nicole es que no sabe cómo enfocar sus vacaciones. Tiene un trabajo a tiempo parcial en una tienda de ropa, y al margen de los pocos quehaceres que le han encargado sus padres, no tiene obligaciones ni obstáculos que le impidan disfrutar del tiempo libre. Pero lo que hace es rellenarlo con paseos a ninguna parte y pasatiempos anodinos, esforzándose todo lo más a planificar un viaje a Islandia que sospechamos que no llegará a producirse.

    Tu dors Nicole

    «Hay muchos elementos con los que cabe identificarse, en una narrativa que al fin y al cabo lo que persigue es hacernos partícipes de esa felicidad contemplativa que sus personajes buscan en la vida y que nosotros alcanzamos durante hora y media».


    Con todo, lo que podría desembocar en un relato superficial y olvidable se torna llamativo y memorable precisamente porque la mayoría de las acciones se centran en lo que en el cine suele despacharse con transiciones o elipsis, y pese a ello logran aportar gran significado y relevancia, de forma que casi nunca son gratuitas. Destacan al respecto numerosos momentos en apariencia anodinos y en el fondo simbólicos, como cuando Nicole se hunde literalmente en una cama, cuando ella y su amiga caminan con su bicicleta una siguiendo a la otra sin saber que lo hacen, o cuando la primera intenta resolver su insomnio subiendo al coche de un vecino que está dando vueltas por el barrio para conseguir que su bebé se duerma. Esta última escena revela el alto componente poético de una cinta que pretende encontrar cierta belleza en su falta de dirección manifiesta. Frente a ello adquieren importancia los detalles, que combinan con gran acierto el humor y la ternura, como ese personaje del niño cuya voz ha madurado prematuramente, convirtiendo lo inverosímil en personal. Y a su vez cobran protagonismo, en lugar de esa trayectoria clara, las miradas y los silencios, acompañados eso sí de una banda sonora igualmente protagonista por las mencionados acordes en directo que toca el grupo de Rémi, junto al uso ocasional de una estimulante música extradiegética.

    Pues bien, en un solo plano confluyen la mayoría de estos aspectos, resumiendo así en una toma casi toda la historia, con una capacidad sintética que demuestra el cuidado con que aquella ha sido planificada y a la vez contrasta con su carácter dilatado. Hablamos de una escena hacia la mitad del metraje que comienza con Véronique sola en el salón de la casa tomando un helado, hasta que la cámara la pierde con una lenta panorámica, antes de entrar ella nuevamente en campo para dirigir la cámara con su mirada hacia el grupo de músicos, y progresivamente el plano se va cerrando para mostrar a través de la ventana a Nicole sola en el jardín, pasando el cortacésped. Es un plano también significativo porque adelanta mediante dichas miradas y silencios un conflicto ya más visible, que se resolverá sucintamente en el último acto de nuevo mediante uno o dos planos representativos. Ello aporta a la trama una base más solida, siquiera mínima, para que la misma discurra en paralelo por esos dos niveles que podríamos calificar de etéreo y material. Este último, como hemos adelantado, está intencionadamente desdibujado, aunque tal propósito no descarta del todo la crítica, pues si nuestro principal asidero debería ser el comportamiento y pensamiento de la protagonista, sus dudas y recelos la vuelven un tanto antipática. Hay en cualquier caso muchos elementos con los que cabe identificarse, en una narrativa que al fin y al cabo lo que persigue es hacernos partícipes de esa felicidad contemplativa que sus personajes buscan en la vida y que nosotros alcanzamos durante hora y media. | ★★★★ |

    Ignacio Navarro
    Redacción Madrid


    Ficha técnica
    Canadá, 2014, Tu dors Nicole. Dirección: Stéphane Lafleur. Guion: Stéphane Lafleur. Producción: micro_scope. Fotografía: Sara Mishara. Montaje: Sophie Leblond. Intérpretes: Julianne Côté, Catherine St-Laurent, Marc-André Grondin, Francis La Haye, Simon Larouche. Presentación: Festival de Cannes 2014.


    Póster: Tu dors Nicole
    El jardín

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