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    Crítica | Caballo dinero

    Cavalo dinheiro

    Los fantasmas de una región entumecida

    crítica a Cavalo Dinheiro (Pedro Costa, Portugal, 2014).

    Cinco años después de su primer aterrizaje en salas españolas con Ne change rien (2009), fascinante exploración de la pulsión artística y espléndido documental surgido de la amistad entre la actriz Jeanne Balibar, el ingeniero de sonido Philippe Morel y el propio director, el portugués Pedro Costa regresa al largo con la notable Cavalo Dinheiro, continuación de su mirada sobre el barrio lisboeta de Fontainhas, que el director lleva explorando desde Ossos (1997) y que fue demolido hace más de una década. La apuesta formal sigue siendo la misma que entonces, proseguida con En la habitación de Vanda (No Quarto Da Vanda, 2000) y la grandiosa Juventud en marcha (Juventude Em Marcha, 2006), cintas desafiantes donde las haya y a las que rodar en digital les dio un nuevo nivel de significado. Estas formas, que potencian lo abundantemente metafórico de su cine (una iluminación que deja siempre claroscuros para reflejar la identidad de los inmigrantes caboverdianos, unas apariciones fantasmales desde lo terrenal para transmitir la idea del limbo en el que viven los personajes), ahogan aquí el potente mensaje de base, algo contraproducente con las intenciones de la cinta.

    La Revolución de los Claveles, también conocida como o 25 de abril de 1974, y Ventura como nuestro guía por el barrio de Fontainhas son el obsesivo tema de interés de Costa, que ha hecho una película necesaria pero difícil, de esas que espantan de entrada al público pero que son generosas si se entra en su juego. Cavalo Dinheiro, título que viene del caballo del protagonista, picoteado por los buitres y de nombre Dinero, es una película hecha con espíritu de resistencia y una producción de lo más dificultosa. Y su responsable es una rara avis dentro del cine mundial, pues trabaja al margen de cualquier tendencia, luchando por cada escena y escuchando a sus actores, poseedores para él de una verdad incuestionable. Dos de esos cinco años de ausencia han sido el periodo de rodaje de una cinta hecha con unos míseros 100.000 euros y en las ruinas de la ciudad, ideales para transmitir la idea de lugar espectral. Con el premio al Mejor director en el pasado Festival de Locarno bajo el brazo, el portugués refleja un país sumido en el limbo tras la aciaga fecha, en un intento de que nadie se olvide de lo que supuso para muchos los posteriores años de conflictos o el levantamiento militar, algo complicado porque pocos ven su cine. Un cine que es importante porque mira hacia atrás de esta forma, materializando los fantasmas de una sociedad sumida en las tinieblas, donde se habla en letanías y los personajes parecen condenados a revivir sus dramas. Por fortuna para nosotros, su testimonio queda grabado en la cámara de Costa y Leonardo Simões, el director de fotografía. Unas vivencias que nos hacen sentir privilegiados como espectadores, y que buscan la trascendencia en digital.

    Cavalo Dinheiro

    «Cavalo Dinheiro contiene una palpable emoción, pero todo suena a distanciado, atemporal, y por ello se hace una experiencia cuesta arriba. Ahora, llegar a la cima recompensa».


    La excusa argumental en esta ocasión es el estado de salud del sempiterno Ventura, visiblemente enfermo y que vive atormentado por los recuerdos, personificados para el espectador como interminables hombres que van en su busca y compañeros de fatigas con deudas pendientes. El territorio en que nos encontramos por tanto es el del docudrama de ficción, ya que nadie está acreditado como guionista pero hay evidentes intenciones de ficcionar/recrear hechos. Como ha revelado el director en más de una ocasión, él se limita a oír a sus intérpretes, y rodar lo que tienen que contar usando el poder del cine para traducirlo a algo superior. Estos intérpretes comparten con generosidad su alma, se mueven con toda libertad ante la cámara y aguantan los primeros planos con un aplomo asombroso. El problema es que las formas son tan poco naturales que a uno le cuesta implicarse en lo contado. Cavalo Dinheiro contiene una palpable emoción, pero todo suena a distanciado, atemporal, y por ello se hace una experiencia cuesta arriba. Ahora, llegar a la cima recompensa. Hay que comprender lo que uno está viendo, asimilar que cada frase duele para la pléyade de ciudadanos que desfilan por el encuadre. Las apariciones de Vitalina, en busca de la documentación necesaria y con mucho pesar a su espalda, también dejan huella, en un ejemplo de que el carisma puede traspasar la pantalla. Cada momento recogido no debe verse de manera aislada, sino que tiene una importancia capital dentro del engranaje de la cinta. La narración es clásica (la historia se cuenta en escenas, donde una lleva a la siguiente, que a su vez lleva a la posterior) pero a la vez está envuelta en un halo de misterio que anula la previsibilidad. Prueba de que el director lleva años recopilando este material es que una secuencia clave, el uso del ascensor por parte de Ventura, fue editada como episodio de la película Centro Histórico (Pedro Costa, Manoel de Oliveira, Víctor Erice, Aki Kaurismäki, 2012). Bajo el título de “Dulce Exorcismo”, Costa contribuyó a este políptico sobre Portugal con un sobrecogedor viaje en ascensor a ninguna parte donde los demonios tomaban la forma de un soldado y no había escapatoria. La historia final de este corto no cambia tras Cavalo Dinheiro, pues según nos cuenta el realizador, los caboverdianos siguen teniendo miedo, la política es oscura y la supervivencia –tanto de los personajes como de un cine así– es muy complicada. Las circunstancias que rodean a la puesta en pie, desarrollo y ejecución de un proyecto no deberían ser consideradas para valorarlo críticamente, ya que una película habla por sí sola una vez terminada, pero cuando estamos ante un film así, que se puede calificar directamente de milagroso, la información de la producción puede ser más importante que el arte. Hay que valorar el empeño por no hundirse ante las circunstancias del sistema –social, cinematográfico, político– y trabajar incansablemente por arrojar luz sobre una realidad incómoda. Lástima que el método elegido dé unos resultados tan exigentes, porque estos impiden experimentar el contenido en un nivel emocional, preocupado como está uno de desencriptar el continente. | |


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Sevilla


    Ficha técnica
    Portugal, 2014. Dirección: Pedro Costa. Guion: Pedro Costa. Fotografía: Leonardo Simões. Productora: Sociedade Óptica Técnica. Protagonistas (Docudrama de ficción): Vitalina Varela, Tito Furtado, Ventura. Presentación oficial: Festival de Locarno 2014.

    Póster Cavalo Dinheiro
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