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    Crítica | Un sol radiant

    || Críticas | D'A FILM FESTIVAL 2023 | ★★★★☆
    Un sol radiant
    Mònica Cambra y Ariadna Fortuny
    La calma antes de…


    Júlia Gaitano Mendizábal
    Barcelona |

    ficha técnica:
    España. 2023. Título original: Un sol radiant. Dirección: Mònica Cambra, Ariadna Fortuny. Guion: Ariadna Fortuny, Clàudia Garcia de Dios. Producción: Atiende Films. Fotografía: Àssia J. La-Roca. Montaje: Mònica Cambra, Lucía Herrera Pérez. Música: Guillermo Martorell. Reparto: Laia Artigas, Núria Prims, Nunu Sales, Jaume Vilalta, Mercé Pons.

    Mirar hacia el cielo es un gesto que puede significar muchas cosas. Como acto reflexivo, es algo tan antiguo como el propio pensamiento. Limitadas por el suelo en los pies, por encima de nuestras cabezas en cambio se abre un espacio inmenso, infinito, que no deja de ser un enigma. Mila, la joven protagonista de Un sol radiant, mira hacia el cielo interrogante, expectante en cierta forma, pero con una mirada turbada que es muy probable que no acabemos de entender en toda su magnitud hasta bien avanzada la película. Mònica Cambra y Ariadna Fortuny signan la dirección de este proyecto nacido como trabajo de final de grado de universidad y, por lo tanto, seguramente con un espíritu muy coral. Especialmente si tenemos en cuenta que viene de la factoría Universitat Pompeu Fabra, hogar de algunos de los títulos emergentes más interesantes de los últimos años. Podemos pensar, obviamente, en la notable Les amigues de l’Àgata o Júlia Ist, pero también en Les dues nits d’ahir o Les Perseides, que ya consiguieron en cierta forma desmarcarse de la pesada estela que dejaron las primeras. En Un sol radiant, las cineastas y alumni pompeuenses cogen el relevo de todo un conjunto de referentes, no solamente en cuanto a estas películas originadas en el entorno universitario, si no ya en el cine catalán, en general, y su reciente deriva rural.

    No podemos, por ejemplo, hablar de Laia Artigas, quien encarna a Mila, sin hablar de Estiu 1993. Allí, una pequeña Laia de 9 años debutaba como Frida, esa suerte de alter ego de infancia de la directora Carla Simón. Un sol radiant llega poco más de 5 años después de esa cinta, con la que es inevitable comparar ciertos aspectos. Pero Mila se encuentra en un punto vital radicalmente distinto, en ese impasse entre la infancia y la adolescencia. En ese empezar a saber y no saber; entender pero, a la vez, no querer entender. También desde una casa de pueblo pero inmersa en otro tipo de verano, junto a su hermana mayor (Nunu Sales), su madre (Núria Prims) y su abuelo (Jaume Vilalta), Mila es el foco central de la película. Sin duda, Ariadna Fortuny y Clàudia Garcia de Dios, guionistas, son plenamente conscientes de la tradición contemplativa y ruralista de la cual su filme pasa a formar parte desde ahora. Sin querer desvelar más de lo necesario, Un sol radiant cuenta con una circunstancia que se singulariza dentro de dicha tradición, a la par que marca gravemente la rutina de la familia, amigos y conocidos que rodean a Mila.

    Esas miradas hacia el cielo, a las que iremos volviendo a lo largo de la película, nos descubren nuevas sensaciones. ¿Melancolía, quizás? La encontramos, sí, en esos grandes nubarrones, bellos colores y pájaros alborotados, pero también en una naturaleza que lo envuelve todo, cada vez menos amablemente. Asimismo, el propio tono del filme varía de un inicio algo más luminoso, radiante, como el sol del título, hasta una oscuridad que se despliega a medida que avanza una angustiante cuenta atrás. Sin perder una cierta compostura siempre estéticamente agradable, la relación de Mila con su entorno se va volviendo más compleja. Intenta entrar en el mundo de Ingrid, su hermana adolescente, alborotado cóctel de hormonas y frustración, pero allí se encuentra en un lugar vital que aún no es el suyo. Lo intenta con su abuelo, que frecuenta una zona del río cercano, solo, intentando sobrellevar las circunstancias lo mejor que puede, pero es una figura demasiado lejana, cerrada en sí misma. Lo intenta con su madre que, tierna, solo piensa en rodear a sus hijas en algodones para protegerlas todo lo pueda de aquello que está por venir. Y, aunque todas le sigan la corriente, Mila acabará dándose cuenta de que todas están tan perdidas como ella misma.

    A través de una construcción sonora envolvente, en Un sol radiant consiguen que el paisaje pese, que el cielo pueda parecer una amenaza real y que esa inercia que mueve a los personajes se sienta resignada y tirante. Poco a poco, el pesar se va colando entre las grietas de una cotidianidad también progresivamente distanciada. Esta es la verdadera victoria de esta película, que la emoción llegue a traspasar la pantalla para tocar a las espectadoras. Que esta tristeza, con la que todas (compartiendo o no el destino de los personajes) podemos sentirnos identificadas, pueda coexistir con una cierta rebeldía (en el filme, la de Mila) de querer existir a pesar de conocer el final. Que, aunque sea a través de imágenes y gestos que suelen estar presentes en un tipo de cine naturalista e intimista, que empieza a agotarse, se nos muestre que es posible resignificarlas y darles una nueva vida.


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