|| Críticas | ★★★☆☆
Solomamma
Janicke Askevold
Mamás solteras y papás a la carta
José Martín León
ficha técnica:
Noruega, 2025. Título original: Solomamma. Dirección: Janicke Askevold. Guion: Janicke Askevold, Jørgen Færøy Flasnes, Mads Stegger. Producción: Magnus Nygaard Albertsen, Gary Cranner, Magne Lyngner, Rebekka Rognøy. Productoras: Coproducción Noruega-Letonia-Lituania, Dinamarca, Finlandia; Bacon Pictures Oslo, Bacon Copenhagen, Bacon Stockhom, Dansu Films. Fotografía: Torjus Thesen. Música: Karlis Auzans, Paulius Kilbauscas, Vygintas Kisevicius. Montaje: Patrick Larsgaard. Reparto: Lisa Loven Kongsli, Herbert Nordrum, Trude-Sofie Olavsrud Anthonsen, Nasrin Khusrawi, Rolf Kristian Larsen, Celine Engebrigtsen.
La de la noruega Janicke Askevold está siendo una trayectoria de lo más curiosa. Empezó somo modelo, a la edad de 19 años, hasta que dio el salto al cine como actriz, en pequeños papeles, en cintas tan dispares como
Cloclo (Florent-Emilio Siri, 2012), el biopic del cantante francés Claude François, compositor del inolvidable tema My Way, o
Contrato mortal (Tan Bing, 2017), subproducto chino de acción, donde estuvo acompañada de "actores" tan populares como Steven Seagal o Mike Thyson. 2022 sería el año de su debut como realizadora, con
Together Alone, un drama que contaba la historia de dos parejas durante un fin de semana en una casa de campo, que tuvo una discreta recepción en su paso por diversos festivales, aunque ya llamó la atención la mirada analítica de Askevold hacia los conflictos de pareja, sus secretos y mentiras, así como su buena mano para la dirección de actores, dentro de una propuesta claustrofóbica y muy dialogada, casi teatral. En su segundo trabajo tras las cámaras,
Solomamma (2025), la directora se ha mostrado mucho más segura, puliendo cualquier error propio de alguien que empieza en esto, para entregar una película, de entrada, muy interesante. Lo primero que llama la atención es la originalidad del tema que toca, el de las maternidades monoparentales y cómo estas mujeres que, por la circunstancia que sea, han decidido emprender la aventura de ser madres sin una pareja a su lado, viven esa realidad, a veces no demasiado bien entendida por parte de la sociedad más tradicional. Para ello, la cineasta, en colaboración con Jørgen Færøy Flasnes, Mads Stegger, ha creado un personaje femenino protagonista, el de Edith, que es todo un regalo para cualquier actriz, ya que se trata de una mujer cargada de miedos e inseguridades, que toma algunas decisiones moralmente cuestionables a lo largo de la película. Un personaje que no podría haber caído en mejores manos que las de Lisa Loven Kongsli, a la que muchos recordaremos por la excelente
Fuerza mayor (Ruben Östlund, 2014), que entrega una interpretación absolutamente perfecta, consiguiendo que meterse en el bolsillo al público, aunque este no comulgue con el modo en que Edith hace las cosas. Cuenta la directora en alguna entrevista que la idea para hacer esta cinta proviene surge de la experiencia de una amiga suya que fue madre soltera recurriendo a un banco de semen, y terminó localizando a su donante y comenzando una relación sentimental con él.
También quería dar visibilidad a un nuevo modelo de estructura familiar que cuenta, cada vez, con mayor representación en Noruega, desde que se legalizara en 2020 que las mujeres solteras pudieran ser madres. La historia de
Solomamma nos presenta a Edith, una periodista de más de 40 años que, después de una ruptura sentimental, decidió recurrir a la donación de esperma para ser madre, enfrentándose a la maternidad en soledad. Seguimos el día a día de este personaje, ejerciendo de brillante profesional en su carrera, escribiendo para un periódico y realizando entrevistas, al tiempo que compatibiliza sus obligaciones como madre del pequeño Sigurd, de cuatro años de edad, con el cuidado de una madre con incipientes signos de demencia, que vive bajo su mismo techo. Se da la circunstancia, también, de que una amiga de Edith, Trine, también recurrió al mismo donante de esperma, por lo que tiene una hija de la misma edad de Sigurd y que vendría a ser su "medio hermana". Es precisamente este personaje, el de Trine (muy correcta Trude-Sofie Olavsrud Anthonsen), el desencadenante de la serie de acontecimientos que vendrán después, una vez que, por simple curiosidad, consiga hacerse con el nombre del donante y padre de los niños. La cinta de Askevold plantea no pocos dilemas éticos y morales al espectador con una premisa tan sencilla como, en el fondo, inquietante. ¿Hasta qué punto tiene derecho una persona a indagar en el pasado de otra, investigándole y mintiendo para sacar información, por mucho que sus fines sean, en este caso, los de asegurarse que los genes de su pequeño hijo provienen de la persona adecuada? Porque esto es lo que hace Edith, localizar, a través de las redes sociales, al donante y, aprovechando que es un exitoso (y polémico) desarrollador de videojuegos, acercarse a él con la excusa de querer entrevistarlo para un artículo de su publicación. Una trama así podría haber dado lugar a una amable comedia romántica, de aquellas en la que la protagonista guarda un secreto que podría desestabilizar el idilio, o un thriller psicológico en el que la loca de turno se obsesiona tanto con su víctima, que consigue infiltrarse en su vida, desestabilizándola por completo. Todo dependería del enfoque que se le diera.
«Hay una buena historia, diálogos afilados e interpretaciones impecables, así como un desenlace que huye de comercialismos. Armas suficientes para confiar en una apreciable carrera futura de su directora.»
La directora, en este caso, no ha caído en lo fácil y se limita a ofrecer una historia de corte realista, en la que, de manera sutil, sí que encierra un acercamiento semejante a lo sentimental entre Edith y Niels (así se llama el encantador donante), un hombre que atraviesa un momento personal y profesional totalmente distinto al de años atrás, cuando tomó la decisión de sonar su semen. También podría decirse que hay algo de "suspense" en el modo en que Edith se camufla en diferentes mentiras para acercarse a Niels y en la obsesión que tiene por escuchar, una y otra vez, tanto las grabaciones de audio aportadas por la clínica (una especie de cuestionario al que pueden tener acceso las madres, como medio de conocer algo más de la personalidad de quien podría ser el padre de su bebé) como las entrevistas que ella misma le graba. La historia, pese a que puede parecer algo turbia sobre el papel, está desarrollada de manera en que consigamos entender a Edith y lo que la mueve a actuar como lo hace. Existe muy buena química entre Lisa Loven Kongsli y un Herbert Nordrum que, sin tener las mismas oportunidades de lucimiento (la complejidad psicológica de Niels no es la misma), ofrece un trabajo notable, y, pese a tratarse de una película en la que la "acción" se cuece a fuego lento, nunca deja de perder interés, gracias a la buena mano de su realizadora. Es una historia que carece de fuertes momentos de impacto que consigan hacer que el espectador se indigne de verdad, pero sí plantea, de forma elegante, algunos debates muy necesarios y de plena actualidad. La forma en que el entorno cercano de Edith se compadece de ella por ser "una mujer valiente al haber sido madre sola", algo contra lo que ella se rebela, ya que quiere darle al asunto una normalidad que parece que no lo es para todos, es otro de los aciertos de un filme que se caracteriza por una sobriedad y una búsqueda del realismo que juega algo en su contra, pues, tal vez, se echa en falta algo más de garra (narrativa y visual) para trascender en lo cinematográfico. Hay una buena historia, diálogos afilados e interpretaciones impecables, así como un desenlace que huye de comercialismos. Armas suficientes para confiar en una apreciable carrera futura de su directora. ♦