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    Crítica | Corpo celeste

    Corpo celeste

    Catecismo posmoderno, respuestas vetustas

    crítica a Corpo celeste (Alice Rohrwacher, 2011).

    Por motivos históricos y geopolíticos, Italia ha estado ligada, más que cualquier otro país católico, al influjo del papado, incluso (hasta 1870) a su poder temporal en la zona centro. Por ende lo ha estado a la tradición católica. Al igual que España y Latinoamérica. En la actualidad el proceso de secularización avanza con más parsimonia de la que parecen exigir los tiempos. Debates como la presencia de la religión en las aulas deberían haberse superado, como tarde, con la llegada del nuevo milenio. Hay quienes apuntan que parecemos estar viviendo una contrarreforma (en España) que pretende frenar lo que algunos sociólogos han llamado la tercera oleada de secularización. Es inevitable que en el país de la bota, en cuyas entrañas se encuentra el Vaticano, donde Democracia Cristiana gobernó durante gran parte del siglo XX, la Iglesia haya mantenido una presencia comunitaria pública. También parece inseparable de la tradición española la omnipresencia de las instituciones católicas y la supremacía de su moral. Sin embargo, hubo un tiempo en el que España parecía coger derroteros anticlericales, cuyo clímax se fecha con la victoria del Frente Popular en 1936. Al que siguieron cuarenta primaveras de “nacionalcatolicismo”. Estos apuntes superficiales no justifican, ni explican, pero son acertados para poner en contexto Corpo celeste (2011), ópera prima de Alice Rohrwacher. En ella la realizadora transalpina nos invita a seguir a una adolescente –Martha– que asume que se encuentra en una etapa de cambio, en la que los ritos de paso son un peaje vital. Y lo hará como recién llegada a una comunidad donde las rutinas derivadas de la fe tienen una relevancia activa. Tras una infancia en Suiza se muda a Reggio Calabria con su madre y su hermana. Tímida, cuasi muda dará palos de ciego en una ciudad áspera y ajena mientras se prepara para la confirmación.

    Será la perspectiva de la directora, sobre la burocracia de la fe, la visión más interesante, lúcida y novedosa que encontraremos en los poco más de noventa minutos de metraje. Si hablamos de pasos de neófitos a iniciados, de iniciados a miembros, la Iglesia, como institución, tiene su trámite. Del que se ocupan sus feligreses más dedicados. Ese afán parroquial por recuperar a los más jóvenes está representado por una catequista –Santa– con un toque posmoderno en sus métodos pedagógicos. Sus enseñanzas de trinchera llevan un envoltorio kitsch que esconde los dogmas (atávicos en el discurso religioso) que lo resuelven todo, menos los interrogantes de Martha. El crucifijo de neón, las coreografías de vírgenes o los cánticos horteras ponen de manifiesto un desesperado intento de seducir a una mocedad dejada de la mano de dios (nunca mejor dicho) por la Institución. Realidad que se ilustra en el hecho de que las inquietudes de Santa difieren de las del párroco don Mario; más cómodo en vicisitudes caciquiles tales como cobrar el alquiler de los pisos en su haber, hacer carrera y, principalmente, garantizar que los votos de los feligreses vayan para el candidato que ratifique las convicciones que se supone que deben imperar. En medio de esta vorágine, bajo la presión de una hermana intransigente y una madre sobre protectora, Martha lidia con entresijos existenciales en una azotea decrépita mientras vigila su decadente barrio y anhela la desconocida libertad de los chicos que juegan en los descampados, entre desechos. El pulso tembloroso de la cámara acentúa la fragilidad de una mirada escrutadora y desconfiada que irá descubriendo, con pesar, los engranajes y pequeñas miserias que se ocultan detrás del ser humano.

    Corpo celeste

    Alice Rohrwacher nos cuenta todo esto con más voluntad de que haga las veces de testimonio, que de narración. Para ello hace gala de un estilo irreprochable, pues subraya el tono sobrio del relato: Cámara en mano, con una estética documental que refuerza su realismo, acompañamos a Martha a veces con el objetivo pegado a su rostro o a su nuca, como hubiesen hecho los hermanos Dardenne. Sin diálogos en exceso elaborados, con una puesta en escena esclarecedora en su minimalismo. Amén de una fotografía sucia, a cargo de Hélène Louvart, por la práctica ausencia de luz artificial; que favorece momentos de una belleza alicaída, reflejo del runrún de la protagonista. La dirección de actores también es sobresaliente, en el apartado interpretativo todos y cada uno de los actores inspiran una credibilidad mayúscula, que realza su costumbrismo. No está tan bien cimentado su armazón narrativo, pues con el desarrollo del metraje la cinta se desgasta, pierde frescura. El hecho de que después del punto de inflexión no haya un desenlace convincente, a mí juicio, termina por dar la puntilla a la media hora final. Por momentos insulsa y sin el descaro de los dos primeros actos. Contribuye a esta sensación de dejadez el retrato de algunos personajes como la madre y la hermana; resultan casi insustanciales, asimismo tienen una presencia en pantalla que no se corresponde con su protagonismo real. El retrato del don Mario es cuanto menos arquetípico (aunque funciona), en contraposición con el de la maravillosa y desdichada Santa. Será, precisamente, cuando la catequista abofetee a Martha cuando se produzca uno de los momentos más tensos y de mayor carga dramática de todo el relato. Una isla en una cinta por lo demás fría. Dista de ser una obra bien acabada, pero en una hipotética balanza pesarían más las cosas positivas que las negativas. Este debut en la dirección, en clave de ficción, de Rohrwacher puede presumir de una valiente apuesta estética y un sugestivo repaso por el microcosmos parroquial del sur de Italia. No es poco. | |

    Andrés Tallón Castro
    Redacción Madrid


    Ficha técnica
    Italia, 2011, Corpo Celeste. Director: Alice Rohrwacher. Guion: Alice Rohrwacher. Productora: Tempesta. Productores: Carlo Cresto-Dina, Giorgio Gasparini. Presentación Oficial: Cannes 2011. Música: Piero Crucitti. Montaje: Marco Spoletini. Dirección artística: Luca Servino. Vestuario: Loredana Buscemi. Fotografía: Hélène Louvart. Reparto: Salvatore Cantalupo, Anita Caprioli, Renato Carpentieri, Paola Lavini, Pasqualina Scuncia, Yle Vianello. Premios/ Dos nominaciones a los Davide di Donatello (Mejor nuevo director y Mejor actriz secundaria).


    Póster: Corpo celeste



    El fulgor efímero

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