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    Crítica | Son of a gun

    Son of a gun

    De peones y reyes

    crítica de Son of a Gun (Julius Avery, 2014).

    Resulta tremendamente agradable y esperanzador comprobar cómo cada vez son más los títulos interesantes que nos llegan desde Australia. Obras como Las últimas horas (Zak Hilditch), The Babadook (Jennifer kent) o Mad Max: Furia en la carretera (George Miller) han contribuido, en los últimos meses, a demostrar que Hollywood está perdiendo el monopolio para ofrecer trabajos de impecable acabado formal y con elevadas aspiraciones artísticas. Desgraciadamente, no todo el monte es orégano y Son of a Gun, el debut en el largometraje de Julius Avery tras más de diez años como realizador de cortos —alguno como Jerrycan (2008) llegó a competir en Cannes—, no podría incluirse en aquel grupo de agradables sorpresas provenientes de las antípodas. Sin embargo, sería injusto no reconocerle a Avery cierto mérito y valentía a la hora de enfrentarse a una ópera prima en donde se ocupa tanto de las labores de dirección como de la escritura del guión, pese a que los resultados sean demasiado desiguales en ambas facetas.

    El primer escollo con el que se encuentra Son of a Gun es la previsibilidad de su argumento. La historia del joven ladrón de poca monta que entra por primera vez en prisión y, ante los peligros de la vida entre rejas —esos presos sedientos de carne fresca, los ajustes de cuentas en el patio—, es tomado bajo la protección de uno de los más peligrosos criminales del país, no es, precisamente, el colmo de la originalidad. Tampoco lo es la naturaleza de la relación que se establece entre maestro y pupilo, en donde se confunden continuamente la admiración y la camaradería con el temor y la desconfianza que despierta un entorno criminal en el que nadie puede permitirse el lujo de descuidarse las espaldas. De hecho, el acto del mafioso de velar por la integridad del muchacho, lejos de ser desinteresado, responde a un plan perfectamente estudiado en el que éste último deberá devolver el favor ayudando a su protector en una peligrosa fuga. Estamos, como se puede adivinar, ante la enésima trama repleta de tópicos y lugares comunes en donde el aspirante a delincuente de primera división se va consolidando, poco a poco, como mano derecha de su mentor, involucrándose en un importante robo de oro y, de paso, enamorándose de la chica que no debe. Es cierto que la película no empieza del todo mal, con unos primeros compases que tienen lugar en el interior de la prisión y muestran cómo el inexperto JR se gana la simpatía del temible Brendan Lynch gracias a su buena mano para el ajedrez —juego que se convierte, por otra parte, en una metáfora de lo que simboliza cada personaje dentro del relato, así como sus sucesivos movimientos y estrategias— Con cierto aire a la magnífica Un profeta (Jacques Audiard, 2009) —salvando mucho las distancias—, este primer tramo como drama carcelario de Son of a Gun se convierte fácilmente en lo mejor de toda la película, mostrando la difícil supervivencia en el interior de la cárcel y las alianzas que surgen entre los protagonistas. Lástima que, una vez en libertad, éstos se pierdan en medio de una función demasiado rutinaria y plana que fracasa estrepitosamente a la hora de crear un mínimo de tensión o suspense.

    Son of a gun

    «[...] Cuando el guion carece de suficientes matices, ni unos buenos actores ni unas enérgicas y competentemente rodadas escenas de acción son capaces de disimular sus carencias...»


    Uno de pocos aspectos positivos del filme radica en su estupendo trío protagonista. El cada día más pujante Brenton Thwaittes, visto en la interesante La señal (William Eubank, 2014), se desenvuelve bastante bien en el rol de JR, del mismo modo que la guapísima Alicia Vikander —fantástica en Ex Machina (Alex Garland, 2015)— logra la casi imposible misión de destacar con un personaje tan unidimensional y arquetípico como el que le ha tocado en gracia, el de chica de mala vida que encuentra una oportunidad para redimirse por amor. Pero el principal gancho de la película (y máximo placer dentro del apartado interpretativo) reside el trabajo de Ewan McGregor como criminal sin escrúpulos, en un bienvenido cambio radical de registro similar al que realizó (en un tono más humorístico) Jude Law en la también fallida Dom Hemingway (Richard Shepard, 2013). De todas maneras, cuando el guión carece de suficientes matices, ni unos buenos actores ni unas enérgicas y competentemente rodadas escenas de acción (sobre todo una vibrante persecución automovilística) son capaces de disimular sus carencias. Si Son of a Gun no llega a ser un rotundo fracaso artístico es gracias a que el Julius Avery director consigue enmendar, de algún modo, la plana del Julius Avery guionista. Visualmente, ayudado por el elegante trabajo de fotografía de Nigel Bluck, el filme no está nada mal. También es verdad que, pese a la linealidad de la historia, la superficialidad con la que está tratada la relación entre JR y Lynch y lo inane de su subtrama romántica, el filme puede funcionar como entretenimiento poco exigente que, en su tramo final, se permite algún que otro giro argumental simpático aunque no tan sorprendente como pudiera pretender, ya que, cualquier consumidor habitual de este tipo de propuestas es capaz de adivinar el final desde el minuto uno. | |

    José Antonio Martín
    Redacción Las Palmas de Gran Canaria


    Ficha técnica
    Australia. 2014. Título original: Son of a Gun. Director: Julius Avery. Guión: Julius Avery. Productores: Timothy White, Janelle Landers. Productoras: Bridle Path Films / WBMC / Media House Capital / Southern Light Films / Altitude Film Entertainment. Fotografía: Nigel Bluck. Música: Elliott Wheeler. Vestuario: Terri Lamera. Montaje: Jack Hutchings. Dirección artística: Sophie Nash. Reparto: Brenton Thwaites, Ewan McGregor, Alicia Vikander, Matt Nable, Damon Herriman, Nash Edgerton.


    Póster: Son of a gun
    Godard

    1 comentarios:

    1. No he visto la película en cuestión, pero la serie es reaccionaria: es bueno que el gobierno nos espíe porque la Red está llena de locos peligrosos. Repugnante.

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