Introduce tu búsqueda

  • In sanguis veritas.
    The neon demon, de Nicolas Winding Refn.

    ¿Cuántos poetas se necesitan para elogiar a una ciudad?
    Paterson, de Jim Jarmusch.

    El castigo de Hedoné.
    La doncella, de Park Chan-wook.

    Especial Oscar Race 2017.

    Epicedio appassionato.
    Solo el fin del mundo, de Xavier Dolan.

    Crítica | El abrazo de la serpiente

    El abrazo de la serpiente

    Las venas abiertas de América Latina

    crítica a El abrazo de la serpiente (Ciro Guerra, 2015).

    Seres hostiles e irracionales, así fue como los colonizadores definieron a los aborígenes que poblaban las inmediaciones del río Amazonas antes de que se vieran obligados a masacrarlos ya que, incomprensiblemente, estos indígenas no accedieron de buena gana a modificar sus costumbres y cultura como pretendían los recién llegados, quienes reclamaban la tierra suya y les ofrecían la posibilidad de continuar viviendo en ella sujetos a sus mínimas leyes de convivencia (posteriormente englobadas en el término esclavitud). El abrazo de la serpiente se muestra como una integrante de esa inusual y misteriosa estirpe de películas que, como algunas de las plantas medicinales y analgésicas más comunes de nuestro tiempo, han aparecido a lo largo de la historia para reivindicar que lo primigenio y lo primordial van unidos de la mano, en cualquier tipo de ámbito, y supeditados a unos resultados mucho más satisfactorios que cualquiera de los productos químicos subsecuentes y derivados. De esta manera, la nueva obra del colombiano Ciro Guerra contribuye a enriquecer un acervo cinematográfico que, en su búsqueda de lo natural y primitivo, constituye una pieza imprescindible tanto de antropología histórica, en su exploración reflexiva sobre el tránsito de lo caduco, como filmográfica, aumentando el crédito de un país al que ya le habíamos perdido la pista —cinematográficamente hablando—.

    El creciente desdén con el que las ciencias naturales están siendo tratadas levanta de nuevo el debate sobre la necesidad que tiene el primer mundo —Norteamérica principalmente— de controlar el gran mercado ejerciendo una competencia desleal basada en el descrédito de aquello que se escapa de su control o entendimiento. Empero surgen preguntas perentorias de cada acción, aparentemente desinteresada y escondida tras un puñado de eufemismos sobre las buenas intenciones, la preocupación y el respeto, que la ciencia experimental y moderna es incapaz de responder. Es por ello por lo que esta película resulta, aparte de un maravilloso ejercicio estético-reflexivo, una poderosa herramienta de protesta. Algo que puede apreciarse en la sensacional escena de la brújula; un misionero se niega a que los miembros de una tribu se queden con su instrumento magnético. Incapaz de reconocer su apego a los bienes materiales, se escuda en la falsa e hipócrita preocupación de que podría actuar como un transmisor de conocimiento negativo, destruyendo su actual sistema de orientación basado en los vientos y las estrellas. «El conocimiento pertenece a todos». Este brillante diálogo constituye un testimonio concreto y fehaciente de un largo y decadente proceso cultural. Una egoísta, totalitaria y narcisista civilización que demuestra su incapacidad para permitir el progreso de otras culturas que amenacen a la suya y desacrediten su propia artificiosidad utilitarista envasada al vacío y vendida al por mayor.

    El abrazo de la serpiente

    «Pasado y futuro se confunden gracias a la astucia de la cámara y el sensacional aprovechamiento del espacio».


    Guerra utiliza un único hilo narrativo no lineal y un exclusivo espacio físico para, mediante la introducción de dos momentos temporales diferentes, mostrar la evolución del hombre blanco en su proceso de comprensión de las tribus aborígenes de la amazonia colombiana. En su empeño de realizar este complejo estudio, el director plantea una única narración basada en el empirismo y en la descripción de registros anecdóticos y procedimentales de dos diferentes exploradores que recorrieron idénticos caminos con 20 años de diferencia. Cualquier separación entre escenas queda completamente erradicada, hecho que aporta una mayor fluidez al relato y obliga al espectador a permanecer atento a los cambios, no sólo de protagonista, ya que en ocasiones la transición es tan sutil que apenas logramos percatarnos, sino también del propio entorno y las vicisitudes que encontramos a su paso, cada vez más demacrado y explotado por el paso de la evolución y la contaminación social en un territorio profanado. La no obviedad de la película en ese sentido eleva su narración al desvanecer la línea espacio-temporal, haciendo que las dos diferentes etapas transitorias se vean unidas por hábiles trucos de cámara que juntan lugares comunes en momentos diferentes. Pasado y futuro se confunden gracias a la astucia de la cámara y el sensacional aprovechamiento del espacio. Como nexo de historias y agente estabilizador, que da orden y sentido en todo momento a las alteraciones cronológicas, encontramos a Karamakate, último superviviente de una tribu amazónica. La película se centrará en la relación de éste con dos exploradores, el biólogo alemán Theodor Koch-Grüngberg, y el estadounidense Richard Evans Schultes —ambos figuras reales en el campo de la etnología— en su intento de encontrar una planta curativa milenaria cuya efectividad depende de la conexión espiritual y el entendimiento de unos conocimientos esotéricos ancestrales.

    Desde el punto de vista de su estructura formal, el filme, tras dejar clara desde las secuencias introductorias su intencionalidad atemporal, aprovechará su potencia visual para la que, sorprendentemente, ha renunciado de manera deliberada al poder cromático de la selva en beneficio de un blanco y negro tan sugerente como acertadamente anacrónico, en su esfuerzo de representar el impacto que la invasión de la civilización tuvo sobre la totalidad de las especies —animales y vegetales— en la época precolombina. Gracias a esa perspectiva múltiple aportada por el salto temporal de 20 años, se pueden apreciar no sólo los efectos, sino también el desarrollo de la acción rememorada, desde una óptica biográfico-colectiva, en un mismo escenario. Este es el caso del recinto evangelizador en el que los españoles educaban a los niños en la moral cristiana por medio de los frailes capuchinos y que, dos décadas después, estaba invadido por congregaciones sectarias primitivistas de prácticas mesiánicas absurdas y extremistas. Sin embargo, el protagonismo en El abrazo de la serpiente está destinado por completo a Karamakate, como fiel representante de las civilizaciones sometidas al colonialismo y no, como habíamos visto anteriormente, a los propios expedicionarios ejemplificados con cierta honorabilidad por Herzog en películas como Aguirre, la cólera de Dios (Aguirre der Zorn Gottes, 1972), o Fitzcarraldo (1982). El colonizador es en la presente cinta un peligroso intruso al que le precede la terrible fama de sus antecesores, caucheros del corte de Julio César Arana del Águila, a quien se menciona indirectamente recordando la espantosa matanza de los peruanos, en alusión a los escándalos del Putumayo.

    El abrazo de la serpiente

    «El filme queda alegóricamente dividido en su vertiente histórica, la cual nos aproxima, a través de dos personajes reales a un episodio de la colonización sudamericana mediante una reconstrucción fílmica relativamente fidedigna y su vertiente aventurera, mostrando el viaje iniciático de dos investigadores que evidencian la incompatibilidad cultural y los problemas del desconocimiento y la intolerancia».


    Un notable ejercicio de estilo y experimentación en el que las prácticas misionales de las reducciones jesuíticas de Colombia quedan como un anecdótico acompañamiento dramático frente al verdadero foco de la acción; un trabajo de extensa historiografía narrativa cuya principal baza se polariza en la complementariedad de dos personajes encarnados en la misma figura —Karamakate joven y Karamakate viejo—, reviviendo un capítulo de su vida con el conocimiento y la experiencia que la primera vivencia, 20 años atrás, le proporcionó. De esta manera, el filme queda alegóricamente dividido en su vertiente histórica, la cual nos aproxima, a través de dos personajes reales —exploradores— a un episodio de la colonización sudamericana mediante una reconstrucción fílmica relativamente fidedigna, reflejando algunos rasgos de la sociedad colonial culturalmente mestiza; y su vertiente aventurera, mostrando el viaje iniciático de dos investigadores que evidencian la incompatibilidad cultural y los problemas del desconocimiento y la intolerancia. Nuevo ejemplo de la pobreza del ser humano en comparación a la riqueza del entorno natural, y la mezquindad de aquél al tratar de agotar los recursos de éste. Retrato metafórico aplicable a la época contemporánea que complementa el sensacional trabajo de Eduardo Galeano: «El subdesarrollo de América Latina proviene del desarrollo ajeno y continúa alimentándolo (…) habitamos, a lo sumo, en una sub América, una América de segunda clase, de nebulosa identificación. Es América Latina, la región de las venas abiertas». | ★★ |

    Alberto Sáez Villarino
    68ª edición del Festival de Cannes.


    Ficha técnica
    Colombia. 2015. Título original: El abrazo de la serpiente. Director: Ciro Guerra. Guion: Jacques Toulemonde, Ciro Guerra. Fotografía : David Gallego. Música: Nascuy Linares. Duración: 125 minutos. Productora: Coproducción Colombia-Venezuela-Argentina; Ciudad Lunar Producciones / Buffalo Producciones / Caracol Televisión / Dago García Producciones / MC Producciones / Nortesur Producciones. Montaje: Etienne Boussac. Intérpretes: Brionne Davis, Nilbio Torres, Antonio Bolívar, Jan Bijvoet, Nicolás Cancino, Yauenkü Migue, Luigi Sciamanna. Presentación oficial: Festival Internacional de Cannes 2015 (Ganadora Quincena de realizadores).


    El abrazo de la serpiente póster
    Feelmakers

    3 comentarios:

    1. A mi la temporada me parece muy floja, se ha convertido en un culebrón tórrido con argumentos simples y planos. Muy lejos de aquella brillante temporada 1 que apuntaba a que sería una gran serie de calidad. La temporada 2 fue muy buena pero esta tercera me ha obligado a dejar de ver la serie. La escena del trio de la temporada 2 me pareció innecesaria y en esta han vuelto a coquetear con la bisexualidad/homosexualidad de Underwood, toda esa historia morbosa chirría muchísimo.


      Desde mi punto de vista deberían haber retrasado el ascenso de Frank a la presidencia y jugar más con su estrategia para acceder a ella, era lo que molaba, verlo ansiar el poder, verlo hablar al espectador. Una vez conseguido el objetivo, la trama se centra en el matrimonio Underwood ( WTF!!??) y en historias que no interesan.
      Lo dicho, yo me bajo aquí Señor Underwood, ya me da igual tu historia y la de tu mujer, hasta siempre.

      ResponderEliminar
    2. No soy un erudito historiador, ni filósofo, ni pertenezco al mundo del audiovisual. Pero disfruté de esta película como de pocas. Si el cine son sensaciones entonces esta es una gran película.
      La Edad Media parece ser mucho más así que como nos la pintan en Lady Halcón. Y al igual que Meeks Cutoff hizo con los pioneros americanos y el Wenstern esta lo consigue con el medievo. Higienizar el mito de imágenes comerciales poco realistas para trasladarnos como una máquina del tiempo al instante que se nos narra.

      Mi consejo: Los de audiovisuales deleitense con el trabajo de este señor, magna obra en todos los sentidos. El espectador curioso, véalo como un documental de sensaciones. Así era el medievo y así se lo hemos contado.
      Absténganse cuadriculados de mente y estómagos sensibles.

      Es repugnante, húmeda como una ciénaga y huele mal. Sí. Le llevó 14 años conseguirlo, media vida soñarlo y no pudo verla terminada porque se murió antes. Pero lo consiguió. Es repugnante, húmeda como una ciénaga y huele mal. Es la Edad Media, que esperaban, playas y rubias en bikini? Brutal!

      ResponderEliminar
    3. Esta temporada tercera es pra olvidar. Han derivado en algo sin sentido.
      Si hay cuarta y es así... conmigo que no cuenten.

      ResponderEliminar

    "Sueñen. Vean cine."

    Críticas

    Classics

    • Retrospectiva de Jacques Becker

      Por José Luis Forte / «A golpe de escoplo y martillo un hombre perfora el suelo de hormigón de una celda. Cada impacto hace saltar esquirlas y polvo de cemento en una tarea que se nos antoja imposible. Hay poco tiempo, el ruido es infernal, los guardias de la prisión pueden pasar en cualquier momento y solo la casualidad de que haya obras en el edificio permite que los golpes no llamen la atención. Como un péndulo que marca los segundos con una perfección milimétrica, como gotas de agua que fueran cayendo de un grifo inagotable, la secuencia del trabajo se desarrolla maquinalmente, pero es un hombre quien incansable mantiene el hipnótico ritmo».
    • El cine de Hou Hsiao-Hsien, un espacio para habitar. Apuntes sobre The Assassin

      Por Miguel Muñoz Garnica. «Estamos en el sur de Taiwán, a principios de los años cincuenta. Un pueblecito rural de calles sin pavimentar y casas humildes donde las duchas con agua caliente se dan calentando un barreño de agua sobre una hoguera. Un grupo de niños, descalzos y vestidos de blanco, juega con peonzas en la plaza del pueblo».
    • Las 10 mejores películas de Akira Kurosawa

      Por José Luis Forte. «De nuevo el juego está en marcha, como diría nuestro adorado Sherlock Holmes: destacar las diez mejores obras de un director de cine. En esta ocasión es el gran Akira Kurosawa el elegido, quizá el autor japonés más popular y con más merecido prestigio de la lejana isla. Y otra vez nos encontramos con la habitual problemática: dejar fuera películas que deberían incluirse en la lista».

    Premios

    Festivales

    [12][Trailers][slider3top]