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    Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | The Girl with the Needle (Pigen med nålen), Magnus von Horn [Cannes 2024]

    || Críticas | Cannes 2024 | ★☆☆☆☆
    The Girl with the Needle
    Magnus von Horn
    Provocación gratuita


    Rubén Téllez Brotons
    Cannes |

    ficha técnica:
    Dinamarca, 2024. Título original: Pigen med nålen. Duración: 115 min. Dirección: Magnus Con Horno. Guion: Line Langebek Kbudsen, Magnus Con Horn. Música: Puce Mary. Fotografía: Michal Dymek. Compañías: Creative Alliance, Lava Films, Nordisk Film. Reparto: Victoria Carmen, Trine Dyrholm, Besir Zeciri.

    Convertir la provocación en la única razón de ser de una película nunca ha sido una buena idea, puesto que ese afán por romper los esquemas morales del espectador cueste lo que cueste puede devenir en una pataleta insustancial en la que el realizador emplea todos los medios que tiene a su disposición para molestar hasta hacerse notar sin ser capaz de hilvanar un discurso claro y coherente una vez que ha conseguido llamar la atención. Eso es lo que le sucede a Magnus Von Horn en su nueva propuesta, The girl with the needle, que funciona como una bomba de racimo cuya única finalidad es la de explotar sobre la pantalla y salpicar la mirada del espectador con su banquete de violencia y crueldad. Estructurada como un vía crucis ebrio de miseria humana que busca adentrarse en las esquinas más oscuras de un mundo sostenido sobre los tendones desgarrados del dolor, la película muestra una sucesión de atrocidades, a cada cual más cruel, que no tienen ningún propósito narrativo, más allá de forzar al público a abandonar la sala corriendo, con la esperanza de poder borrar de su memoria las imágenes que acaba de contemplar. Von Horn somete a su protagonista a todo tipo de penurias, tanto emocionales como, sobre todo, físicas, con la idea de imponer su visión profundamente nihilista de la sociedad a fuerza de repetir una y otra vez los mismos trucos efectistas, de matar la mirada con una sobredosis de horror. Aunque lo que de verdad hace es embalsar su propia obra y dejar en evidencia la ausencia de ideas que hay detrás de ella.

    La cinta, ambientada las postrimerías de la I Guerra Mundial, sigue los pasos de Karoline (Victoria Carmen Sonne), una joven que trabaja como costurera en una fábrica de Copenhague y que, desde hace meses, no tiene noticias de su marido, desaparecido en el frente. El director, desde la secuencia inicial, se va a ensañar con ella hasta niveles casi indescriptibles: ahogada en una pobreza extrema, su casero la echa de la habitación para alquilarla por más dinero; su jefe, un varón perteneciente a una estirpe tan rancia como poderosa, inicia una relación sentimental con ella para dejarla tirada cuando se quede embarazada; su esposo reaparece con la cara desfigurada y un estrés postraumático enorme; intenta abortar de forma clandestina sin éxito; y, finalmente, conoce a una mujer muy inquietante que dice tener una agencia de adopción clandestina, y que la convence para que le dé a su hija con la promesa de que la adoptará «una buena familia».

    No hay, detrás de la infinidad de pulsos dramáticos que se suceden a lo largo del metraje, más intención que la de hacer un ejercicio de porno-violencia en el que el director no sólo se regodea en la truculencia de la brutalidad que muestra, sino que la legitima al convertirla en una mera herramienta provocativa al servicio de una puesta en escena manierista, cuya pulcra fotografía en blanco y negro es el claro síntoma de la pose constante de un cineasta empeñado en llevar a cabo una obra que, en lo estético, aparente ser autoral y profunda (la referencias Bergman no podían faltar). La forma en que Von Horn filma a determinados personajes, como el marido de la protagonista, resulta, además, bastante reaccionaria, sobre todo teniendo en cuenta que, lejos de denunciar el ostracismo al que eran condenadas todas aquellas personas que volvían de la guerra con algún tipo de discapacidad o de deformación en el cuerpo, hace gala de una mirada morbosa que cataloga como monstruosos todos los cuerpos que se salen de la normatividad. El juego de luces y el posicionamiento de la cámara en la escena del circo muestra de forma clarividente el discurso ultraconservador de la película. The girl with the needle es, en fin, una oda al sadismo en la que el deseo de Von Horn de llevar al límite al espectador se materializa en una serie de imágenes crueles que, al contrario que en las cintas Haneke, Rossellini o del último Pasolini, no le plantean ningún tipo de interrogante, ni le ofrecen una lectura concreta de la realidad. ♦


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