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    Benedek Fliegauf
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    Solo el viento

    LA CICUTA DEL ODIO

    crítica de Solo el viento | Csak a szél (Just The Wind), Benedek Fliegauf, 2012

    En la Italia de entreguerras, sin tener una censura excesivamente opresiva, y con un carácter no exorbitantemente propagandístico, el cine estuvo empañado por las doctrinas fascistas de Mussolini. Al igual que sucedió en otros países con condiciones similares, los realizadores se vieron en la obligación de buscar nuevos patrones expresivos. Estos cambios provocaron un nuevo lenguaje cinematográfico, que junto con la reacción de los directores tras el desastre provocado por la II Guerra Mundial –que trataron de abrir nuevas vías, salieron a la calle con sus cámaras y filmaron todo aquello que veían sus ojos–, así como la imposición de nuevos modos de producción dieron lugar a un conjunto de películas, comprendidas entre Roma cittá aperta (1945) y Umberto D (1952), que se desentendían de todo lo hecho anteriormente. Eran una respuesta a las constantes de ese momento. Se produjo un cambio entre la relación del artista y la sociedad en la que vivía. Fue una corriente de presupuestos morales y estéticos. Sus dos principales innovaciones fueron tanto una nueva noción del tiempo como del melodrama. En líneas generales era un cine con una mayor conciencia social, empeñado en retratar la vida misma, tal como pasaba. Se consideraba la realidad como una autenticidad con la que debía estar comprometido el cineasta. Se empleaba, más que nunca, la ficción fílmica, para evidenciar la presencia histórica. Un cine que daba prioridad a lo cotidiano, abordado con un talante de crónica social, de documental que demostraba su carácter comprometido. Se le dio el nombre de neorrealismo, y su influencia es significativa en el cine latinoamericano y todavía resuenan sus ecos en el cine europeo actual. Aunque sus logros no resultaron, a ojos de muchos especialistas, esencialmente originales.

    Esa idea de autores comprometidos con los acontecimientos sigue vigente en directores como el húngaro Benedek Fliegauf. Un poco en la línea del Nuevo Cine Rumano. Una economía de medios perceptible y una producción austera escoltan su última película, la ganadora del Oso de Plata del Festival de Berlín de 2012: Solo el viento (2012). En ella se nos cuenta al detalle, cámara en mano y con un abuso intencionado de primeros planos, un día, en un contexto de ataques racistas, en la vida de una familia húngara de etnia gitana. Con trasfondo de documental –con prólogo explicativo mediante, para evitar la confusión, un reconocimiento de sus limitaciones–. No es una cinta social bienintencionada, sin más. El problema gitano –por su representatividad demográfica y por ciertas particularidades de la historia magiar– es de una singularidad paradójica en la sociedad húngara.

    por Anónimo
    septiembre 16, 2013

    Crítica | Solo el viento

    por Anónimo | septiembre 16, 2013
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