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    Berlinale 2015 | Día 3. Críticas: Ixcanul, Diary of a Chambermaid & Victoria

    Benoit Jacquot en Berlín

    Buscando el momento.

    Crónica de la tercera jornada de la 65ª edición de la Berlinale.

    Tercer día y la competición se va poniendo interesante aunque sin terminar de despegar del todo, a pesar de los buenos resultados de 45 Years y Taxi, hasta ahora dos de los highlights por mucho de la Sección Oficial, a falta de ver lo nuevo Malick, por la que, unos más y otros menos, hay expectación máxima. Mucho se habla también de los desastrosos pases de público de Coixet y Herzog y de los desaires a ambas películas con anécdota incluida, como la de un señor alemán que insultó a Herzog en la presentación y tuvo que ser expulsado de la sesión. Hay ganas por tanto de que aparezcan nuevos trabajos que nos sorprendan de manera genuina aportando algo más allá de la corrección o el buen hacer, algo que toque la fibra. Es lo mínimo que se pide cuando en tu haber tienes tantos visionados, sin que ninguno destaque por encima de la media. Por eso, como espectador, uno va coleccionando momentos, instantes o escenas que de repente y sin previo aviso, te atrapan más allá de la lógica racional y el ojo analítico que uno tiene siempre en funcionamiento, desbaratando nuestra predisposición de críticos para acabar siendo, durante un segundo, otra persona que disfruta completamente del cine, desde la emoción antes que desde el cerebro. Es una bipolaridad complicada en un ambiente como este pero que, consciente o no, todos buscamos cada día, en cada nueva sesión.

    Ixcanul

    IXCANUL

    Jayro Bustamante, Guatemala, 2015 | COMPETICIÓN

    Ixcanul ha sido uno de esos debuts extranjeros que en la Berlinale incluyen con entusiasmo. Una ópera prima de ecos muy tradicionales y factura visual limpia y naturalista, cuyo foco se centra en la captación de un folclore y unas creencias muy arraigadas y localistas; las de una pequeña familia de origen maya, residentes en una isla volcánica y trabajadores en una plantación de café, cuya hija ha sido prometida con uno de los jefes del terreno en pos de una seguridad económica que ayude a los padres a mantenerse, sin ellos saber que en realidad a quién ella ama es a otro hombre. El ambiente se asimila al de la primera Claudia Llosa o, sin ir más lejos, al de otra cinta que ya surcaba lugares parecidos y que resultó ganadora en la Berlín hace ya 9 años, La boda de Tuya (2006). Retratos sobre el constreñimiento social de unas costumbres que parecen inamovibles y que no miran por los deseos de la hija, a quién la cámara se acerca con cariño y con mucho respeto. A este respecto, un periodista alemán que ya lleva 9 ediciones asistiendo, nos aseguraba que Ixcanul era la clase de film que en la Berlinale adoran premiar: un debut bien realizado, sencillo, con un factura cuidada y con querencia por mostrar el costumbrismo de una sociedad inconcebible en occidente. Lo cierto es que a Ixcanul le costará muchísimo encontrar su público ya que es una de esas películas destinadas a los circuitos alternativos de distribución y festivales. Su contenido, aún tratando emociones tan humanas, está plagado de regionalismos y rituales extremadamente ajenos con los que cuesta empatar. Se necesitan miras muy abiertas y saber entrar en ese mundo para que nos llegue lo que se nos ofrece. Demasiadas exigencias para una historia, en esencia, tan sencilla. 63|100.

    Diary of Chambermaid

    DIARY OF A CHAMBERMAID

    Journal d'une femme de chambre / Benoit Jacquot, Francia, 2015 | COMPETICIÓN

    El estilo de Benoit Jacquot despierta debate. No es sobresaliente, pero desde luego sabe cómo crear personajes complejos, o cuanto menos, poco fiables. Es la principal sensación que transmite Diary of a Chambermaid que, en su aparente clasicismo temático. es una película dirigida con numerosas licencias formales que resultan extrañas, casi fuera de contexto. Fundidos en blanco, numerosos subrayados en cuanto a zooms y primeros planos enamorados de la belleza de Léa Seydoux. Su recibimiento no ha sido especialmente entusiasta entre la prensa de la Berlinale. Y de hecho, junto a Nadie quiere la noche, es una de las películas con peor nota media: 1,7. Seguramente debido a su dirección tan afrancesada y a un esbozo de personalidades confusas, entre la caricatura y la malevolencia, y con muy poca empatía para con el público. Esta es una de esas miradas un tanto cínicas a un mundo, el de la servidumbre, que siempre ha dado mucho juego cara a tratar las dobleces morales de una sociedad regida por las apariencias y el patriarcado; el poder del hombre frente a la belleza femenina, herramienta de dominio para ellas que Jacquot representa mediante la delicada figura de una Seydoux a la que no se le dan mal estos personajes, ocultos detrás de hermosas fachadas buscando manipular las decisiones de sus conocidos en favor de un camino que la lleve a la victoria, a una estabilidad económica que ella cree fervientemente que merece. El cinismo de Diary of a Chambermaid es interesante, pero no llega todo lo lejos que podría ni con toda la intensidad que necesaria en una historia como esta; al contrario, se amilana en un final extraño, algo brusco y precipitado, enredándose a lo largo de una estructura no del todo bien planificada, que va de pasado a presente sin mucho orden de lógica para asentar las bases del comportamiento de ella. Intento que no resulta del todo esclarecedor, y siendo complejo dilucidar si es por la interpretación de la actriz o por la escritura de sus diálogos y pensamientos. Ese ejercicio de medias verdades es, sin duda, lo más estimulante que se puede extraer de un trabajo algo estirado, pero con numerosos puntos de interés. 65|100.

    Victoria

    VICTORIA

    Sebastian Schipper, Alemania, 2015 | COMPETICIÓN

    Es divertido imaginarse a Alejandro González Iñárritu y Sebastian Schipper charlando sobre quién tiene la secuencia más larga, más dura y sin intermedios, por la sencilla razón de que Victoria juega al más difícil todavía, como muchas veces le gusta hacer al mexicano; rodar una película de 2 horas y 20 minutos en una única secuencia y, en contra de los peligros, el resultado es muy sólido, imperfecto, pero que puede mirar con orgullo a las comparaciones obvias. Le ayuda una trama que una vez coge rumbo no para, ahogando sus dudas en un dinamismo que impide el aburrimiento, a pesar de la débil lógica de ciertos momentos o la nula reacción de la protagonista ante determinados eventos. Pero, en el contexto, son elementos comprensibles, pues Schipper ha preferido la verosimilitud máxima de la escritura para apoyar a una realización vibrante y enérgica que no impida el recorrido nocturno (y mañanero) de este grupo de chavales bastante poco despiertos. Es un filme que despierta conflictos en su contraste, optando por un intimismo casi indie en su primera parte para, en apenas una escena, cambiar a una película totalmente diferente; una carrera contrarreloj algo forzada pero que funciona, a pesar de que en último termino el mensaje sea bastante vago y muy desenfocado.

    Tampoco creemos que sea algo que le importe demasiado, si no el filme no anunciaría su ‘tag-line’ como lo hace: “One Girl, One City, One Night, One Take”, resaltando el logro conseguido, algo que, en determinados casos puede situar la forma por encima del fondo derivando en un ejercicio de estilo con mucho carácter pero poca inteligencia. En ocasiones, incluso parece que se está jugando a tocar las bazas posibles en cuanto a géneros y tonos como una manera más de demostrar la tremenda versatilidad de la mano maestra que está detrás, secuencias de acción incluidas. Schipper también se permite algunas concesiones poéticas que airean el ambiente tan cargado de la realización, recurso que le da buenos momentos (como el que sucede en una cafetería) pero también un ensimismamiento algo aletargado. En resumen, es un trabajo que seguramente reciba más comentarios por su realización que por su argumento, algo que la convierte en un vano experimento, sin más. La pregunta clave es ¿cambiaría la película sino estuviera contada así? Desde luego, y no a mejor. 60|100.


    Gonzalo Hernández Espinosa
    Enviado especial al 65ª edición del Festival de Berlín


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