Introduce tu búsqueda

  • Dos ventanas al vacío.
    A Ghost Story, de David Lowery.

    Cock-a-Doodle Dandy.
    Free Fire, de Ben Wheatley.

    En la sombra de la Bohemia.
    Especial 52º Festival de Karlovy Vary.

    Feminismo bizarro.
    Love Witch, de Anna Biller.

    Crítica | Touchy Feely

    Touchy Feely

    Toques que no marcan

    crítica de Touchy Feely | de Lynn Shelton, 2013

    La comedia independiente norteamericana tiene su encanto. Muestra vidas típicas a las que le suceden cosas interesantes y se las trata de analizar de la manera más enérgica y diferente posible. Hay muchos directores contemporáneos que han conseguido este objetivo, como los consolidados Jim Jarmusch, Kevin Smith y Todd Solondz, realizadores con un acentuado estilo que han conquistado a un público ávido de relatos con de tono intimista. Año tras año saltan a la palestra nuevas firmas que garantizan la salud de una industria que no deja de sorprender. Es el caso de la directora Lynn Shelton, que en 2011 obtuvo su mayor éxito con la romántica El amigo de mi hermana (Your sister’s sister), una obra con diálogos ingeniosos y momentos de gran cine. Algo que provocó una moderada expectación con el lanzamiento de su nuevo trabajo. Por desgracia, no resulta ser tan reconfortante como el predecesor.

    En Touchy Feely se nos presenta la historia de dos hermanos: Abby, una exitosa masajista que de un momento a otro empieza a sentir rechazo al contacto físico, y Paul, un fracasado ortodontista que tras una asistencia dental a un amigo de su hija experimentará una gran subida en su clientela. La cinta resulta interesante en un inicio ya que, entre otras cosas, está abierta a presentar cómo las relaciones familiares pueden resultar afectadas por decisiones ocasionadas por la represión y la incapacidad de contacto tanto físico como emocional de quienes interactúan en su diminuto círculo familiar. Abby es la hermana triunfante, libre y moderadamente satisfecha que verá cómo inexplicablemente su mundo se viene abajo por un aparente desequilibrio en su energía interior y que trascenderá no sólo en su trabajo sino también en su noviazgo que verá cómo se empieza a ir a pique; por su parte Paul, un hombre casi antisocial, incapaz de sostener una relación cualquiera y que vive dependiendo de la compañía de su hija, verá cómo crece en él un repentino impulso por el éxito, que siempre estuvo del lado de su hermana; las personas verán en él un hombre con un toque capaz de sanar cada vez que visitan su consultorio. Eso repercutirá positivamente y lo llevará a un nuevo nivel.

    Touchy Feely

    Touchy Feely ofrece, por medio de un contraste de historias y a través del diálogo sobre la construcción de las relaciones fraternales, una disputa interesante sobre el éxito y el fracaso. Para plantearlo, articula la trama en torno al quinto sentido: el tacto. Abby las utiliza para acariciar, tocar, limpiar, posibilitar el relax en las personas; Paul lo hace para manejar sus instrumentos y conseguir curar las afecciones dentales de la gente, y hacer que se sientan seguras de ellas mismas. Un detalle casi místico que en su desarrollo en pantalla resulta curioso sin más. Los papeles se intercambian, pero todo culmina sin poder llegar a la cima, sin poder experimentar el trasfondo, sin poder examinar a precisión los elementos entregados y recepcionar el mensaje. Un trabajo tan plano que resulta decepcionante. Mérito (el único) de la directora es el de conseguir que sus personajes tengan un inusitado brillo y aporten a través de sus rasgos bien conseguidos animar la blanda historia. Y digo blanda porque aunque se percibe en el desarrollo de la cinta ese toque álgido y cierta áurea de los personajes, a la cinta le falta mucho para emocionar y no pasar por desapercibida. Se presentan un sinnúmero de momentos interesantes, pero totalmente desaprovechados por la incapacidad para hacer llegar al espectador esa vibración; es un puñado de ideas atractivas mal elaboradas que dejan un sabor amargo, deseando que todas ellas se explotaran mucho más. Eso parecen querer gritar Ellen Page, en una estupenda interpretación como la hija encadenada a una vida rutinaria lejos de lo que realmente anhela, y Rosemarie DeWitt, mordaz como siempre y más que eficaz en su personaje. No resultan suficientes sus esfuerzos ante la inoperancia narrativa del guion de la propia Shelton. Queda la sensación de un trabajo incipiente, mal ejecutado pero simpático. Lo negativo es que la simpatía no lo es todo a la hora de hablar de cine; y si se trata de toques, que al menos dejen marca. | ★★★★

    Daniel Bermeo
    redacción Ecuador

    Estados Unidos, 2013, Touchy Feely. Directora: Lynn Shelton. Guion: Lynn Shelton. Presentación oficial: U.S. Competition Sundance 2013. Música: Vinny Smith. Fotografía: Benjamin Kasulke. Intérpretes: Rosemarie DeWitt, Allison Janney, Ron Livingston, Scoot McNairy, Ellen Page, Josh Pais.

    Touchy Feely póster
    El fulgor efímero

    0 comentarios:

    Publicar un comentario

    "Sueñen. Vean cine."

    Críticas

    Festivales

    • El cine de Olivier Assayas. Una mirada a su filmografía

      Por Ignacio Navarro / «Todo lo que se necesita para hacer una película es una mujer y una pistola. Esta frase un tanto discutible (por lo sexista) la pronunció Jean-Luc Godard, nada menos que el estandarte de esa corriente tan identificable del cine como fue la Nouvelle Vague...».
    • Las 10 mejores películas de Luis Buñuel

      Por Alberto Sáez Villarino. «A pesar de lo que pudiéramos imaginar, movidos por la falta de preocupación de unos medios de comunicación con cierta tendencia a la holgazanería a la hora de catalogar los estilos y movimientos artísticos, el período surrealista de Buñuel fue considerablemente breve. En realidad, sólo dos películas entran dentro de los esquemas político-estéticos propuestos por André Breton: Un perro andaluz y La edad de oro...».
    • Monstruos que huyen, monstruos que persiguen, monstruos que observan: M, el vampiro de Düsseldorf

      Por Elisenda N. Frisach. «Fue a mediados del siglo pasado, cuando Europa se recuperaba de la Segunda Guerra Mundial mientras se encaminaba a una tercera contienda de alcance planetario –aunque esta vez marcada por un equilibrio del terror conocido como «Guerra Fría»–, que el historiador francés Daniel Halévy publicó su libro Ensayo sobre la aceleración de la historia (1948), donde, entre otras cosas, determinaba el espíritu de nuestra época; un zeitgeist marcado por la constante transitoriedad tecnológica y científica...».

    Classics

    [12][Trailers][slider3top]