Introduce tu búsqueda

Guardián
FICX Imatge Permanent
  • Cine Alemán Siglo XXI
    Mostrando entradas con la etiqueta Pol Rodríguez. Mostrar todas las entradas
    Pol Rodríguez
    Pol Rodríguez
    || Críticas | ★★★★★ |
    Segundo premio
    Isaki Lacuesta & Pol Rodríguez
    Sentir la música a través de los ojos


    Yago Paris
    Madrid |

    ficha técnica:
    España. 2024. Título original: Segundo premio. Director: Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez. Guion: Isaki Lacuesta, Fernando Navarro. Productores: Gonzalo Bendala, Paola Botrán, Roberto Butragueño, Laura Castro, Cristóbal García, Alex Lafuente, Fernando Navarro, Fidel Pérez, Edmon Roch, Javier Ugarte, Marta Velasco. Productoras: La Terraza Films, Áralan Films, BTeam Pictures, Ikiru Films, Sideral Cinema, Los Ilusos Films, Toxicosmos. Fotografía: Takuro Takeuchi. Música: Susana Hernández 'Ylia'. Montaje: Javi Frutos. Reparto: Daniel Ibañez, Cristalino, Stéphanie Magnin, Mafo, Chesco Ruiz, Daniel Molina, Edu Rejón, David Alcalá Fraile, Julen Clarke.

    I. El contexto del biopic musical

    Al calor del estreno de Back to Black (Sam Taylor-Johnson, 2024), el biopic musical que aborda la vida y obra de Amy Winehouse, el crítico Alberto Corona ha publicado recientemente un ensayo donde disecciona el citado subgénero. Su tesis es el recrudecimiento de las dinámicas comerciales que han pasado a dominar de manera descabellada la producción de este modelo de cine. Las líneas maestras de estos filmes son: lo baratos que resultan, pues los poseedores de los derechos de autor de la música de la estrella de turno están directamente implicados en la producción del filme; y un entendimiento de la ficción como catalizadora de un aumento exponencial del número de reproducciones posteriores en plataformas de música bajo demanda como Spotify. Corona argumenta que el modelo está viciado, y que, si bien siempre ha tendido a una cierta mediocridad y estandarización, la situación actual –que el autor explica a raíz del rotundo éxito de Bohemian Rhapsody (Bryan Singer, 2018)– es especialmente perniciosa para los intereses cinematográficos, como así lo atestiguan la propia Back to Black o la también reciente Bob Marley: One Love (Reinaldo Marcus Green, 2024), lo que al mismo tiempo tampoco impide que, en ocasiones, sí se produzcan milagros audiovisuales como el de Elvis (Baz Luhrmann, 2022).

    Coincido con mi compañero crítico en que el biopic musical siempre ha sido un subgénero altísimamente codificado. En este sentido, cabe destacar que esto en ningún caso es necesariamente un problema; la cuestión es que la codificación concreta de esta modalidad cinematográfica nunca ha atendido a los intereses creativos, sino de reproducción de un modelo comercial exitoso y fácilmente replicable. También me veo en la necesidad de señalar que el contexto actual –como el del cine en general, tampoco nos llevemos a engaño– es notoriamente peor que el de hace algunas décadas. Solo basta con comparar ejemplos como los citados de Amy Winehouse o de Bob Marley con los desarrollados en la primera década de los 2000 en torno a Ray Charles –Ray (Taylor Hackford, 2004)– o a Johnny Cash –En la cuerda floja (Walk the Line, James Mangold, 2005)–. A nadie se le deberían escapar dos detalles significativos: en aquel entonces la industria musical no sufría la crisis económica en la que hace tiempo que se encuentra, y en aquella época todavía se le daba importancia a la figura del artesano, aquel modelo de director sin necesariamente un discurso autoral, pero sí con una sensibilidad y un conocimiento suficientes de la historia y las características del medio artístico como para narrar de manera solvente y convincente. Back to Black y Bob Marley: One Love son telefilmes sin tapujos, lo que en realidad reincide en la idea señalada por Corona, la de la rentabilidad a toda costa. Ya no existe el menor pudor a la hora de entregar filmes cinematográficamente mediocres, porque el objetivo, más que nunca, no es el de crear una ficción audiovisual valiosa, sino lo que viene después. De la misma manera que el objetivo de cada película del Universo Cinematográfico de Marvel consiste en que quieras ver la siguiente –como lo ejemplifica uno de sus distintivos más claros: la escena poscréditos–, y no tanto en que asistas a una obra rotunda, válida en sí misma, el objetivo actual del biopic musical no es la película en sí, sino las escuchas musicales posteriores.

    Es cierto que la situación actual es especialmente problemática, pero el biopic musical siempre me ha resultado un subgénero podrido por dentro. Como comentaba anteriormente, el punto de partida es pernicioso y dinamita las posibilidades de crear un discurso audiovisual en condiciones. Mis reflexiones en torno a esta modalidad cinematográfica –en cuya tentación tiendo a caer– durante todos estos años me han llevado a concluir que los principales problemas son los siguientes. A nivel narrativo, se tiende a crear una estructura dramática excesivamente rígida. Por un lado, esta tiende al consenso y a lo que se entiende como la «historia oficial». Por otro lado, la habitual evolución de inicios prometedores, ascensión fulgurante, caída a los infiernos y redención final estereotipa y homogeniza las vidas de artistas tan diversos en obra musical, época histórica en la que aparecieron, problemas a los que se tuvieron que enfrentar y, todavía más básico, la mera personalidad inherente a cada individuo. Así, podría dar la impresión de que las vidas de los artistas musicales son intercambiables, lo que deja traslucir una mentalidad de productor musical pop, que, evidentemente, entiende a cada figura bajo su paraguas como una herramienta más que explotar. Al mismo tiempo, parece existir la necesidad de contar el grueso de la vida del artista, lo que necesariamente provoca una notoria ausencia de complejidad en las historias, que evolucionan con prisas por cada etapa vital del músico en cuestión, una circunstancia que facilita la citada estandarización estructural.

    A un nivel dramático, se manifiesta un problema todavía mayor que el narrativo, y que considero que es el principal problema que explica el fracaso habitual de los biopics musicales como obras cinematográficas: en ellas existe una clara tendencia a utilizar la música de los artistas como explicación de la evolución de sus vidas. Y al decir música soy consciente de lo generoso que estoy siendo, porque normalmente no es la música lo que se utiliza, sino exclusivamente las letras de las canciones; interpretar la sonoridad del artista, tratar de dar forma a las sensaciones y atmósferas que esta crea, es una tarea excesivamente compleja para proyectos habitualmente tan desinteresados por la parte artística, ya sea esta musical, cinematográfica o de cualquier tipo que uno se pueda imaginar. Esta realidad se alía con otra, directamente relacionada con el problema en cuestión, que consiste en que los biopics musicales tienden a ser retratos de lo que los artistas hicieron o vivieron, no de lo que su música es y significa. Estas dos ideas se pueden combinar en la siguiente afirmación: en los biopics musicales, la música sirve para explicar las vidas de los artistas.

    por Yago Paris
    junio 08, 2024

    Crítica | Segundo premio

    por Yago Paris | junio 08, 2024

    Estrenos

    Lady Nazca

    Circuito

    la residencia
    PUBLICIDAD
    FestivalScope
    PUBLICIDAD

    Streaming

    Suscripción