PIEZAS NEGRAS Y BLANCAS, DESENLACE GRIS
crítica de Hijo de Caín | Fill de Caín, Jesús Monllaó Plana, 2013
Muchos alegan que lo que necesita la industria española para crecer son películas de género. Y uno de los que ha funcionado mejor en los últimos años, yendo en sentido opuesto a las propuestas tan íntimamente personales que el público general no puede sino rechazar, es el de terror. Desde la saga [Rec] hasta la ópera prima de Juan Antonio Bayona, pasando por los apadrinamientos de Guillermo del Toro o los cortometrajes de nuevas promesas nacionales, lo cierto es que el miedo en las salas y el alivio en las oficinas suelen ir de la mano. Ello se debe en gran parte a que dicho género da mucho juego para construir una película atractiva e intensa con un presupuesto limitado, pues incluso los efectos cutres y ostensibles son a veces un reclamo para este tipo de cintas. Con todo, también puede ser interesante económica y artísticamente seguir el camino contrario e intentar refinar el género, o al menos desarrollarlo bajo unos parámetros más sutiles y elaborados, lo cual puede conducirnos al thriller o al llamado terror psicológico. Pues bien, el debutante Jesús Monllaó adopta claramente esta segunda perspectiva en Hijo de Caín (Fill de Caín, 2013), filme basado en la novela de Ignacio García-Valiño y presentado en el pasado festival de Málaga con un clarificador propósito comercial.