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    Crítica | Expediente Warren: Obligado por el demonio

    El diablo sube al estrado

    Crítica ★★★☆☆ de «Expediente Warren: Obligado por el demonio», dirigida por Michael Chaves.

    Estados Unidos. 2021. Título original: «The Conjuring: The Devil Made Me Do It». Director: Michael Chaves. Guion: David Johnson. Productores: James Wan, Peter Safran, Will Greenfield. Productoras: Atomic Monster, New Line Cinema, The Safran Company. Fotografía: Michael Burgess. Música: Joseph Bishara. Montaje: Peter Gvozdas, Christian Wagner. Reparto: Vera Farmiga, Patrick Wilson, Ruairi O'Connor, Sarah Catherine Hook, Julian Hilliard, John Noble, Eugenie Bondurant, Shannon Kook, Ronnie Gene Blevins, Keith Arthur Bolden, Steve Coulter, Sterling Jerins, Vince Pisani.

    la de la saga Warren es una fórmula que, hasta el momento, ha funcionado con gran precisión, gracias al buen hacer en el género de su director, James Wan, curtido en producciones tan por encima de la media de calidad como Silencio desde el mal (2007) o Insidious (2010). Viendo sus peliculas, queda patente que Wan es un apasionado del terror, que conoce a la perfección las fuentes clásicas, a las que ama, y que no duda en tomar prestados ingredientes de aquellas para referenciarlas con más respeto que descaro. Es evidente que el espíritu de hitos como El exorcista (William Friedklin, 1973), Terror en Amityville (Stuart Rosenberg, 1979) o Al final de la escalera (Peter Medak, 1980) sobrevolaba cada uno de los fotogramas del díptico formado por las exitosas Expediente Warren: The Conjuring (2013) y Expediente Warren: El caso Enfield (2016), pero estos no dejan de ser unos impecables productos en los que Wan hizo gala de su maestría con la cámara, ofreciendo una sucesión de efectivas set pieces de terror que salpicaban unos relatos que, a diferencia de la mayoría de títulos de similares características, apostaba por el clasicismo y la elegancia, jugando solo lo necesario con efectismos o sustos fáciles. Basadas en hechos reales, ambas cintas se centran en espeluznantes casos paranormales (desde posesiones demoníacas a casas encantadas) a los que se tuvieron que enfrentar el matrimonio católico formado por Ed y Lorraine Warren a lo largo de su intensa trayectoria como demonólogo y médium, respectivamente, trabajos que quedaron plasmados en numerosos documentos gráficos y en ese Museo del Ocultismo que crearon en Connecticut, recopilando todo tipo de objetos que fueron investigados por estar involucrados en las más diversas maldiciones. Vera Farmiga y Patrick Wilson consiguieron una maravillosa química encarnando con calidez a esta pareja, y sus excelentes actuaciones han convertido a los personajes en icónicos del nuevo cine de terror y verdaderos culpables de la gran aceptación popular que tiene la saga. Es tal la riqueza que rodea al universo Warren que la anécdota ha dado para que se estrene una serie de spin-off que giran alrededor de varios de los personajes malignos provenientes del museo, desde la muñeca Annabelle (con tres películas como protagonista) a La monja (Corin Hardy, 2019), pasando por La llorona (Michael Chaves, 2019).

    Ninguno de estos filmes ha gozado del mismo prestigio que los dos expedientes Warren, echándose en falta el talento de un realizador de la altura de Wan detrás, pero sí han destacado como unos productos sumamente eficaces por su bajo coste y alta rentabilidad en la taquilla. La noticia de que James Wan no se haría cargo de la dirección de Expediente Warren: Obligado por el demonio (2021), limitándose a las tareas de producción en esta tercera entrega y entregando el testigo a Michael Chaves, responsable de la flojísima La llorona, hacía presagiar, de entrada, los peores augurios. Tal vez, estas bajas expectativas hayan jugado a su favor para que el resultado final, sin estar a la altura de sus precedentes, sea una secuela más que digna. En esta ocasión, la historia versa sobre uno de los casos más controvertidos de todos a los que se enfrentaron los Warren. En 1981, Arne Cheyne Johnson, un joven de 19 años, apuñaló hasta la muerte a otro hombre, asegurando, al ser detenido por la policía, haber sido obligado por el demonio. El matrimonio luchó, junto a la defensa de Johnson, para que la supuesta posesión demoníaca fuese aceptada como atenuante del crimen, alegando que el muchacho había estado presente en una serie de exorcismos practicados al hermano pequeño de su novia y que uno de los demonios que habitaban en su interior, acabó apoderándose de la voluntad de Johnson. “Los tribunales se han ocupado de la existencia de Dios. Ahora van a tener que lidiar con la existencia del diablo”. Esta frase del abogado de Johnson podría valer como resumen perfecto de lo que pretende reflejar la película, la normalización de la existencia de fuerzas paranormales dentro de los márgenes legales. Hay que reconocerle a Chaves un notable esfuerzo por copiar, de alguna manera, las formas del cine de Wan, ayudado por el equipo ganador que hizo tan buena a Expediente Warren: El caso Enfield, el director de fotografía Michael Burgess, capaz de inundar cada imagen del característico clasicismo de la saga, y Joseph Bishara ocupándose, una vez más, de poner los vellos de punta con su partitura musical, esa que clava al espectador en la butaca desde esos títulos de crédito en los que se realiza un resumen del caso que se va a narrar.

    The Conjuring: The Devil Made Me Do It, Michael Chaves.
    La franquicia pierde fuelle pero no interés.

    «Expediente Warren: Obligado por el demonio, pese a algunos baches de ritmo, esa evidente tendencia al efectismo que, en algunos pasajes, rompe con una elegancia marca de la casa que se esforzaba en conservar, y algunas escenas que, por su excesiva truculencia (ese contorsionismo de las víctimas de posesión), bordean peligrosamente la comedia involuntaria, logra de sobra funcionar como un más que atractivo tren de la bruja y una entrega bastante más satisfactoria que el resto de títulos que componen el denominado Warrenverso».


    La función comienza con una fuerza arrolladora que disipa cualquier duda sobre si este nuevo capítulo será tan aterrador como los anteriores. La imagen de un sacerdote llegando a las puertas de una casa, en medio de la noche y bajo la luz de unas farolas ya deja claro un primer guiño a la icónica llegada del padre Merrin (Max Von Sydow) al hogar de Regan en El exorcista. Esta es la antesala de un prólogo sencillamente brutal, que muestra el espeluznante exorcismo practicado sobre el pequeño David y que servirá de detonante para la posterior posesón de su cuñado. A partir de ahí, era difícil mantener durante todo el relato semejante nivel, pero Chaves consigue salir victorioso en su propósito de sacar adelante una historia de terror demoníaco que sigue las coordenadas del drama judicial y el subgénero de investigaciones criminales, salpicándola de una generosa cantidad de secuencias aterradoras que sacian las ansias de escalofríos del público a la que va dirigida. Momentos como el de la morgue, con cadáveres que vuelven a la vida, o los intentos de la entidad de apoderarse de nuevo del protagonista durante su encierro –tan deudores del clímax final en el psiquiátrico de la reivindicable El exorcista 3 (William Peter Blatty, 1990)– pueden considerarse merecedores de figurar en la antología de imágenes memorables de la saga, casi mimetizando la perfecta caligrafía visual de James Wan. Como era de esperar, Vera Farmiga y Patrick Wilson vuelven a estar perfectos, dotando de gran emotividad a los enamoradísimos Warren, pese a que quien encuentra mayores oportunidades de lucimiento sea Ruairi O'Connor como el chico poseído. Expediente Warren: Obligado por el demonio, pese a algunos baches de ritmo, esa evidente tendencia al efectismo que, en algunos pasajes, rompe con una elegancia marca de la casa que se esforzaba en conservar, y algunas escenas que, por su excesiva truculencia (ese contorsionismo de las víctimas de posesión), bordean peligrosamente la comedia involuntaria, logra de sobra funcionar como un más que atractivo tren de la bruja y una entrega bastante más satisfactoria que el resto de títulos que componen el denominado Warrenverso. Puede que se le vean demasiado las costuras en su condición de explotación de una fórmula ganadora, rodada con más oficio que una maestría que trata de copiar y que solo en ocasiones puntuales consigue alcanzar, pero gran parte de los seguidores de las aventuras paranormales de los Warren saldrán, sin duda, complacidos tras su visionado.


    José Martín León |
    © Revista EAM / Madrid


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