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    Crítica | Jurassic World

    Jurassic World

    Regreso a la isla Nublar

    crítica de Jurassic World (Colin Trevorrow, 2015).

    1993 fue, sin lugar a dudas, el mejor año para Steven Spielberg a nivel artístico. Con su obra maestra La lista de Schindler consiguió, al fin, el reconocimiento de una Academia de Hollywood que hasta ese momento se había mostrado reacia a premiarle, obteniendo siete Oscars —incluidos los de mejor película y director—, al mismo tiempo que facturaba con Jurassic Park el que podría considerarse el blockbuster veraniego perfecto. Con aquella espectacular aventura, además de llevarse otras tres estatuillas técnicas en la misma edición, consiguió recaudar casi mil millones de dólares en todo el mundo, convirtiéndose en el título más taquillero de la historia hasta la llegada de James Cameron y su Titanic (1997). La novela de Michael Crichton, número uno en ventas como era habitual en él, fue adaptada a la gran pantalla con gran majestuosidad, unos efectos visuales de última generación capaces de resucitar a los extintos dinosaurios en todo su esplendor y, sobre todo, unos personajes carismáticos que, notablemente interpretados por Sam Neill, Laura Dern, Jeff Goldblum y Richard Attenborough, consiguieron conquistar los corazones de millones de espectadores, fascinados como pocas veces ante una fantasía de semejantes dimensiones, injustamente recibida en su momento como un trabajo menor y alimenticio del Rey Midas de Hollywood.

    La historia del caprichoso multimillonario John Hammond empeñado en convertir la isla Nublar, cercana a Costa Rica, en un parque temático habitado por aquellos grandes animales devueltos a la vida, 231 millones de años después de su desaparición de la faz de la Tierra, mediante la clonación, con los consiguientes peligros que conlleva jugar a ser Dios, se reveló como una gallina de los huevos de oro que los grandes estudios no podían dejar de explotar. Spielberg se volvió a sentar en la silla del director de la primera secuela, El mundo perdido: Jurassic Park (1997), que, aun teniendo bastantes destellos de su genio en escenas tan logradas como la del camión al borde del acantilado o el ataque del T-Rex a la ciudad de San Diego —suerte de homenaje a las películas de King Kong—, no consiguió alcanzar la maestría y el equilibrio de todos sus ingredientes de la primera cinta. Mucho peor considerada fue Jurassic Park 3 (2001), con Spielberg cediendo su puesto en la dirección al más artesano y funcional Joe Johnston, que entregó un capítulo tan distraído como desganado y perfectamente olvidable —salvo alguna escena suelta como la de la pajarera gigante—, claramente diseñado para reventar taquillas con la ley del mínimo esfuerzo y sin el brillo de antaño. Desde entonces, 14 años hemos tenido que esperar los fans de los dinosarios de Spielberg a que se decidieran a relanzar la franquicia de la manera que se merece, por todo lo alto y «sin reparar en gastos», como diría el añorado Hammond. La trilogía al completo había funcionado muy bien comercialmente, así que la cuarta entrega, Jurassic World, no ha encontrado demasiadas objeciones para obtener los 190 millones de dólares (el triple que la primera parte) que ha costado levantar el proyecto. Ante la duda de si ha valido la pena tan larga espera y el nuevo episodio está a la altura de las circunstancias, la respuesta es un rotundo sí.

    Jurassic World

    Chris Pratt recoge el testigo del paleontólogo Alan Grant para ejercer de perfecto héroe aventurero en el papel de un ex-militar cuidador de velociraptores.


    Colin Trevorrow, director cuyo única experiencia anterior había sido Seguridad no garantizada (2011), una curiosa comedia sobre viajes en el tiempo que gustó mucho en los circuitos indies, es el hombre elegido para tratar de recuperar buena parte del espíritu de la primera película y no morir en el intento de manejar semejante presupuesto. Trevorrow se ocupa también de un guion que arranca 22 años después de los acontecimientos de la primera película, haciendo continuas referencias a ella y omitiendo, de manera deliberada, lo sucedido en las dos anteriores secuelas. Al fin, la utopía ideada por Hammond se ha convertido en una realidad y la isla Nublar es ahora el deseado parque temático Jurassic World, visitado diariamente por miles de personas que disfrutan de su amplia gama de dóciles dinosaurios creados genéticamente. Una vez más, las ambiciones del ser humano son las que desencadenan la pesadilla cuando, en un intento de aumentar el número de visitas a las instalaciones, los científicos crean un nuevo híbrido llamado Indominus Rex, más grande, más fiero y con más dientes que el temible T-Rex. El resto, no es difícil de adivinar, sobre todo si se han visto los filmes anteriores. Chris Pratt, convertido en el nuevo chico mimado del cine de acción tras el bombazo de Guardianes de la galaxia (James Gunn, 2014), recoge el testigo del paleontólogo Alan Grant interpretado por Sam Neill anteriormente para ejercer de perfecto héroe aventurero en el papel de un ex-militar cuidador de velociraptores que tendrá que lidiar con la situación de peligro que estalla en la isla, al mismo tiempo que desarrolla una típica trama de tensión sexual no resuelta con la guapa jefa de operaciones del parque a la que da vida una espléndida Bryce Dallas Howard. Los caracteres diametralmente opuestos de ambos —impulsivo y enamorado de los animales con los que trabaja, él; ambiciosa, cerebral y carente de empatía, ella— son la base de un romance que parece beber de aquellas comedias románticas del cine americano de los 30 y 40, y que logra sus mejores momentos desde el momento en que Bryce se remanga el vestido y deja los prejuicios a un lado para convertirse en toda una action woman capaz de eclipsar a Pratt. El protagonismo de los niños en esta entrega es mayor que en los capítulos anteriores—los dos hermanos encarnados por Nick Robinson y Ty Simkins copan el mayor número de escenas—, pero, afortunadamente, éstos no resultan tan cargantes como los de Ariana Richards y, sobre todo, Joseph Mazzello, en Jurassic Park.

    Jurassic World

    Trevorrow se las ha ingeniado para entregar una superproducción que, por encima de sus sofisticados efectos especiales, supone una sincera carta de amor hacia Jurassic Park, a la que rinde homenaje en muchos momentos y una saludable apuesta por un modo de rodar los momentos de acción mucho más clásico y sustentado en el suspense de lo habitual.


    Desde el momento en que los pequeños se embarcan en el ferry que les lleva a la isla Nublar a pasar un fin de semana “inolvidable” junto a su tía, los pronósticos no pueden ser más alentadores. La potente música de Michael Giacchino resucita la mítica partitura de John Williams para la primera película y, al oírla, el espectador no puede evitar sentir que ha vuelto a casa, aunque ésta tenga el aspecto, algo diferente, de imponente proyecto acabado, lleno de lujosos hoteles, centros comerciales y criaturas prehistóricas de todo tipo al alcance de las familias que los visitan. Todo en Jurassic World es más grande: los escenarios, los dinosaurios —mención especial para el gigante Mosasaurio, mezcla de ballena y cocodrilo capaz de devorar de un solo bocado a un tiburón blanco— e, inesperadamente, también la violencia. En este aspecto,la cinta muestra las escabechinas de los monstruos de manera mucho más brutal y sin concesiones que sus precedentes. A la película le cuesta un poco arrancar, tomándose su tiempo en la presentación de los personajes y sus conflictos laborales y familiares, siendo éstos últimos los más previsibles y con un sentimentalismo muy Amblin que, a ratos, remite al Spielberg más almibarado —de hecho, al igual que la fantástica Super 8 (J.J. Abrams, 2011), Jurassic World ofrece un notable ejercicio de mímesis con la obra del maestro, a la que copia con tal esmero que parece que sea el mismo Spielberg quien ha rodado algunas de sus escenas más conseguidas—.

    Afortunadamente, una vez que el Indominus escapa de su cautividad y comienza a desatar la tragedia en el parque, el filme se convierte en una auténtica montaña rusa donde más que acción incesante y sin sentido, tenemos, en la mejor linea de la inaugural Jurassic Park, un conjunto de brillantes set pieces estratégicamente dosificadas para el recuerdo. Así, la bandada de aves prehistóricas, excelentemente coreografiada; el pasaje de los chavales en el vehículo esférico o el espectacular duelo de machos alfa de la familia de los saurios merecen figurar, por méritos propios, como algunas de las escenas más virtuosas del cine fantástico de este 2015. Jurassic World tenía una papeleta difícil que resolver. Siendo la cuarta entrega de la serie, el factor sorpresa se había perdido completamente y los dinosaurios en pantalla ya no tienen el mismo impacto que hace 22 años. Sin embargo, Trevorrow se las ha ingeniado para entregar una superproducción que, por encima de sus sofisticados efectos especiales, supone una sincera carta de amor hacia el trabajo de Spielberg, al que rinde homenaje en muchos momentos —esa camiseta con el logo del primer parque de Hammond que sirve de base a uno de los gags más divertidos—, y una saludable apuesta por un modo de rodar los momentos de acción mucho más clásico y sustentado en el suspense de lo habitual. Divertida, emotiva y con un claro mensaje antibelicista y de respeto mutuo entre humanos y otros animales, Jurassic World se convierte instantáneamente en la mejor de las continuaciones de Jurassic Park, así como en un prometedor reinicio de franquicia a la altura de otros de los últimos años tan excelentes como Star Trek (J.J. Abrams, 2009), El origen del planeta de los simios (Rupert Wyatt, 2011) o la reciente Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015). | |

    José Antonio Martín
    Redacción Las Palmas de Gran Canaria


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2015. Título original: Jurassic World. Director: Colin Trevorrow. Guión: Colin Trevorrow, Rick Jaffa, Amanda Silver, Mark Protosevich (Personajes: Michael Crichton. Productores: Patrick Crowley, Frank Marshall, Steven Spielberg. Productoras: Amblim Entertainment / Universal Pictures. Fotografía: John Schwartzman. Música: Michael Giacchino. Vestuario: April Ferry, Daniel Orlandi. Montaje: Kevin Stitt. Dirección artística: Page Buckner, Nick Crocco, Caty Maxey, Doug J. Merrdink, Christa Munro, David Scott. Reparto: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Nick Robinson, Ty Simpkins, Vincent D´Onofrio, Irrfan Khan, Omar Sy, Jake Johnson, Lauren Lapkus, Judy Greer, BD Wong.


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