El tiempo y el espacio desnudos
La infancia desnuda (L´enfance nue, Maurice Pialat, Francia, 1968).
I. TIEMPO
Ciertamente, resulta interesante que el primer largometraje “oficial” de Pialat comience con un nombre que no es el suyo, y que, de hecho, se convertiría en la sombra que planearía de manera oficiosa sobre el suyo en las Historias del Cine.
Truffaut fue el niño triste que legó el retrato definitivo de la orfandad en el pórtico de la Nueva Ola, y a su vez, Pialat rodó una variación sobre la primera película de la Saga Doinel en lo que parece una suerte de cinta de Moebius histórica que gira entre 1959 –fecha del estreno de
Les quatre cents coups- y 1969. Cortocircuito de imágenes y de historias que ponen al niño abandonado en el centro, el niño salvaje y brutal que crece en los márgenes de la ideología y del tiempo, problema absoluto de las sociedades del bienestar y del pensamiento humanístico: ¿qué hacer con el niño que sobra, el niño que nadie quiere y del que nadie espera nada? Doinel era todavía el rostro amable, ingenuo y dulcísimo, de una suerte de sueño truncado. Se desgajaba frente a la cámara pero podía mantener una cierta ironía guasona, límpida y cercana, incluso en el último tercio de la película. Por el contrario, el niño protagonista de
La infancia desnuda se llama, muy precisamente, François (Michel Terrazon) y está arrasado hasta los huesos. Al contrario que su hermano mayor truffautiano, apenas pronuncia palabra en toda la película y se limita a vagar como una especie de demonio enloquecido por los dormitorios, los trenes, los pasillos, las salas de cine y esos exteriores que parecen páramos extraterrestres, localizaciones imposibles del planeta más pobre y miserable del mundo. François apenas tiene palabra, y por lo tanto, apenas tiene Historia/historia. Algo de eso puede intuir el espectador cuando, en una de las secuencias iniciales, le vemos destrozando metódicamente un reloj de pulsera. Se trata de un único plano picado en el que la cámara, visiblemente cerca del muchacho, escruta con absoluto cuidado sus ademanes destructivos.