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    Crítica | The Lunchbox

    The Lunchbox

    Amar en los tiempos del tupperware

    crítica de The Lunchbox | Dabba, de Ritesh Batra, 2013

    “Podría contar mi vida uniendo casualidades”, decían los Amantes del Círculo Polar de Julio Medem, dos nombres capicúa relatando de manera subjetiva el azar y la magia que habían determinado irreversiblemente el rumbo de sus vidas. Y es que, dentro y fuera de la gran pantalla, las casualidades más variadas son el motor que impulsa el comienzo de numerosos y diversos romances: Trágicos, fatales, alegres, pasajeros y pasionales, sea como fueren, todos ellos comienzan con ese giro vital de las circunstancias que cose las trayectorias de dos desconocidos. Desprovista de grandilocuencia y tono épico, inundada de ternura y comicidad, llegaba esta semana a la cartelera española este filme procedente de la India y titulado The lunchbox (en idioma patrio, la fiambrera, la caja del almuerzo, o en cristiano, el tupper de toda la vida); una historia cotidiana de amor con envoltorio epistolar. En esta ópera prima del director Ritesh Batra el flechazo no procede de los modernos aparatos tecnológicos; no son las redes sociales, ni los e-mails, ni el intercambio de sms los encargados de iniciar esa conexión química entre el dúo protagonista que encandila la atención del espectador, sino una simple fiambrera, que además de alimentos, esconde mensajes. En las ciudades indias como Bombay, es típico comer durante el ecuador de la jornada laboral haciendo uso de deliciosa y especiada comida casera, en contraposición a los sándwich fríos y las soluciones prefabricadas usuales en el mundo anglosajón. Así, a partir del hábito diario de enviar a su marido (el serio Nakul Vaid) un original bocado en su fiambrera a través de un sistema de reparto urbano, la protagonista, una bella y natural Nimrat Kaur, comienza a comunicarse con un hombre al borde de la jubilación debido a un error. El exótico plato de la joven llega a manos de este meticuloso y genuino señor (el internacional Irrfan Khan, rostro famoso fuera de la industria bollywoodiense gracias a títulos como Slumdog Millionaire o la más reciente, La vida de Pi), en un punto de inflexión en el que se avecina el cambio en sus vidas. Una ilusión cotidiana a priori sin importancia, se convierte, como en muchas ocasiones de la vida real, en un aliciente diario que levanta sus autoestimas y despierta inquietudes nuevas, dentro de ese peculiar modo de interacción tan sencillo y convencional como una clásica cajita para comer caliente.

    The Lunchbox

    El transcurso de este romance especiado y teñido de una tierna exaltación del localismo, la tradición, y la gastronomía típicas de su zona geográfica, se sustenta en una acusada ambivalencia: por una parte, asistimos al interrelación encantadora (realista, de personajes bien construidos, rutina descrita en coloristas imágenes, escenarios de corte intimista y cercanos al espectador; todo ello como parte de un encumbramiento del minimalismo temático) entre este gris y amable funcionario en el ocaso de sus días de trabajo, y esta bella joven que no parece sentirse demasiado satisfecha con su encorsetado y agridulce matrimonio, pues su esposo peca de celos y autoritarismo, y sus ricas recetas son un intento por reconquistar su corazón a través del paladar; la novedad en los primeras secuencias resulta embriagadora, dulce y de matices irónicos y críticos con el desarrollo económico de su zona, además de contar con dos buenas interpretaciones de su tándem protagonista y no pecar de empalagoso, pretencioso o excesivamente melodramático. Sin embargo, y en contraposición a estos rasgos optimistas y a sus brillantes ultimos minutos, The lunchbox en una especie de farragosa, e innecesaria, dicho sea de paso, constante reiteración narrativa: las secuencias son muy similares unas a otras, y aunque la calidad de los textos es buena y la sensibilidad de su director palpable en el trasfondo, algo falla y debilita nuestras expectativas. Cada fragmento alarga sin sentido segundos, minutos, planos y silencios, y esos pequeños detalles ahogan ese sentido homenaje a las minorías, a la tradición india, y al amor no convencional que Ritesh Batra nos propone en esta cinta, premiada y alabada por certámenes y público pero a la, según mi humilde opinión le falta sangre, le sobra tiempo y pierde esa magnífica oportunidad de ensalzar con acierto la belleza del costumbrismo y la crítica de la pobreza de gran parte de su sociedad.

    Si, como decían en Tomates verdes fritos, “El secreto está en la salsa”, a The lunchbox le ha faltado ese contrapunto de gracia, de acabado o de ritmo que genera un filme redondo, porque precisamente en el ecuador de su metraje es cuando más carece de fogosidad, de trascendencia y de músculo narrativo, una lástima porque si de algo no carece su argumento, es la humanidad, el realismo y las buenas ideas que emanan de su guión y de su reparto. El rigor de su empuje inicial regresa al final devolviéndonos un buen sabor de boca pero que persiste más tarde en la memoria: este amor a la fiambrera es capaz de levantarnos el apetito, y nos remata la velada llena de fragancias y sabores contentos con el postre, pero a la vez demasiado empachados y todavía con el hambre reclamando acción, profundidad y resolución de una hermosa historia de amor y cotidianidad. | ★★★★ |

    Andrea Núñez-Torrón Stock
    redacción Santiago de Compostela

    India, 2013, Dabba (The lunchbox). Director: Ritesh Batra. Guión: Ritesh Batra . Música: Max Ritcher. Fotografía: Michael Simmonds. Productora: Cine Mosaic. Reparto: Irrfan Khan, Nimrat Kaur, Nawazuddin Siddique, Denzil Smith, Bharati Achrekar,Nakul Vaid, Yashvi Puneet Nagar, Lillete Dubey Presentación oficial: 2013: Festival Cannes: Semana de la Crítica - largometraje en concurso. 2013: Festival de Toronto (TIFF): Nominada al Premio del Público (Mejor película).

    Póster de The Lunchbox
    Feelmakers

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