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    Crítica | Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia

    A pigeon sat on a branch reflecting on existence

    Tira tragicómica del alma humana

    crítica a Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia
    (En duva satt på en gren och funderade på tillvaron, Suecia, Roy Andersson, 2014).

    El cineasta sueco Roy Andersson tiene una de las carreras más peculiares del cine europeo, ya que lleva 50 años haciendo cine de diferentes duraciones, con ausencias de hasta doce y nueve años entre proyectos. Su primer largometraje fue Una historia de amor sueca (En Kärlekshistoria, 1970), y parece que el fracaso del segundo, Giliap (1975), le costó un cuarto de siglo de silencio en formato largometraje. Sería en el 2000 cuando estrenó Canciones del segundo piso (Sånger från andra våningen), comienzo de lo que él mismo llama la Trilogía existencial de la condición humana. Un tríptico que continuó en 2007 con La comedia de la vida (Du levande), y ha terminado, por todo lo alto, con Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia, último León de Oro en la Mostra de Venecia y demostración de una lucidez mental remarcable. Andersson hila viñetas humorísticas e insólitas, donde el patrón de repetición es clave para transmitir una cotidianidad marciana (todas las llamadas telefónicas de la película contienen la misma frase), y se suma y sigue hasta retratar los sentimientos humanos en su tonalidad más triste. Como personajes recurrentes, y completamente inesperados, dos destartalados vendedores de artículos de broma, Sam y Jonathan, que van a ser el mayor asidero del espectador en los casi 100 minutos de metraje.

    Vista la cinta, que tiene todo el potencial de desconcertar, uno tiene que valorar el titánico esfuerzo mental de Andersson para escribirla. El trenzado de las ocurrencias, la imaginación requerida y el potente sustrato que se atisba no son resultado de un trabajo hecho con rapidez. El cineasta empieza estableciendo el tono de lo que vamos a ver con una escena muda que podría aludir al título. Desde entonces todo será una puesta en escena minimalista, intérpretes deliberamente pintorescos y un humor seco que hay que aceptar o no. Así de sencillo. Es una propuesta artificiosa, que de entrada recuerda al cine de Aki Kaurismaki pero sin el candor de sus criaturas, y que requiere un tiempo para que el espectador dispuesto a jugar se acostumbre. Se aglutinan ideas radicalmente distintas, pero todas factibles en el mosaico del absurdo aquí compuesto.

    En duva satt på en gren och funderade på tillvaron

    Tras esa suerte de prólogo, entra en Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia una música que nos hace sonreír, preparándonos para “3 encuentros con la muerte”, hilarantes microhistorias que no volverán a ser retomadas sobre desafortunadas circunstancias donde llega el fin de la vida. Varían en grado de absurdo, pero ayudan a poner en el humor adecuado para que empiece la historia propiamente dicha. ¿O no empieza todavía? Tendremos la duda siempre, emplazados en una Suecia de colores mustios, ciudadanos excéntricos a más no poder y un presente que parece congelado en el tiempo. El producto está insobornablemente dispuesto a desafiar al grupo de espectadores atrevidos, o convenientemente armados de valor. Pero que mis palabras no asusten a nadie, pues estamos ante una película accesible en cuanto que no ataca a la audiencia con imágenes de impacto o ideas difíciles de digerir. No. Es una comedia agridulce que puede provocar hastío pero que no tiene voluntad de remover las tripas. Más bien la psique.

    Lo que distancia es esa puesta en escena y la cadencia con la que todo se desarrolla, a veces exasperante (la trama del caballero cuya reunión se aplaza para siempre) y otras deslumbrante (el viaje a los años 40, con un beso y una canción). ¿Suenan extrañas estas descripciones? Pues así son las historietas de la película. La inapropiada relación en una clase de baile, la fidelidad a un bar de un anciando casi sordo, un espectáculo de un centro de jóvenes con retraso mental (el título de la cinta puede salir también de la imaginación de una niña con Síndrome de Down), el discurso de un peluquero sustituto... una sucesión de instantes (in)conexos que forman una imagen general. Ojalá ésta fuera compacta, pero aquí Andersson falla por el interés desregulado de las cosas que va contando. Parece que la lógica de la cinta es entonces más arbitraria que presa de un férreo control.

    En duva satt på en gren och funderade på tillvaron

    Lo anodino de nuestras acciones son pasto de extrañeza para el realizador, que ofrece una cinta cerebral y trufada de humor nórdico: excéntrico y único. Sin profundizar en circunstancias personales de la sociedad sueca, el reflejo aquí ofrecido tiene una capacidad universalizadora, ya que el mundo entero vive esta crisis –económica, anímica– en la que los personajes están envueltos. El dictamen del director y guionista es más bien negativo, sobre todo en el último tercio de la película, que comienza tras el rótulo “Homo Sapiens”. Si durante parte de la historia el tono era tragicómico, Homo sapiens va a dar un giro que corta la risa en un instante y espuela propiamente esa reflexión existencial a la que alude el título, hasta el punto de que cuando acaban los chistes, la amargura será lo predominante. El sueco se ha centrado lo suficiente en Jonathan y Sam como para que nos importe su vida, de manera que la depresión en la que Jonathan va cayendo –lo cual es comprensible porque es el más expuesto al rechazo y la burla al ponerse los colmillos y la careta– afecta a la platea. De hecho, el sobrecogedor sueño que tiene el hombre, de una serenidad escalofriante y que noquea por su crueldad, nos hace temer por su vida. Sin importanos que haya gente que se levante temprano para trabajar.

    Perfecta carne de festival por su voluntad divisoria y, ante todo, un ejemplo de que el humor nórdico se atreve con todo, Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia tiene su nota más excéntrica en una rotura del tejido temporal hecha desde la mayor normalidad. En un día como otro cualquiera, el ejército de Carlos XII irrumpe en un bar, salido de 1709 y en su camino a la batalla de Poltava contra los rusos. Andersson fabula sobre la misteriosa vida privada del monarca y arranca varias carcajadas con la pompa de sus acciones. Carcajadas que se refuerzan, o se cortan en seco según se mire, al volver al mismo bar un tiempo después, con el ejército sueco regresando a casa derrotado por falta de caballos. O eso dicen. Esta escena es clave para entender lo que ofrece la película: un espectáculo más bien intelectual, satisfactorio pero a la larga irregular. El metraje termina y uno sabe que múltiples detalles escapan al entendimiento y que más visionados son recomendables, aunque la inteligencia del cineasta y su empeño en ser humanista desde su atalaya de lucidez y frialdad se quedan en la memoria. Lástima que el resultado final no parezca tanto una película sino una colección de ocurrencias con resultado a veces fallido, aunque algunas de sus perlas sean muy interesantes. Y es que, al contrario que se repite como una letanía en el filme, no todo va bien. La película tiene problemas, pero lo desigual de su todo es muy sugerente, y plantea preguntas de lo más existenciales. | ★★ |

    Adrián González Viña
    redacción Sevilla


    Ficha técnica
    Alemania, Francia, Suecia, 2014. Título original: En duva satt på en gren och funderade på tillvaron. Dirección y guión: Roy Andersson. Reparto: Holger Andersson, Nisse Vestblom, Charlotta Larsson, Viktor Gyllenberg, Lotti Törnros, Jonas Gerholm, Ola Stensson, Oscar Salomonsson, Roger Olsen Likvern. Fotografía: István Borbás & Gergely Pálos. Música: Robert Hefter. Productoras: Roy Andersson Filmproduktion AB / Nordisk Film- & TV-Fond.


    Plakat En duva satt på en gren och funderade på tillvaron
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