Reino animal
Crítica ★★★☆☆ de Ray & Liz de Richard Billingham.
Reino Unido, 2018. Título original: Ray & Liz. Director: Richard Billingham. Guión: Richard Billingham. Compañía productora: Primitive Film. Presentación oficial: Festival Internacional de Cine de Locarno 2018. Productora: Jacqui Davies. Fotografía: Dan Landin. Montaje: Tracy Granger. Diseño sonoro: Joakim Sundström. Reparto: Toni Way, Ella Smith, Justin Salinger, Sam Gittins, James Eeles, Michelle Bonnard, Andrew Jefferson-Tierney, James Hinton. Duración: 107 minutos.
Es muy significativo que uno de los tantos motivos que se repiten de forma incisiva a lo largo de la película sea la imagen de Liz —la madre de la familia retratada en Ray & Liz— armando un rompecabezas. Pasa mucho tiempo haciéndolo y acompaña su actividad fumando cigarros. Éste es uno de esos mecanismos que utilizan los cineastas para dotar de rasgos característicos las personalidades de sus personajes y hacerlos reconocibles y singulares; o como se dice habitualmente: darles dimensión. Asimismo Ray, el padre, bebe cantidades descomunales de cerveza, y en las secuencias en que lo vemos ya anciano y solo, duerme por largas horas en un pequeño departamento ubicado en lo alto de un gran edificio del barrio obrero de Birmingham. Un hombre más joven, parecido al mismo Cristo (hay un buen chiste al respecto), es el encargado de suministrarle diariamente las bebidas alcohólicas de factura artesanal y asegurarse de su mínimo bienestar; en una escena, por ejemplo, se acerca a la cama donde yace Ray para comprobar si continúa respirando, como si existiera una delgada línea entre dormir y morir. La cuestión con la obsesión de Liz por los rompecabezas es que parece una metáfora misma de la realización del filme; desde luego no lo es, pero hay algo que me interesa retomar de este señalamiento.
Ray & Liz es una de esas películas sumamente calculadas a las que es difícil encontrarles algún parche. Todo está en el sitio que le corresponde. Cuando menos esa es la sensación que su director, Richard Billingham, deja como rastro: un puzzle donde las piezas encajan sin objeciones; como un tablero donde las reglas del juego de mesa las pone el director (y gana), sembrando algunos códigos que, aunque tengan o no sentido, cobran importancia por acumulación. El hecho de que los insectos estén presentes ininterrumpidamente, por hablar de otro componente constante, con tomas casi a nivel de lupa, basta como énfasis para que los espectadores extraigamos alguna lectura o encontremos una alegoría que muy probablemente atine a amoldarse a la lógica de la película. Podríamos inferir, por decir algo, que los insectos son como Ray, Liz y sus hijos, Richard y Jason: frágiles frente al entorno (tal vez vinculados a la decadencia y tedio propios de la clase obrera durante el gobierno de Margaret Thatcher, que aunque no está explicitado en la película, es un dato que se puede inferir). Quizá es así, y las intenciones de Billingham son genuinas —e incluso continúan la labor que le dio fama como fotógrafo, cuando hizo una serie de instantáneas de su familia en los años noventa que compiló en el libro Ray’s a Laugh, y que sin duda es una versión sublimada, o bien, una forma precedente, de esta película— pero da la impresión de que estos elementos no complejizan el discurso sino que lo cifran de un modo muy esquemático.
Todo esto es para aludir a un fenómeno representativo del cine actual: su adscripción a las pautas que los festivales de cine ponen en marcha. Es decir que no hablo aquí de algo circunscripto a Ray & Liz, sino a un orden más amplio, donde se gestan obras con señales que promueven la sensación de contener alguna profundidad aunque sin la certeza de que esa profundidad exista. Y me parece que se corren algunos peligros, como hacer pasar las metáforas o conceptos por análisis sociológicos y estéticos, cuando sólo son una repetición de los aspectos ya conocidos de la realidad —o en el peor de los casos una reducción—, pero resueltos, eso sí, con una solvencia técnica impecable. Esta pulcritud tan academicista (en este caso la relación de aspecto y el celuloide en 16 mm lo constatan) sustituye al lenguaje cinematográfico por la técnica, y a la expresividad por la novedad. En Ray & Liz parece ganar esta tendencia en tanto los personajes son vistos a través de un lente preciosista y melancólico que, desde una perspectiva de entomólogo, capta a los personajes como seres agridulces sin posibilidad alguna en la vida, en una fase donde son más un efecto y una agonía que otra cosa.
▼ Ray & Liz, de Richard Billingham,
sección oficial del Festival de Locarno y estreno en España distribuida por Noucinemart.