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    Seminci 2019
    Seminci 2019

    Espiga sanadora

    Palmarés de la 64ª edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid.

    Un palmarés en cierta medida justo ha salvado los muebles de una edición de la Seminci más pobre de lo esperado inicialmente. La consecución de la Espiga de Oro tiene un valor doble para la cinta mongola Öndög –cuyo título en España será El huevo del dinosaurio—: por un lado, un premio de prestigio para su cineasta, Wang Quan’an, el realizador más importante de la historia de su país –ganador del Oso de Oro 2006 por La boda de Tuya—; por otro, avivará el interés del público llegado su estreno, que correrá a cargo de la distribuidora Caramel Films, que se hizo además con los 75.000 euros que acompañan al máximo galardón; una jugada redonda. Lo cierto es que todo lo que no fuera un triunfo de Echo, de Rúnar Rúnarsson, Lara, de Jan-Ole Gerster, The Father, de Kristina Grozeva y Petar Valchanov, o la citada vencedora, de largo las mejores películias de esta entrega, empobrecería más, si cabe, un certamen desangelado en cuanto a atractivos, lastrado por una serie de decisiones programáticas incomprensibles –filmes como El plan, Despite the Fog u Hombres de piel dura son enormemente deficitarios— y que, por suerte, su jurado ha decidido arreglar con decisiones coherentes y evitando cualquier compensación a las ya clásicas cuotas que dominan el circuito de festivales. A continuación, el cuadro de honor:

    ◼ Espiga de Oro: Öndög (El huevo del dinosaurio) de Wang Quan’an, Mongolia.
    ◼ Espiga de Plata: La vida invisible de Eurídice Gusmão de Karim Aïnouz, Brasil.
    ◼ Mejor director: Rúnar Rúnarsson por Echo, Islandia.
    ◼ Premio Pilar Miró al mejor nuevo director: Mouina Meddour por Papicha, Argelia.
    ◼ Mejor actriz: Julia Stockler y Carol Duarte por La vida invisible de Eurídice Gusmão, Brasil.
    ◼ Mejor actor: Levan Gelbakhiani por And then we danced, Suecia.
    ◼ Premio Miguel Delibes al mejor guion: Jean Pierre y Luc Dardenne por El joven Ahmed, Bélgica.
    ◼ Premio José Salcedo al mejor montaje: Marie-Hélène Dozo y Tristan Meunier por El joven Ahmed, Bélgica.
    ◼ Mejor fotografía: Aymerick Pilarski por Öndög (El huevo del dinosaurio), Mongolia.
    ◼ Premio del público: Papicha de Mouina Meddour, Argelia.
    ◼ Premio FIPRESCI: La vida invisible de Eurídice Gusmão de Karim Aïnouz, Brasil.

    por Emilio M. Luna
    octubre 26, 2019

    Seminci 2019: Palmarés

    por Emilio M. Luna | octubre 26, 2019

    Nuevos tiempos, viejas costumbres

    Especial 64ª edición de la Semana Internacional de cine de Valladolid.

    Los aplausos. Gestos automatizados en festivales; medidores de sensaciones para algunos, explosiones de admiración para otros; simples actos de rebeldía o cúlmenes forzados por la regiduría de turno. Los aplausos, y su implosión al final de cada proyección, son lo más llamativo para el espectador primerizo de la Seminci. Los aplausos del público convencional que asiste casi por decreto a cada edición del certamen de su ciudad, una celebración veterana disoluble de la esencia pucelana. Esta fiesta de palmas es la verdadera demostración del amor que el espectador tiene por su festival. Poco importa la calidad de la película, el público aplaude. Con una ingenuidad que enternece, que nos traslada a otros tiempos donde la obra de un cineasta siempre estaba por delante, y, tras ella, el respeto de la platea. Los aplausos de la Seminci acaban disolviendo los silbidos, incluso algunos ronquidos, de la prensa acreditada. Esa fauna de fácil reconocimiento –son los seres hiperactivos que pululan en cócteles como si de polillas rondando un foco de luz se trataran— y, tristemente, con cada vez menos relevancia. De esta manera, cuanto más cerca esté uno del público local más sencillo resulta apreciar esta Semana Internacional de Cine de Valladolid que el próximo sábado día 19 iniciará su ya sexagésimo cuarta entrega. Un acto de supervivencia increíble si lo piensan. La batalla de la Seminci está (y estará) perdida. El prestigio es un fulgor dorado devenido leyenda. Solo queda la tradición como soporte —más ese ciudadano patrimonial. La industria lo ha cambiado todo y los pequeños festivales luchan por prevalecer. De nada valen los galones o los huecos ocupados en revistas decanas. Es otra época. Ser sabedor de esto es el principal mérito.

    Alabar a la Seminci es ser consciente de sus profundas limitaciones. No solo es una cuestión de rango y la consecuente carestía presupuestaria. También es una cuestión artística. Pese a la rebeldía de sus programadores, hablamos de un festival-contenedor, que aglutina lo más destacado de la factoría autoral presentada en los festivales de Categoría A meses atrás, en una dura competencia con Gijón y Sevilla. En cierta manera, es el catálogo de las distribuidoras independientes nacionales realizando una primera prueba de estrés, de cara a una futura, que no inminente, salida hacia salas comerciales. Un banco de pruebas donde convergen diferentes trayectorias y dinámicas que aclaran el destino de estas obras una vez se sometan al interés del usuario. A propósito de ello, un ejemplo reciente con trabajos creados en unas similares coordenadas de proximidad. El curso pasado arribaron a la competición de la Seminci tres títulos nórdicos: Utoya. 22 de julio (Utøya 22. Juli, Erik Poppe, 2018), The guilty (Den skyldige, Gustav Möller, 2018) y La mujer de la montaña (Kona fer í stríð, Benedikt Erlingsson, 2018). Tres largometrajes muy estimables que vivieron premieres muy diferentes en los certámenes que las presentaron pero que salieron de Pucela con un estatus muy distinto que después tuvo correlación con su prestación en taquilla. La cinta noruega de Erik Poppe fue la gran sensación de la Berlinale gracias a su formato y el impacto de los hechos narrados. Pero una vez disuelto el shock –algo contribuyó también la visión de Greengrass con otra película basada en los mismos hechos—, su calificación de ficción-evento fue una losa que acabó sepultando su visibilidad y minó la confianza de su distribuidora. En el lado opuesto se ubican las creaciones de Möller y, sobre todo, Erlingsson, dos de las triunfadoras anónimas de 2018. Ambas se exhibieron sin hacer mucho ruido en Sundance y Cannes (Quincena de Realizadores), respectivamente; llegaron a Valladolid como posibles outsiders y partieron como las películas más valoradas por el público vallisoletano, el mismo que aplaude al final de cada sesión. ¿Casualidad? Ninguna. El mencionado espectador de la Seminci es el mismo que sostiene a la distribución española. El mismo que acude en masa los Renoir, los Golem o los cines Paz de Madrid. El mismo por el que existe aún un mercado pese a la más que evidente sobrecarga de títulos cada fin de semana. Una coyuntura que subraya esa máxima de que no hay películas malas, solo el espectador incorrecto.

    ▼ «El plan», de Polo Menárquez; «A vida invisible de Eurídice Gusmao», de Karim Aïnouz;
    «Intemperie» de Benito Zambrano; «Le Jeune Ahmed» de Jean-Pierre y Luc Dardenne.

    por Emilio M. Luna
    octubre 17, 2019

    Seminci 2019: ¿Qué ver?

    por Emilio M. Luna | octubre 17, 2019

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