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    Crítica | 52 martes

    52 Tuesdays

    En busca de la identidad

    crítica a 52 martes (52 Tuesdays, Sophie Hyde, 2014).

    Un año, 52 semanas, 52 martes. Muchos son los acontecimientos que tienen lugar durante ese tiempo. Y, tomando un solo día de cada semana, obtenemos innumerables momentos, tan cruciales como inconexos, que vuelven palpable la eterna sensación cambiante de la existencia. Esa es la base de 52 martes, ópera prima de la australiana Sophie Hyde, quien firma el guion junto a Matthew Cormack. Este pequeño filme independiente plantea una doble fase de autodescubrimiento y búsqueda de la identidad a través de las figuras de una adolescente y su madre, poco a poco convertida en su nuevo padre. Y es que Jane (o James, como se hace llamar ahora) está inmerso en un proceso de cambio de sexo que lo convertirá —físicamente— en el hombre que siempre ha sentido ser. A su vez, su hija, Billie, está experimentando con la vida y la sexualidad, condicionada, tanto por la decisión de su madre/padre, como por las habituales dificultades de la adolescencia.

    Aunque la transexualidad femenina se ha ganado un lugar en el cine moderno a través de la comedia y el melodrama —desde La ley del deseo (1987) hasta la recién estrenada Una nueva amiga (2014) pasando por Las aventuras de Priscilla, reina del desierto (1993), Mi vida en rosa (1997) y Transamérica (2005)—, la masculina siempre ha abogado por un realismo más crudo que la ha alejado del cine comercial. Dramas como Boys don’t cry (1999), Romeos (2011) o Tomboy (2011) han reflejado, desde puntos de vista muy diferentes, las dificultades sociales atravesadas por los hombres atrapados en cuerpos de mujeres. Pero 52 martes da un paso más allá: el problema ya no es la aceptación de la transexualidad, sino la crisis de identidad sufrida, tanto por la propia persona, como por sus seres queridos. Aunque el viaje interior de James es inevitablemente disruptivo para él y quienes lo rodean, la cinta consigue plantear una realidad tan actual y a la vez tan desconocida como es la reasignación de sexo sin emitir juicios de valor, dejando que sea el espectador quien se forje su opinión, mas haciendo hincapié en el poder del ser humano de decidir con respecto a su propio cuerpo (y su propia vida).

    52 Tuesdays

    Tilda Cobhan-Hervey y Del Herbert-Jane debutan en la gran pantalla como Billie y James, respectivamente, y ofrecen interpretaciones conmovedoramente sinceras, sin duda ayudados por el esquema de rodaje del filme, que siguió la estructura cronológica plasmada en pantalla. Es decir, 52 días de rodaje, durante los 52 martes de un año. Este inusual método —que recuerda (salvando las distancias, por supuesto), a la extraordinaria gestación de Boyhood (2014) por Richard Linklater durante doce años—, es clave del realismo alcanzado a la hora de plasmar las pequeñas alteraciones cotidianas. De hecho, la inclusión de imágenes puntuales de icebergs resquebrajados, líos bursátiles, la Primavera Árabe y otras efemérides resulta innecesaria, aunque útil como recordatorio de cuánto sucede en una anualidad mientras cada persona evita traspasar los límites de su propio camino. El motivo de que la trama sólo avance los martes por la tarde es que ese es el único momento que James y su hija tienen para ponerse al día de sus vivencias. Así lo ha decidido él con intención de mantenerla al margen del duro paso que está dando. Pero ese no es el único motivo: James necesita disfrutar de la libertad que la etiqueta de ‘madre’ le ha impedido tener con anterioridad y, además, precisa simplificar su vida en un momento en que todo resulta demasiado complicado. Tal decisión resulta ligeramente forzada, pero, una vez aceptada, la historia fluye con total credibilidad. Así, el martes se convierte en el símbolo del paso del tiempo; porque, cada martes, una semana ha transcurrido y, con ella, son muchos o pocos los cambios acontecidos. Unas pocas jornadas ocupan varios minutos de narración; el resto se queda en un suspiro. Así es la vida: constante rutina alternada con puntuales instantes para el recuerdo. Gracias a ese pequeño nexo, la relación entre padre e hija se fortalece; el martes, aun siendo una séptima parte de la semana —una séptima parte de la vida— es el punto de inflexión vital. Porque, para ellos, las estaciones sólo avanzan el segundo día de cada septenario. Por eso, cuando algo impide —o estropea— el encuentro, el daño se magnifica, pues equivale a una pérdida mucho mayor de la que aparenta.

    Paralelamente, la confundida Billie inicia una extraña relación con una pareja heterosexual que conoce en la escuela (interpretada por los también desconocidos Sam Althuizen e Imogen Archer) que traspasa la cercana amistad para adentrarse en oscura sexualidad. Acostumbrada a ver filmado el progreso de su padre, la joven decide hacer lo mismo con sus experiencias, con la intención de crear un proyecto de dudosa ética que tiene grandes posibilidades de explotar en el rostro de todos. Hyde no parece interesada en que el espectador se identifique con la joven, sino que se limita a dejarla evolucionar libremente, sin necesidad alguna de contentar (ni a quienes la rodean dentro del filme ni a quienes la observamos desde el otro lado de la pantalla), como si la difícil situación familiar que atraviesa diera ilimitada rienda suelta a su perturbada imaginación. Por desgracia, el despertar sexual de Billie se vuelve con demasiada frecuencia la clave del relato (lo que explica que la obra recibiera el Oso de Cristal del Festival de Berlín, destinado a cintas juveniles) y, aunque no falta interés en él, es en James donde reside la principal novedad de la obra y donde debería haberse puesto el foco de atención. A fin de cuentas, son muchas más las cintas que tratan la primera temática —encumbrada con la polémica Soñadores (2003), de Bernardo Bertolucci— que las que se atreven con la segunda.

    52 Tuesdays

    «[...] Una obra, que, pese a la complejidad de sus sentimientos, trasciende una imagen de impenetrabilidad, derivada del rechazo inherente hacia la manipulación del espectador, inusual en este tipo de producciones. 52 martes no es una cinta perfecta, pero el riesgo narrativo y formal asumido por el joven talento involucrado es digno de todo tipo de alabanzas».


    De todos modos, la verdadera clave de 52 martes reside en la relación parento-filial central. Y, sobre todo, en cómo las decisiones de padre e hija se afectan recíprocamente. Así, Billie vive la transformación de James durante la etapa más influenciable de la vida —la adolescencia y el proceso de madurez— y sus exagerados intentos de explorar las opciones de la sexualidad vuelven loco a su padre, quien, quizá, tan sólo desea que su hija lleve la vida normal que a él se le ha negado. Billie acepta la decisión de James con normalidad e incluso se convierte en su principal consejera y apoyo, pero aún es joven para comprender —y asimilar— la dificultad de tan imponente proceso. Porque el cambio de sexo no es una transformación, sino una evolución que, por desgracia, no siempre avanza a la velocidad esperada. Para ella, el paso de tener padre y madre a tener dos padres no es tan abrupto como el hecho de no saber qué posee; así, ignorar la identidad teórica de su progenitor —y ser peligrosamente consciente de su propio desconocimiento— la adentra en un laberinto crítico que Sophie Hyde expone sin necesidad de aspavientos, pero con un ligero descontrol rítmico. Para fortificar la esencia de cinema verité del filme, la cineasta incluye declaraciones reales de hijos de personas transexuales. Especialmente poderosa es aquella que afirma que ver a su padre franquear ese sendero le hizo sentirse orgullosa de que tomara las riendas de su vida y decidiese vivir acordemente a sus deseos. Encontramos así algunos de los pocos momentos emotivos de una obra, que, pese a la complejidad de sus sentimientos, trasciende una imagen de impenetrabilidad, derivada del rechazo inherente hacia la manipulación del espectador, inusual en este tipo de producciones. 52 martes no es una cinta perfecta, pero el riesgo narrativo y formal asumido por el joven talento involucrado es digno de todo tipo de alabanzas. | ★★★ |

    Juan Roures
    Redacción Madrid


    Ficha técnica
    Australia, 2014, 52 Tuesdays. Dirección: Sophie Hyde. Guion: Matthew Cormack, Sophie Hyde. Productora: Closer Productions. Presentación oficial: Adelaide Film Festival. Música: Benjamin Speed. Fotografía: Bryan Mason. Reparto: Tilda Cobham-Hervey, Del Herbert-Jane, Beau Travis Williams, Imogen Archer, Mario Späte, Sam Althuizen, Danica Moors. Duración: 109 minutos.


    Póster: 52 Tuesdays
    El fulgor efímero

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