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    Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | Trenque Lauquen

    || Críticas | ★★★★☆
    Trenque Lauquen
    Laura Citarella
    El influjo de la transferencia


    Miguel Martín Maestro
    Valladolid |

    ficha técnica:
    Argentina, Alemania. 2022. Título original: Trenque Lauquen. Dirección: Laura Citarella. Guión: Laura Citarella, Laura Paredes. Fotografía: Agustín Mendilaharzu, Inés Duacastella, Yarará Rodríguez. Montaje: Miguel de Zuviría, Alejo Moguillansky. Música: Gabriel Chwojnik. Intérpretes: Laura Paredes, Ezequiel Perri, Rafael Spregelburd, Elisa Carricajo, Juliana Muras, Verónica Llinás. Sonido: Marcos Canosa. Dirección artística: Laura Caligiuri. Productores: Laura Citarella, Ezequiel Perri, Ingrid Pokropek, Stefan Butzmühlen, Patrick Horn, Mikosch Horn. Compañías Productoras: El Pampero Cine, Grandfilm. Duración: 240 minutos.

    En el cine de la actualidad hay pocas citas tan deseadas como cada nueva entrega del sello El Pampero. Prolíficos, porque el grupo es muy numeroso y muy activo, sus sucesivas obras van asentando un camino en el que el placer de contar supera, con mucho, el interés por cerrar las historias. Las tres películas más monumentales del grupo por su duración, Historias extraordinarias, La Flor, ambas de Mariano Llinás, y ahora Trenque Lauquen de Citarella, se caracterizan por ese avance de historias que van mezclando tramas, personajes, sucesos y acontecimientos paranormales con los que el espectador queda enganchado pidiendo más hasta que el creador decide llegar a un punto final, que no tiene por qué ser el final de la historia. Las anteriores películas de Citarella, Ostende y La mujer de los perros nos presentaban, quizás, a la directora más ortodoxa dentro del grupo hasta ese momento si comparamos su cine con el de Llinás o Moguillansky (El escarabajo de oro pertenecería al mismo espíritu lúdico y narrativo de las mencionadas previamente), pero algo cambió con Las poetas visitan a Juana Bignozzi, realizada junto a Mercedes Halfon, película con la que su cine empieza a adoptar soluciones estéticas y argumentales (dentro de una no ficción) más cercanas a las de sus colegas pamperos y que ahora alcanza su culminación identificativa con Trenque Lauquen, cinta-río donde se corre el riesgo de caer atrapado constantemente por una corriente telúrica que te traslada de los territorios de lo más humano a lo inexplicable con la misma facilidad que la historia va saltando de personaje en personaje, sin perder nunca una referencia objetiva, un personaje que da sentido a todo aunque necesite del resto para ser perfectamente delineado.

    Ese personaje es Laura (Laura Paredes), una botánica desplazada a la zona de Trenque Lauquen para realizar un proyecto universitario que justifique su contratación en el departamento dirigido por su novio (Rafael Spregelburd) y que, tras ser ayudada por Chicha (Ezequiel Perri) en su búsqueda, desaparece de la noche a la mañana llevándose el coche de este último, que es recuperado con una misteriosa nota en el parabrisas: «me voy, me voy, adiós, adiós», y con las pertenencias de Laura en su interior. Cuatro horas de historia, divididas en doce capítulos y dos partes (otro sello propio de las extensas películas de El Pampero, conscientes de la dificultad de poder visionar de un solo tirón estas propuestas o que sean susceptibles de estreno en cines) dan para mucho; para mucha ida y vuelta, mucha explicación teórica sobre lo sucedido, mucha certeza que es demolida a conciencia en el capítulo siguiente con la irrupción de nuevos personajes o revelaciones de Laura a otras personas diferentes de las que estábamos siguiendo hasta entonces. Este personaje de Laura nace del primer largometraje de Citarella, Ostende. Allí la protagonista de mismo nombre ganaba en un concurso radiofónico una estancia en un hotel de playa durante la que su mente, sin razones objetivas pero animada por su imaginación, empezaba a elucubrar sobre la concurrencia de sucesos extraños e inexplicables en las habitaciones del hotel. Aquella ideación del personaje venía puntuada con la canción Suspicious mind (1969) cantada por Elvis Presley, y como si se tratara de dar continuidad a lo que se anuncia como una trilogía, Laura colabora ahora con un programa local de radio y lleva como melodía del móvil la misma canción de Elvis. Ambas Lauras son la misma persona pasada una década.

    Película en hélice, que va y viene, se nos acerca tanto como, de repente, se nos vuelve a separar y convertirse en una incógnita a redescubrir y de la que me atrevería a decir que casi la totalidad de escenarios y situaciones las vivimos por duplicado, pero cambiando el punto de vista o el conocimiento que ya tenemos de lo que ha podido suceder hasta ese momento. Película de mujeres desaparecidas, pero por libre voluntad; buscadas o perseguidas por los/sus hombres incapaces de encontrar una explicación razonable a lo sucedido. Un adiós, un me voy sin preaviso; provocado ya sea por el influjo de un personaje que mantuvo una historia amorosa clandestina que se cruzaba cartas escondidas en libros y que descubre Laura accidentalmente; ya sea por la atracción de un ser híbrido entre animal y humano cuidado por dos mujeres que viven juntas y aisladas; ya sea por huir de una relación sentimental que no tiene futuro porque el elemento masculino se coloca como protector y paternalista, o por alejarse de una incipiente historia amorosa que puede anclarla en un lugar incómodo y, al tiempo, repetir la historia de los amantes literarios. El motor argumental de Laura provocado por su desaparición va dejando lugar a una urdimbre de historias que, en su desarrollo, recuerdan el fantástico episodio de las espías de La flor, sin elemento criminal, pero sí avanzando en esa idea de la constante búsqueda de respuestas y localización de lugares que, finalmente no conducen a un final cerrado.

    Citarella, sin embargo, pese a los referentes en el propio grupo no olvida que estamos en una donde las mujeres son el centro, y es así como construye su propia identidad cinematográfica dentro de El Pampero. Las sinergias entre películas se hacen inevitables, los rostros de los actores nos resultan tan conocidos que es imposible no pensar que estamos en alguna de las obras anteriores, la música de Chwojnik, el sonido de Canosa, el montaje de Moguillansky, son elementos que acompañan al espectador y le conducen por caminos transitados y reconocibles; uno se siente confortablemente asistido por soluciones que le complacen porque siempre antes han convencido, toca ahora marcar la diferencia, y esa diferencia viene del guión y la construcción del personaje principal efectuado al alimón por Laura Citarella y la actriz Laura Paredes. Es así como los personajes masculinos se transforman en seres renqueantes, dependientes hasta el extremo de una mirada o de una respuesta satisfactoria de las mujeres que surgen en la historia, mientras la fortaleza asoma, sin fisuras, en la Laura de Laura Paredes, en la Carmen Zuma de la propia Citarella, en la pareja que forman Elisa Carricajo y Verónica Llinás; el novio herido que encarna Spregelburd o los dos papeles que hace Ezequiel Perri entre presente y pasado se van diluyendo una vez que la catarsis del personaje femenino tiene muy poco que ver con ellos y si con la necesidad libertaria de las mujeres. Las mujeres de Trenque Lauquen se convierten en líquidas y autosuficientes ante los ojos de los hombres que las han creído conocer. Su interior permanece innaccesible y, llegado el momento, abandonan todo dejando atrás sus vidas y sus pertenencias. Una nueva vida no puede empezarse arrastrando el pasado a cuestas. A día de hoy poco cine puede superar la capacidad narrativa de este grupo de artistas que, con derecho propio, acaban de presentarnos una de las películas indiscutibles del 2023.


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