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    Crítica | Ex Machina

    Ex Machina

    ¿Más humanos que los humanos?

    crítica a Ex Machina (Alex Garland, 2015) / ★★★★

    El cine ha tenido querencia por las inteligencias artificiales de todo tipo desde que echó a andar hace ya más de un siglo. Ya sean antropomórficas como Maria (Metrópolis, Fritz Lang, 1927), los replicantes de Blade Runner (Ridley Scott, 1982) o los distintos sintéticos que acompañan a la teniente Ripley en la franquicia Alien; simples “cajas grises” —como las llama aquí el personaje interpretado por Oscar Isaac— como HAL 9000 (2001: Una odisea del espacio, Stanley Kubrick, 1968), Gerty (Moon, Duncan Jones, 2009) o Joshua (Juegos de Guerra, John Badham, 1983); o incluso ¿seres? sin un continente definido, como Skynet o Matrix; las IAs, su relación con el ser humano y los desastres —y maravillas, en menor medida— que se pueden derivar de su interacción le han dado a la pantalla horas innumerables de entretenimiento, especulación y/o reflexión filosófica, dependiendo del lugar y el momento. Con el paso de los años, y si bien el cine de acción y aventuras ha seguido proporcionando historias de pura evasión, la “tendencia Blade Runner” (por llamarla de algún modo) ha ido planteando dilemas cada vez más sofisticados respecto a las posibles relaciones entre humanos e inteligencias artificiales. Más allá del viejo dilema original sobre si una máquina es capaz de sentir emociones (que sigue siendo la base de la mayoría de estas historias), el cine ha extendido los límites de esa incógnita: ¿son esas emociones suficientes para dispensar a una máquina el mismo trato que a un ser humano? ¿Es el deseo de supervivencia algo instintivo o programado? Y, si una máquina puede sentir emociones… ¿puede un ser humano corresponderlas de forma genuina?

    Sobre ese último particular, tuvimos un excelente ejemplo hace poco más de un año de la mano de Her (Spike Jonze, 2013), que retrata la relación romántica entre un hombre (Joaquin Phoenix) y un sistema operativo dotado de inteligencia artificial (con la voz de Scarlett Johansson). No diré que Ex Machina sea exactamente pariente de la película de Jonze, aunque indudablemente es un complemento más que interesante a ésta. Nuestro protagonista es Caleb (Domhnall Gleeson), programador en una gran empresa tecnológica nacida al socaire de un buscador de internet (ejem…) que gana un concurso empresarial muy especial: el premio consiste en pasar una semana junto al enigmático fundador de la compañía, Nathan (Oscar Isaac), que vive apartado del mundanal ruido en una mansión-complejo tecnológico de las montañas. Una vez allí, Caleb es informado de cuál será su trabajo durante esa semana: ser la parte humana del test de Turing al que Nathan quiere someter a Ava (Alicia Vikander), la inteligencia artificial que se ha pasado años diseñando, y que podría ver la luz verde para su presentación en sociedad si dicho test tiene éxito. A lo largo de una serie de sesiones de contacto, la relación entre Caleb y Ava se irá haciendo cada vez más compleja, al tiempo que los roces entre el primero y Nathan van tensando cada vez más la cuerda de la convivencia.

    Ex Machina, de Alex Garland

    Hay que reconocerle a Alex Garland la valentía de estrenarse como director con una historia tan escasa en personajes y escenarios. El que fuera guionista de, entre otras, 28 días después y Sunshine (ambas dirigidas por Danny Boyle, quien antes había adaptado su novela La playa) no ha escogido una historia precisamente original; son sus decisiones, tanto en el guión como en la dirección, las que convierten Ex Machina en una película más que notable. Empezando por el detalle de no tomar al espectador por estúpido, un problema que este tipo de producciones suele tener en mayor o menor medida. Garland no tiene la necesidad de sobreexplicarlo todo como si le estuviese hablando a niños de tres años, y —en general— tampoco intenta epatar al público con grandes giros de guión inesperado. Su historia es, en realidad, bastante sencilla, pero lo suficientemente bien desarrollada como para mantener al espectador atento y queriendo saber más sobre su historia. Por cierto: no esperéis grandes dosis de acción (y no me refiero necesariamente a peleas ni espectacularidades). Ex Machina es una historia pequeña, que encaja más en las filas de la sci-fi intimista y reflexiva del estilo de Nunca me abandones (Mark Romanek, 2010, también guionizada por Garland) que en producciones, digamos, más americanas (aunque parte de su capital sea estadounidense).

    Por otra parte, como citaba anteriormente, Alex Garland se atreve con una historia en la que hay apenas tres personajes (el personaje de Sonoya Mizuno, si bien tiene su importancia, opera en la retaguardia de la trama) y media docena de escenarios. Si unimos esto al ritmo lento de la narración, podría haber resultado en una obra claustrofóbica y aburrida; afortunadamente, Garland consigue mantener la tensión casi de principio a fin, sin dejar que ni personajes ni espectador se relaje. En gran medida, ello se debe al excelente trabajo de sus tres actores protagonistas. Domhnall Gleeson consigue que su ya clásica interpretación de tipo desgarbado y buenazo, constante pez fuera del agua allá donde va, no resulte tan exagerada como de costumbre, e incluso es capaz de sacarle un considerable partido dramático, a pesar de resultar el eslabón más débil del trío. Frente a la bonhomía de Gleeson, Oscar Isaac resulta aún más intimidatorio de lo que podría parecer —amenazador, incluso—, y cada escena suya es un auténtico recital de autocontrol: Nathan es un personaje que anda por el filo de la navaja toda la cinta, y resultaría muy fácil caer si no en la sobreactuación, sí en el retrato de un villano de opereta; en manos de Isaac, en cambio, es mucho más que eso: un antagonista extraño, desagradable pero fascinante, que se come buena parte de la pantalla cada vez que aparece. Pero la estrella del show es, cómo no, Alicia Vikander. La actriz sueca compone con Ava un personaje fascinante, frágil a la vez que sobrecogedor, capaz de seducir, extrañar, asustar y embobar al espectador tanto como a Caleb. Y todo utilizando casi únicamente su expresividad facial, que, durante buena parte del largometraje, es casi lo único que podemos ver de ella, engullido el resto por los FX que componen el tejido plástico y metálico del cuerpo de Ava. Pero, sobre todo, Ex Machina resulta un interesante —no entraré en si acertado o no— análisis sobre la existencia los límites de la inteligencia artificial, sobre el complejo de dios, y sobre qué nos hace humanos (¿la capacidad emotiva? ¿la de sentir atracción sexual? ¿el instinto de supervivencia?). Sobre si los sentimientos y emociones que un ser artificial pueda desarrollar son auténticos o tan sólo una respuesta para la que están programados… y si ése no será el caso también para nosotros. Sin ser, ni mucho menos, un trabajo perfecto, Ex Machina tiene la virtud de provocar preguntas, de especular, de atreverse a aventurar aunque se equivoque. De ofrecer, en este mundo cinematográfico de robots asesinos, IAs maníacas y hackers metrosexuales, una mirada a la parte más humanista de la ciencia ficción. Bienvenida sea. | |

    Judith Romero Ruiz
    Redacción Londres


    Ficha técnica
    Estados Unidos, Reino Unido, 2015, Ex Machina. Director: Alex Garland. Guión: Alex Garland. Productoras: DNA Films / Film4. Fotografía: Rob Hardy. Música: Geoff Barrow y Ben Salisbury. Montaje: Mark Day. Intérpretes: Alicia Vikander, Domhnall Gleeson, Oscar Isaac, Corey Johnson, Deborah Rosan, Evie Wray, Chelsea Li, Sonoya Mizuno, Elina Alminas, Ramzan Miah.


    Póster: Ex Machina
    Feelmakers

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