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    Crítica | Encubrimiento (Whitewash)

    Encubrimiento (Whitewash)

    La conciencia, el mayor verdugo

    crítica de Encubrimiento | Whitewash, Emanuel Hoss-Desmarais, 2013

    El cine ha sabido explotar en distintas ocasiones ese halo inquietante que poseen los paisajes rurales en donde sus habitantes parecen vivir alejados del bullicio de las grandes ciudades. Lugares aislados en donde parece que nunca pasa nada trascendente y los minutos se hacen tan largos como si fuesen horas. Si los escenarios son nevados, éstos funcionan mejor para acentuar la frialdad con la que los protagonistas de estos thrillers criminales se comportan ante sus vecinos, despojándose de cualquier atisbo de moral o conciencia para ser capaces de encubrir su pecado sin ni siquiera pestañear. Los hermanos Coen lograron una de sus obras maestras siguiendo estos esquemas con Fargo (1996), en donde al bueno de William H. Macy se le complicaba más de la cuenta el plan ordenar secuestrar a su esposa para sacarle un buen pellizco del rescate a su suegro adinerado. Pese a que el título hace referencia a la ciudad de Dakota del Norte, la mayor parte de la acción tenía lugar en la invernal Minnesota. También Sam Raimi eligió este lugar para ambientar la historia de la que es su obra más madura hasta la fecha, Un plan sencillo (1998), con la que hizo un pequeño paréntesis en su habitual cine fantástico. En ella pudimos asistir a la odisea de dos hermanos que decidían quedarse con una maleta llena de dinero que encuentran en un avión accidentado, mostrando hasta qué punto la codicia es capaz de corromper al ser humano. La canadiense Whitewash (2013), debut en la dirección de Emanuel Hoss-Desmarais –que también escribe el guión en colaboración con Marc Tulin y aparece como actor en un pequeño papel–, vendría a catalogarse en este tipo de cine, con la excepción de que cambia la norteamericana Minnesota por los nevados bosques de Quebec. La película llega precedida, además, por un buen recibimiento en la Sección Punto de Encuentro de la Seminci de Valladolid y en el Festival de Tribeca, donde Desmarais se hizo con el premio al Mejor nuevo director. Méritos no le faltan, ciertamente.

    Encubrimiento –título que se le ha dado en España a Whitewash– nos traslada al duro invierno canadiense en un pequeño pueblo del norte de Quebec. Allí vive su aburrida existencia Bruce, un hombre de mediana edad cuya esposa ha fallecido y que no puede trabajar con su máquina quitanieves después de que tuviera un grave accidente por conducir bajo los efectos del alcohol. Por circunstancias de la vida, Bruce se topará con Paul, un perdedor en similares circunstancias personales a las suyas al que ofrece cobijo bajo su mismo techo. Un accidente fortuito hace que Bruce tenga que huir a los bosques, sobreviviendo como puede a las bajas temperaturas y la falta de comida y evitando ser delatado a la policía por los lugareños con los que se cruza en su aventura. No estamos ante un thriller criminal como sí lo eran más explícitamente Fargo o Un plan sencillo, ya que todo lo que le ocurre al personaje principal es meramente accidental y el espectador puede llegar a entender las decisiones que va tomando a lo largo de la historia. Se presentan, eso sí, interesantes dilemas morales sobre si el camino elegido es el correcto o no, que dotan a la cinta de una turbiedad que sí comparte con las obras antes citadas. El filme comienza de manera rotunda y contundente con el violento acontecimiento que desencadena el drama para, a continuación, mostrarnos mediante continuos flashbacks todo lo que ocurrió entre los dos personajes antes de llegar a ese momento. Las dos líneas temporales –la pasada que muestra la peculiar relación que se establece entre el anfitrión Bruce y el enigmático Paul, y la presente en donde vemos los contratiempos a los que se enfrenta el fugitivo– están dotadas de gran atractivo. Por un lado, resulta muy interesante el retrato que hace el director de sus dos personajes, unos seres a los que la vida no ha tratado bien y que el azar ha hecho que sus destinos se crucen en el camino de manera fatal. Marc Labrèche está estupendo en su ambiguo papel de Paul, de pasado tan desconocido como lo son sus intenciones, pero lo que hace el señor Thomas Haden Church con su encarnación del desdichado Bruce es para quitarse el sombrero. El protagonista de Entre copas (2004, Alexander Payne) se mete al público en el bolsillo con una interpretación enorme en la que, por exigencias del guión, debe permanecer solo en pantalla durante gran parte del metraje, dándole una gran oportunidad de lucimiento a través de diferentes monólogos en los que parece hablarle a la cámara, dando la versión que daría de los hechos si fuera capturado por la policía.

    Whitewash

    Encubrimiento es uno de esos extraños filmes que, pese a tener un ritmo pausado y que da la sensación de que no ocurren grandes cosas en pantalla, logra meterse lentamente bajo la piel del público, de una manera casi hipnótica que hace que le mantenga pegado a la butaca hasta que aparecen los títulos de crédito finales. No hay que esperar de la cinta abundantes dosis de acción o violencia porque no las hay. Lo suyo es más un ejercicio de introspección con dos personajes apasionantes en su costumbrismo. La tensión nunca parece forzada, ya que aparece en circunstancias de lo más naturales –la escena en el restaurante en donde Bruce sospecha que la camarera le ha reconocido por su foto en el periódico; el momento en el cobertizo con la niña–. Esta sobriedad en el fondo y la forma –aunque hay que reconocer que la fotografía de André Turpin cumple a la perfección a la hora de llenar de frialdad y desamparo cada fotograma– jugarán, sin duda, en contra de esta estimulante y notable película haciendo que pase con más pena que gloria por las salas comerciales. Encubrimiento es de ese tipo de cine independiente (canadiense esta vez) confeccionado con suma inteligencia para que, bajo su aspecto sencillo y convencional, esconda un trabajado dibujo psicológico de sus criaturas. Por ello, sería una pena no darle una oportunidad a esta propuesta tan estimulante y que contiene una de las actuaciones más complejas y minusvaloradas (la de Thomas Haden Church, por supuesto) de las que se pudieron ver en 2013. | ★★ |

    José Antonio Martín
    redacción Las Palmas de Gran Canaria

    Canadá. 2013. Título original: Whitewash. Director: Emanuel Hoss-Desmarais. Guión: Marc Tulin, Emanuel Hoss-Desmarais. Productora: micro_scope. Fotografía: André Turpin. Música: Serge Nakauchi Pelletier. Montaje: Arthur Tarnowski. Intérpretes: Thomas Haden Church, Marc Labrèche, Anie Pascale, Vincent Hoss-Desmarais, Geneviève Laroche.

    Whitewash poster
    Tierra de Dios

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