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    SIN TREGUA (END OF WATCH, 2012) | CRÍTICA

    Crítica de Sin tregua (End of Watch) - End of Watch review
    CRÓNICA EN HD
    Sin tregua (End of Watch, David Ayer, 2012)

    Por la noche, las calles de Los Ángeles se tornan desobedientes. Las distancias son aún más largas que por el día y el coche se convierte en una necesidad imperiosa. Recorrer el cinturón de la ciudad al volante de un coche americano debe de ser lo más parecido a una experiencia cinematográfica inolvidable, de esas que marcan de por vida a causa de un falso sentimiento de libertad, de vulnerabilidad y cierto nerviosismo. Allí descansan mafiosos, pandilleros, policías que miran como búhos puestos de cafeína, inmigrantes, mendigos, freaks, drogadictos y, por supuesto, gente normal. Trabajadores que, conociendo la atmósfera turbia del terreno, deciden cobijarse en sus casas hasta que sale el sol. Los Ángeles posee todas las condiciones que definen a las grandes metrópolis del mundo: aquí lo mejor y lo peor del Salvaje Oeste, ahora modernizado, cuyas luces apenas dejan margen para la confianza en alcaldes y virtuosos del eslogan que prometen poner fin a la sangría. El atractivo de L.A. es una quimera para los más desfavorecidos, personas ajenas al lujo de Beverly Hills y el artificioso Hollywood, donde el éxito es moneda de cambio. Y sin embargo, qué sería de nosotros, cinéfilos, sin esa fábrica de películas que tantas alegrías (y desengaños) nos ha ofrecido.

    End of Watch, David Ayer
    Michael Peña y Jake Gyllenhaal en 'Sin tregua', de David Ayer
    El director David Ayer absorbió toda esa aspereza cuando era pequeño, durante su estancia en los barrios marginales de South Central, al sur del downtown, en donde la delicuencia organizada o anárquica era una vecina demasiado insoportable. Un lugar necesitado de orden, es decir, de policías que lejos de mostrarse con la capa de héroe –que también, no todo es corrupción, supongo– se limitan a ejercer su labor con puño de hierro. O al menos con una sonrisa en los labios. En Training Day –escrita por el propio Ayer– creó a un personaje marcadamente corrupto, cuya condición de veterano le obligaba a cargar con un pipiolo que debía observar las pesquisas de su trabajo: el día de entrenamiento que daba título a la historia protagonizada magistralmente por Denzel Washington, y que le valió un Oscar. Sin duda, el realizador rescataba de su imaginario gestos y palabras reconocibles, realistas, describiendo con inteligencia y conocimiento los rincones más turbios del oficio de servidor de la ley. Afortunadamente mantiene sus constantes creativas en Sin tregua (2012), cuyo relato describe el día a día de una pareja de agentes del LAPD (Departamento de Policía de Los Ángeles), dos tipos honestos que se profesan una gran amistad. Uno genuinamente americano; el otro, mexicano hasta la médula. Demasiado ramplón y manido si no fuese porque el primero no se despega de una cámara de vídeo con la que graba todas y cada una de sus intervenciones, sus diálogos patrulleros, e incluso los más privados festejos familiares.

    La forma, dispuesta con nervio y vocación documental, está justificada. El trabajo de cámara, valiéndose del gran angular y el creciente ritmo de las secuencias, es un triunfo de principio a fin. Sin tregua reafirma las estupendas condiciones de un cineasta instalado en el drama criminal. Y aunque su punto de vista se encuadra bajo el prisma de los buenos, no logra contagiarse de ese maniqueo deseo de idealizar a los que portan una placa. Jake Gyllenhaal y Michael Peña ofrecen sendas interpretaciones de alto calibre: su complicidad es una de las mejores bazas de la película. Son amigos, casi hermanos salpicados por el (re)flujo de un cártel que opera en la efervescente ciudad angelina. Y ésta no había sido fotografiada con tanta precisión desde Collateral (Michael Mann, 2004), una obra cuyo legado se advierte en la negra caligrafía de David Ayer. En su humanidad, también. Al fin y al cabo se trata del ecosistema de Vick Mackey, o de ese traumado detective al que le decían: “Olvídalo, Jack. Esto es Chinatown”, de Sunset Boulevard y del Paseo de la Fama, de los cuervos de Hollywood que describía cortantemente Joseph Wambaugh, de Pluto guardándose la droga en su gigantesca cabeza mientras Wonder Woman y Batman intercambian golpes frente al Teatro Chino. De Vivir y morir en Los Ángeles, en definitiva. Todo y nada.

    Juan José Ontiveros.

    Estados Unidos, 2012. Título original: End of Watch. Director: David Ayer. Guión: David Ayer. Música: David Sardy. Fotografía: Roman Vasyanov. Reparto: Jake Gyllenhaal, Michael Peña, Anna Kendrick, Frank Grillo, America Ferrera, Natalie Martinez, Cody Horn, David Harbour. Productora: Open Road Films / 5150 Action / Crave Films / Exclusive Media Group / Emmett/Furla Films.

    End of Watch poster
    En cuerpo y alma

    3 comentarios:

    1. No me esperaba una crítica semipositiva en este blog de esta película. Estoy leyendo de todo. Todos coinciden en la química de la pareja protagonista. La historia es la típica y el modo de filmar no me atrae. Harsh Time con Bale es horrorosa y está perpetrada por Ayer too.

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    2. Esta película se ha desinflado un poco con la crítica que no la ha resaltado, empezó con fuerza y ha ido menguando hasta pasar desapercibida, pero como se lee si retrata a ese LA tan cinematográfica y pone a dos policías a rondarle en su criminalidad y extravagancia creo que tenemos algo entre manos, además día de entrenamiento es una obra maestra, me fascina ese filme, la veo en cuanto pueda, por aquí la tengo. Buena crítica Juan José, recuperas el filme, provoca verlo. Saludos a Emilio.

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    3. Ya "Dueños de la calle" me pareció, sin ser la octava maravilla, una película entretenida. Jake Gyllenhaal es un actor que me cae simpático desde los tiempos de "Donnie Darko" y si la cosa tiene un tufillo a lo "Training Day", seguro que está bastante visible. Habrá que echarle un vistazo. Buen trabajo, Juan José. Un abrazo!

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