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    Difret

    Hirut contra Goliat

    crítica a Difret (2014), dirigida por Zeresenay Mehari. | ★★★★ |

    Sumergirnos en Difret, el filme etíope facturado por el oriundo Zeresenay Mehari y producido por Angelina Jolie (factor clave para concederle mayor proyección internacional a esta cruda historia), es adentrarnos en el pantanoso terreno de un país con convenciones culturales muy diferentes, y, tristemente, desfavorables hacia las mujeres. Que su guion, descarnado y al natural pero repleto de cuidadosos paréntesis para que las peores partes se dibujen únicamente en la mente del espectador, tenga su base en hechos reales acontecidos a finales de los noventa en el país africano, es sólo uno de los factores que contribuyen a hacer de su visionado carne obligatoria para el público. También las buenas actuaciones de su elenco, en especial, de su tándem protagonista compuesto por Meron Getnet y Tizita Hagere, la posibilidad de disfrutar de uno de los pocos largometrajes etíopes existentes, o la clara vocación de denuncia y crítica a las costumbres ancestrales de nulo trasfondo ético son razones de peso para concentrarnos en sus casi cien minutos de duración. El complejo contexto socioeconómico y religioso de Addis Abeba, pueblecito donde se desarrolla la obra, se postula como un inconveniente a la hora de defender y luchar por un derecho universal básico, que en el caso de Difret atañe al futuro de Hirut, una niña de catorce años que acaba de atravesar unos hechos traumáticos. Unos hombres, de forma completamente repentina, la raptan sin aviso previo en la calle y la encierran en un cobertizo como si de un perro de tratase, la violan y esperan que uno de ellos contraiga matrimonio con ella por la fuerza. Esta espantosa tradición se trata del telefa, o rapto para el casamiento en idioma amárico, una costumbre generacional muy asentada a lo largo de una extensa parte en Etiopía y que afecta al 40% por ciento de las adolescentes desvirgadas, secuestradas y maltratadas en contra de su voluntad, y en ocasiones también asesinadas. Ante su captura, Hirut toma una sorprendente e impulsiva decisión. En un acto de defensa propia, mata a su raptor con un arma de fuego robada y huye. Con un brazo roto y sus sueños de convertirse en profesora parcialmente truncados, Hirut se apoya en la defensa de la otra gran protagonista, la abogada Meaza Ashenafi, creadora de una red de ayuda legal gratuita para mujeres y niños desfavorecidos. Así comienza una lucha constante contra el hostigamiento de la Policía y el Gobierno, a los que la posible condena a pena de muerte de la niña les resulta indiferente.

    Voluntad, derecho, capacidad, poder. Son conceptos que nos calarán hondo y que deberemos replantearnos a lo largo de la trama; que cuestiona con inteligencia y realismo el calado de estas tradiciones y los oídos sordos del enclenque aparato judicial africano para este tipo de casos. El argumento dispone los hechos de manera cronológica y sencilla, mediante un montaje artesanal y cercano a las figuras protagonistas, y una narración caracterizada por la objetividad. No se trata Difret de un filme que nos abrume en el plano estético, puesto que prefiere fundamentarse en los diálogos y en el lenguaje corporal para transmitirnos el avance de este drama social sin ampararse en la facción más lacrimógena de la historia. No hay morbo, no hay heridas, no es necesario mostrarlo todo de forma explícita y sangrante para que el espectador pueda comprender la gravedad y las secuelas de estos hechos para una niña de catorce años. Su mirada plasma, no sólo su tristeza después de todo lo acontecido, también su inquietudes futuras (¿Me expulsarán del pueblo por no llegar virgen al matrimonio? ¿Me condenarán a muerte?); unos factores que provocarán que nosotros también seamos testigos rabiosos de la injusticia. El papel de la abogada es la metáfora del cambio, de la ruptura generacional, de la revolución de valores que muchos ya tienen por bandera. La picapleitos se arriesga a perder muchas cosas por el camino, alza la voz sin importarle el cargo de su otro interlocutor, y representa la figura de una mujer africana moderna, motivada a estudiar, guiada por la independencia y la consciencia total sobre la integridad que merece en cuanto a su propio cuerpo. También alza una reflexión importante sobre racionalizar este tipo de barbaries y combatirlas desde la inteligencia y la reivindicación, no con puños y piedras.

    por Anónimo
    octubre 29, 2014

    Crítica | Difret

    por Anónimo | octubre 29, 2014

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