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    Crítica | Clara Sola

    || Críticas | ★★★☆☆ ½
    Clara Sola
    Nathalie Álvarez Mesén
    Elogio de la mano


    Karina Solórzano
    Guanajuato, México |

    ficha técnica:
    Costa Rica, Suecia, Bélgica, Alemania, 2021. Título original: «Clara Sola». Dirección: Nathalie Álvarez Mesén. Guion: Maria Camila Arias, Nathalie Álvarez Mesén. Producción: Nima Yousefi. Compañías: Hobab, Laïdak Films, Need Productions, Pacífica Grey, Resolve Media. Distribución en España: Atera Films. Fotografía: Sophie Winqvist. Música: Ruben De Gheselle. Montaje: Marie-Hélène Dozo, Natalia Solórzano . Reparto: Wendy Chinchilla, Daniel Castañeda, Ana Julia Porras, Flor Vargas. Duración: 106 minutos.

    Clara sola es una película sobre manos. Sobre las manos y sobre el cuerpo. Vemos varios planos de las manos de Clara (Wendy Chinchilla Araya) durante la película: las vemos tocar las plantas, acariciar a su yegua y sumergirse en el agua. Clara tiene un problema en la columna vertebral que le provoca fuertes dolores físicos pero su madre no quiere operarla, quiere mantenerla tal y «como Dios se la entregó». Según ella y los habitantes de la zona —una región selvática en Costa Rica—, Clara puede encarnar a la virgen para curar a los enfermos: la enfermedad de Clara es la condición para el milagro. En el inicio de la película la vemos guiada por su madre rezándole a la virgen; los vecinos la rodean mientras levantan sus manos en una oración colectiva. Ella usa las suyas para curar, pero también recurre al aliento, así revive a un pequeño escarabajo y, en otro momento, le dice al hombre que desea que su «animal interior» está enfermo por lo que tiene que enfriar y después calentar su respiración si quiere sanar. Como en toda exploración sobre el cuerpo, la mano es la herramienta que guía. La mano nos acerca al mundo. «La acción de la mano define la oquedad en el espacio y a la vez la solidez de las cosas que la llenan», escribe Henri Focillon en Elogio de la mano. La mano, como extensión del cuerpo, es vehículo de la percepción y del conocimiento.

    Con sus manos Clara puede curar a los enfermos y revivir a los insectos, pero la película no trata la vida y obra de una santa, sino que explora la liberación de su protagonista en el camino de su autodeterminación; tardía, quizás. Clara tiene 40 años y trabaja como «sanadora» para una madre que reprime el deseo sexual de su hija y la castiga haciéndole poner sus palmas sobre el fuego. El acercamiento con Santiago (Daniel Castaneda Rincón), un joven que va todos los días a su casa a por la yegua, despierta un deseo solo conocido a través de las imágenes que concede la televisión. Así pues, podemos leer la trama de Clara Sola, entonces, a partir del uso de las manos: las que sanan primero y las que se niegan en su empeño de explorar su cuerpo después —las manos en huelga—. La sanación corresponde al inicio de la película, lo que sigue a continuación es la búsqueda de Clara a través del uso no instrumental de las manos. Dicha búsqueda está reprimida. Algo que despliega el subtexto más potente del filme: en un espacio de «lo femenino» —telenovelas, maquillaje, trabajo doméstico— Clara es infantilizada; así, la idea de lo femenino como categoría funciona para normalizar la conducta y contenerla.

    A la metonimia de la mano puede sumarse otra figura retórica: la metáfora. La relación entre la protagonista y la yegua Yuca parece funcionar como una identificación o reconocimiento: como Clara, Yuca también está sometida a un trabajo utilitario en el que puede ser prescindible e intercambiable. Su liberación corresponde con la de la propia Clara, que parece mantener una comunicación especial con los animales al conocer el «nombre secreto» de todo ser vivo —Sola es el nombre secreto de Clara—. En la película hay otras metáforas presentadas como pares de opuestos que pueden leerse en un nivel simbólico: la contención del deseo en la casa en oposición a la masturbación al aire libre, en una noche iluminada por las luciérnagas; la destrucción del fuego y la sanación en el agua o el agua como paso de la realidad a la fantasía como en ese momento en el que se imagina usando el vestido azul de su sobrina, próxima a celebrar su fiesta de quince años. Quizás, en algún punto, la película hace demasiado énfasis en la mentada retórica, pero ese mismo recurso de lo simbólico es el que invita a hacer una lectura posiblemente más sutil. De esta manera, en su ópera prima, la directora Nathalie Álvarez Mesén construye una narración con fugas hacia lo no literal. Cuando la metáfora no explica demasiado podemos leer algunas señales de la rebeldía femenina de su protagonista: unas manos que reclaman el placer y un cuerpo que pide su reconocimiento. En ese sentido, Clara Sola puede entenderse como una película sobre las vías para escapar a un orden que nos somete. La mano no se somete a la visión, por ejemplo, tampoco Clara a la vigilancia y represión de su madre. Con su otro nombre —Sola— puede reclamar una existencia propia. ⁜


    Clara Sola, Nathalie Álvarez Mesén
    Sección oficial de la SEMINCI.

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