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    Crítica en Serie | Orange is the New Black (Temporada 2)

    Orange is the New Black (Temporada 2)

    El síndrome de la segunda temporada

    crítica de Orange is the New Black (2013-) | Temporada 2

    Netflix | 2ª temporada: 13 capítulos | EE.UU, 2014. Creadora: Jenji Kohan. Directores: Michael Trim, Jodie Foster, Andrew McCarthy, Phil Abraham, Constantine Makris, Allison Anders, Daisy von Scherler Mayer, SJ Clarkson, Jennifer Getzinger. Guionistas: Jenji Kohan, Sian Heder, Nick Jones, Lauren Morelli, Sara Hess, Tara Herrmann, Stephen Falk, Alex Regnery, Hartley Voss. Reparto: Taylor Schilling, Kate Mulgrew, Michael J. Harney, Natasha Lyonne, Jason Biggs, Dascha Polanco, Matt McGorry, Yael Stone, Uzo Aduba, Selenis Leyva, Taryn Manning, Laverne Cox, Danielle Brooks, Nick Sandow, Lorraine Toussaint, Joel Garland, Catherine Curtin, Lea DeLaria, Barbara Rosenblatt, Kimiko Glenn, Elisabeth Rodríguez, Jackie Cruz, Beth Fowler, Adrienne C. Moore, Maria Dizzia, Laura Prepon, Pablo Schreiber. Fotografía: Yaron Orbach, Michael Trim. Música: Gwendolyn Sanford & Brandon Jay con Scott Doherty.

    Orange is the new black fue un gran éxito desde su estreno, que fue creciendo y creciendo con el paso de los meses, el boca-oreja y la importancia extratelevisiva que ha adquirido la historia que cuenta. Portadas de revistas, intensas/os fans y hambre por cada detalle que se pudiera conocer de la segunda temporada. Por eso, Jenji Kohan lo tenía muy difícil para no decepcionar a mucha gente, ese famoso “síndrome del segundo álbum” aplicado al mundo de las series, cuando las expectativas están altísimas. La buena noticia es que la creadora no se ha dejado influir mucho por los factores externos y ha seguido contando su historia. Esta temporada comienza por todo lo alto, con dos episodios atípicos dentro del corpus de la serie, definido por la primera temporada. No se logra mantener ese nivel durante toda la tanda, descompensada por la ambiciosa propuesta y por tener una veintena de personajes a los que servir, pero el resto de capítulos no son nada desdeñables. Pájaro sediento (2.1) descoloca al espectador al seguir a Piper (una Taylor Schilling extraordinaria, asombrosa en su conjugación de emociones) en su traslado a Chicago para el juicio del señor de la droga para el que Alex trabajaba. Es un capítulo atípico porque la audiencia no sabe más que la protagonista, porque la única persona del reparto principal que sale es Laura Prepon y porque no se responde a la pregunta que suscitaba el cierre de la temporada anterior: ¿qué ha pasado con Pennsatucky? Tras acabar el capítulo con un cliffhanger de categoría, Parece azul, sabe a rojo (2.2) vuelve a la prisión de Litchfield pero sin Piper, así que la protagonista está ausente mientras los guionistas introducen sabiamente uno de los núcleos narrativos más importantes de la temporada: Vee y su grupo de niñas perdidas, con especial mención para la monumental Uzo Aduba y su Ojos Locos, cuya última imagen en la temporada es conmovedora. Lo magistral de la aparición de Vee es que cierra el capítulo de sorpresa, tras verla en flashbacks durante todo el episodio, centrado en la juventud de Taystee (una Danielle Brooks eficaz en lo cómico pero deficiente en lo dramático).

    Orange is the New Black (Temporada 2)

    Con un evidente afán de contar historias sobre mujeres de todas las edades, razas y condición sexual, esta segunda temporada es distinta, más coral y sin miedo a no usar el caballo de Troya que era Piper (una chica blanca con buena educación) para abordar las tramas, más que nada porque ya está dentro de la ciudad. Los flashbacks de las presas han seguido siendo uno de los puntos fuertes de la serie, usados con sabiduría y siempre sorprendiendo al espectador respecto a las cábalas que uno pudiera hacerse sobre el pasado de estas mujeres. El reparto es tan amplio y los personajes tan interesantes que aunque el espectador preferiría saber otra historia, no puede evitar maravillarse ante lo que esos selectos fragmentos del pasado cuentan sobre (y cambian a) las protagonistas. Orange is the new black ha abierto su foco y el cambio le ha sentado bien, aunque no fuera necesario. Es un cambio que responde a la necesidad de la gran Jenji Kohan y su equipo de guionistas (al que se ha sumado un antiguo compañero de Kohan en Weeds (2005-2012), Stephen Falk) de contar historias sobre personajes que no reciben atención en los medios y muchas veces no pueden explicarse. Personajes que aquí obtienen tridimensionalidad por el sensacional y muy bien elegido reparto, capaz de dar profundidad a las mujeres que interpretan sin aparente esfuerzo. La serie equilibra con mano maestra humor y drama, peligro y verdad, profundidad y chistes de sexo en un cóctel siempre original y que además entretiene en lo más básico al espectador.

    Las nuevas incorporaciones, como Soso, son una joya y cruzan caminos con personajes secundarios en los que se profundiza en estos 13 capítulos, como Rosa y su cáncer o la egocéntrica hermana Ingalls; pero la ya nombrada ambición de la serie hace que otros personajes queden desdibujados y su presencia sea más intermitente. En algunos casos, la imposibilidad de contentar a todos lleva a tomar decisiones entendibles pero decepcionantes, como suprimir sin mucha explicación la amenaza palpitante que era Pennsatucky, mucho más mansa porque lo dice el guión; o que la esperada vuelta de Méndez sea tan estéril, cuando el popular Pornstacho era un villano de nivel (Pablo Schreiber es un actor ocupadísimo, así que solo pudieron disponer de él por un tiempo limitado). Es evidente que el libro de Piper Kerman ha dejado de ser una fuente para seguir fidedignamente la historia, a tenor del rumbo que ha tomado la trama de Larry, cuando el “verdadero Larry” está casado con Kerman. Es llamativo que se diga de una serie con 12 capítulos que duran de media 57 minutos y un final de temporada de 92 que ha tenido poco tiempo para contar bien todo lo que quería, pero también hay que aplaudir el talento de los guionistas para poder articular un discurso que englobe con coherencia una crítica al sistema de prisiones y que hable de las relaciones de poder, los vaivenes sentimentales de un gran grupo de personajes sin ponerse ñoños, el vampirismo sentimental (la jugada que Piper le hace a Alex en el final), el peso de nuestras decisiones, los juegos de afecto y qué significa ser libre. El permiso carcelario de la protagonista da lugar a una reflexión muy compleja sobre lo amenazante que puede ser la sociedad cuando deja de ser nuestra rutina.

    Orange is the New Black (Temporada 2)

    La temporada peca en algunos pasajes de morosa con las tramas del juego de alianzas y traiciones de Vee y Red, con escenas eternas donde los personajes discuten sus lealtades y repiten cosas que ya sabemos, pero el desenlace de la historia compensa con creces ese peaje, sobre todo cuando el asunto se pone peligroso en el último tramo de la temporada. Lorraine Toussaint ha hecho un gran y valiente trabajo con ese personaje bombón que es Yvonne Parker, alias “Vee”, y confirma lo que ya sabíamos, que Orange is the new black escribe espléndidos personajes femeninos. Al otro lado de la cámara también ha habido una mayor presencia de directoras (Jodie Foster regresa tras dirigir en la primera, Allison Anders, Daisy von Scherler Mayer, SJ Clarkson, Jennifer Getzinger) firmando episodios de lo más dispares y una narrativa que fortalece al elemento femenino frente al masculino, más básico aunque no simple. La última imagen de la temporada es la demostración definitiva de esto, cuando una mujer en apariencia derrotada reclama –con la ayuda de otra mujer, romántica empedernida– su derecho a morir como ella quiera. Y erradicando de paso a los groseros del mundo, que hay muchos. | ★★★ |

    Adrián González Viña
    redacción Sevilla


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