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    Crítica | El veredicto

    El veredicto

    Ley con venganza. Venganza sin ley

    crítica a El veredicto (Het Vonnis), dirigida por Jan Verheyen, 2014 | ★★★ |

    El drama judicial, pese a no estar instituido como un género cinematográfico al uso, posee una especificidad muy definida que lo convierte en uno de los subgéneros más resultadistas de la historia del séptimo arte. Su versatilidad, dentro de su encorsetada estructura, ha permitido que algunos de estos procesos formen parte de las listas de mejores películas de todos los tiempos. Hay obras maestras que son auténticas historias de intriga, thrillers de despacho, como la excelente Testigo de cargo (1957) o El dilema (1999). Otras han servido como análisis de personajes atrayentes y sugestivos –Anatomía de un asesinato (1959)– o como espejo de una sociedad y un tiempo determinados –La red social (2010)–. Las mejores, para mi gusto, son aquellas que denuncian las grietas del sistema y por ende permiten reflexiones impetuosas y también reposadas que ponen al espectador en la tesitura de tomar partido. Esas que a pesar de su inexcusable punto de partida y verborrea habitual exigen preguntarse ¿Qué haría yo? ¿Por qué el sistema funciona así? Todas las que hacen que en tu cabeza resuene el eco de la injusticia. Se me pasan por la cabeza la magnífica y claustrofóbica 12 hombres sin piedad (1957) o la trágica En el nombre del padre (1993). En esos lodos se faja Jan Verheyen en su último trabajo, El veredicto (2014). Película que ha tenido un éxito de taquilla abrumador en su país de origen (Bélgica) y que ha sido galardonada en el Festival de Montreal. Edificada sobre la venganza de un hombre inmaculado al que un facineroso priva de su esposa e hija.

    Su arranque es el natural. Hay un delito consumado casi al principio. Arrestan al sospechoso/culpable. Este permanece preso a la espera del pleito. Pero esto no es más que el prólogo. Verheyen quiere contarnos otro litigio. El que se hace a la víctima convertida en verdugo. El que se hace a un hombre corriente, abandonado por el Estado de Derecho, que ha decidido ponerle “una bomba al sistema”. Un sismo mediático que hará tambalear los cimientos democráticos. La película está estructurada en tres partes. El macabro preámbulo, una segunda mitad en el que se ponen las cartas sobre la mesa –como el papel que juega el abogado de oficio o el error procesal– y por último el juicio propiamente dicho, rematado con un maravilloso recurso expresivo en la lectura del veredicto; jugando con el montaje. Es en la tercera parte –última hora de película– donde se encuentra la mejor literatura con la exposición, en exceso dramatizada, de las dos partes. En ese duelo entre parlanchines brilla con luz propia el abogado defensor –Johan Leysen– al lado de una discreta Veerle Baetens –Alabama Monroe (2013)–. Rodada con clasicismo funcionarial salvo en un par de florituras. Su estilo crudo, templado y parco en ornamentos se adecúa a la sobriedad del parqué, las puñetas, las insignias y las togas. Verheyen, curtido en mil batallas, resuelve la papeleta con oficio, combinando la frialdad europea con cierto efectismo americano. Hay cosas prescindibles, como el ministro encolerizado con aires de Luis XIV, o la figura de la esposa del jefe. Y hay otras muy logradas como los puntos de inflexión y los flashbacks. El veredicto es un trabajo susceptible de un remake hollywoodiense, más pretencioso y maniqueo, capaz de explotar la vía sensiblera en detrimento de la ética. El tiempo dirá.

    El veredicto

    La lectura más evidente, destacada en los créditos finales, es su acerada crítica al sistema judicial belga. No obstante hay muchos caminos abiertos para la deliberación. Pondré un ejemplo con presencia superficial: la capacidad de influencia de la opinión pública y la publicada en la justicia. El juicio paralelo de los medios desemboca en un juez mediático capaz de introducirse en un jurado popular. Un obvio reflejo de la cantidad de cuestiones judiciales que están en boca de todos y sobre las que cada uno emite su juicio personal, sin saber en qué medida se ha visto influenciado por factores externos. Con los riesgos que eso conlleva. ¿Hasta qué punto se tienen que seguir las reglas de juego? ¿Es la ley susceptible de cierta arbitrariedad con el fin de conseguir resultados más humanos? ¿Debemos supeditarnos al imperativo de las normas incluso si estas son injustas? ¿Los reglamentos nos hacen un animal social o nos hacen más salvajes? ¿Qué hacer cuando el sistema pisa nuestros derechos? No sé, depende, sí, no. Son preguntas abiertas a la ambigüedad o a la resolución extrema fruto del dolor. Son interrogantes a los que Luc –el protagonista– da carpetazo sin paliar su sufrimiento. Sea como fuere El veredicto es un comentario de texto, de algo más de hora y media, sobre el aforismo atribuido al filósofo griego Epicuro: “la justicia es la venganza del hombre social, como la venganza es la justicia del hombre salvaje”. Juzguen ustedes mismos. | |

    Andrés Tallón Castro
    redacción Madrid


    Bélgica, 2013, Het vonnis. Director: Jan Verheyen. Guion: Jan Verheyen. Productora: Eyeworks Film & TV Drama. Fotografía: Frank van den Eeden. Música: Steve Willaert. Reparto: Koen De Bouw, Johan Leysen, Veerle Baetens, Jappe Claes, Viviane De Muynck, Hendrik Aerts, Joke Devynck, Jo De Meyere, Chris Lomme.


    Póster: El veredicto

    Godard

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