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    Crítica | Wonka

    || Críticas | ★★★★☆
    Wonka
    Paul King
    Antes de la fábrica de chocolate


    José Martín León
    Telde (Las Palmas) |

    ficha técnica:
    Reino Unido, 2023. Título original: Wonka. Dirección: Paul King. Guion: Simon Farnaby, Paul King (Personajes: Roald Dahl). Producción: Alexandra Derbyshire, David Heyman, Luke Kelly. Productoras: Coproducción Reino Unido-Estados Unidos; Heyday Films, Warner Bros., Village Roadshow. Distribuidora: Warner Bros. Fotografía: Chung Chung-hoon. Música: Joby Talbot. Montaje: Mark Everson. Reparto: Timothée Chalamet, Calah Lane, Olivia Colman, Hugh Grant, Sally Hawkins, Tom Davis, Keegan-Michael Key, Paterson Joseph, Mathew Baynton, Matt Lucas, Rowan Atkinson, Rakhee Thakrar, Natasha Rothwell, Jim Carter, Rich Fulcher.

    Uno de los nombres propios más importantes de la literatura infantil de todos los tiempos es, sin duda, el del galés Roald Dahl, un autor que tocó todos los palos, desde la poesía a guiones cinematográficos –suyo fue el libreto de, por ejemplo, Chitty Chitty Bang Bang (Ken Hughes, 1968)–, pero que siempre será especialmente recordado por unos cuentos para niños no exentos de cierta negrura, sobre todo, en el modo en que representaba a la mayoría de sus personajes adultos, casi siempre figuras peligrosas para sus jóvenes protagonistas. El cine, claro está, encontraría un filón en la desbordante (y algo perversa) imaginación de Dahl, aunque las adaptaciones de su universo al celuloide pocas veces han plasmado toda la grandeza de sus fuentes literarias. Mientras Matilda (Danny DeVito, 1996) o Fantástico Sr. Fox (Wes Anderson, 2009) podrían contarse entre las más conseguidas, James y el melocotón gigante (Henry Selick, 1996) o Mi amigo el gigante (Steven Spielberg, 2016) se quedaron en tierra de nadie, aunque ninguna adaptación disgustó tanto al autor como aquella (por otra parte, notable) La maldición de las brujas (Nicolas Roeg, 1990) que cambió su no tan feliz final de la novela –el niño acababa convertido en ratón para siempre– por un desenlace más convencional y del gusto de toda la familia. De todo su imaginario, el personaje del chocolatero Willy Wonka y su chistera ha sido el que más veces ha probado fortuna en el cine, asomándose por primera vez en pantalla con los rasgos del cómico Gene Wilder en el musical Un mundo de fantasía (Mel Stuart, 1971), todo un clásico de culto a día de hoy que, sin embargo, fue un considerable descalabro en taquilla en su día. Todo lo contrario que la más famosa versión de Tim Burton, estrenada en 2005, Charlie y la fábrica de chocolate, que le brindaría al camaleónico Johnny Depp uno de sus personajes más recordados. La huella dejada por esta colaboración del binomio Burton-Depp dejaba el listón demasiado alto para que una nueva versión de la historia, sin la implicación de ellos, pudiese ser bien recibida. Pero la magia se ha realizado y aquí llega Wonka, una precuela que narra los primeros pasos del mágico chocolatero, antes de inaugurar aquella emblemática fábrica que acabaría regalando al digno heredero que encontrara un deseado tíket dorado.

    Warner Bros se había hecho, en 2016, con los derechos del personaje creado por Dahl, así que solo necesitaba una historia interesante para devolverle a la gran pantalla. Simon Farnaby y Paul King se han encargado de escribir cómo se fraguó el sueño de Wonka de ser el mejor chocolatero del mundo, valiéndose de sus asombrosas capacidades como mago e inventor. En Wonka seremos testigos de cómo se embarca en un viaje por mar que le llevará a tratar de alcanzar su sueño, ese que le prometiera a su difunta madre, llegando a esa bulliciosa ciudad en la que se encuentran las lujosas Galerías Gourmet, el lugar donde se vende el mejor chocolate del mundo. Un monopolio que dirigen tres ricachones sin escrúpulos que pronto ven el humilde y soñador recién llegado una amenaza para sus intereses, ya que sus creaciones, además de muy apetitosas y mágicas, planean ser mucho más asequibles para los bolsillos de sus golosos consumidores. También muestra la película cómo Willy termina prácticamente esclavizado por la ambiciosa dueña de una lavandería y su secuaz, después de no leer la letra pequeña de su contrato de alojamiento por una sola noche en una de sus habitaciones, algo que le servirá al protagonista para conocer a un puñado de personajes que, como él, también cumplen una condena similar en las mazmorras de la lavandería, los cuales se convierten en amigos y aliados, no solo para escapar de su encierro, sino, también, para enfrentarse a los tres magnates chocolateros y hacerse con su ansiada fábrica dentro de las Galerías Gourmet. Paul King, director del aclamado díptico familiar sobre el osito Paddington –como curiosidad, no está de más recordar que Paddington 2 (2017) desbancó a la mismísima Ciudadano Kane del primer puesto como mejor película de la Historia del Cine en Rotten Tomatoes, siguiendo su cuestionable baremo de críticas positivas–, ha sido el acertado encargado de levantar un musical a la antigua usanza, tan clásico en su fondo y sus formas que le confieren un carácter atemporal de lo más agradable. Los números musicales y las coreografías de bailes son tan espectaculares que nos reemiten directamente a clásicos como la oscarizada Oliver (Carol Reed, 1968) o la “maldita” Annie (John Huston, 1982), compartiendo con ambas esos ambientes dickensianos de niños huérfanos malviviendo en las calles o, en su defecto, bajo el yugo de adultos malvados que solo quieren explotarlos.

    De hecho, el personaje de la cruel lavandera Mrs. Scrubbit tan magníficamente encarnado por Olivia Colman bebe claramente de aquella Miss Hannigan de Carol Burnett que le hacía la vida imposible a la pobre huerfanita Annie. De hecho, Wonka también tiene a su particular Annie en la figura de Noodle (estupenda Calah Lane), otra niña que, tras perder a su madre, permanece encerrada en una lavandería donde trabaja día y noche para tratar de pagar una deuda que nunca se termina de saldar. La historia de Farnaby y King esconde sus dardos envenenados a los grandes empresarios y a las tácticas no del todo claras para monopolizar el mercado. También a las diferencias de clases sociales. Pero, en unos tiempos en los que la ironía se ha apoderado del cine familiar, Wonka emerge como un producto absolutamente blanco e ingenuo, algo que debería ser recogido como un cumplido. El personaje de Wonka, al igual que los chocolates que crea en su minifábrica portátil (esos con los que, indistintamente, hace volar o convierte en criaturas peludas a quienes los comen), desprende una bondad, una dulzura y una positividad que son las armas con las que termina venciendo a toda la tropa de ruines villanos que se interponen en su camino hacia el éxito. Timothée Chalamet ha entendido a la perfección la esencia del personaje y ofrece una versión del chocolatero tan carismática como las entregadas por Gene Wilder Y Johnny Depp, acabando, desde su primera aparición en pantalla, con cualquier duda respecto a su elección como protagonista. En general, todo el reparto brilla a gran altura, recuperando King a dos de las estrellas de Paddington: una encantadora Sally Hawkins como madre de Willy y, sobre todo, un Hugh Grant caracterizado como anaranjado enano naranja, que acapara toda la atención en sus divertidísimas intervenciones como Lofty, el primer Oompa-Loompa con el que tiene contacto el chocolatero. Wonka es visualmente abrumadora, desde su preciosa puesta en escena (ambientación, decorados, vestuario, todo luce impecable gracias a la inversión de 125 millones de dólares) hasta sus imaginativos efectos especiales, pero su espíritu se acerca más al de la versión de 1971 que al de Charlie y la fábrica de chocolate, una obra en la que el marcado estilo visual de Burton opacaba un poco la esencia del no menos excéntrico Dahl. La película se siente en todo momento fresca, alegre, viva, luminosa. No tiene aquel tufillo oportunista que sí tuvo, por ejemplo, El regreso de Mary Poppins (Rob Marshall, 2018), sino que emana verdadera magia y cariño hacia unos personajes que consiguen enganchar al público. Sin duda, no solo estamos ante una fantasía musical excelente, donde todas sus canciones funcionan como un reloj, sino ante una de las mejores ofertas de la cartelera de cara a las fiestas navideñas. ♦


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