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    Crítica | Lo que arde con el fuego / Movistar+


    Llama y cenizas

    Crítica ★★★★☆ de «Lo que arde con el fuego», de Paul Dano.

    Estados Unidos, 2018. Título original: Wildlife. Director: Paul Dano. Guion: Paul Dano, Zoe Kazan (Novela: Richard Ford). Duración: 104 minutos. Edición: Louise Ford, Matthew Hannam. Fotografía: Diego García. Música: David Lang. Productora: June Pictures / Nine Stories Productions. Intérpretes: Carey Mulligan, Ed Oxenbould, Jake Gyllenhaal, Bill Camp, Zoe Margaret Colletti, Travis W Bruyer, JR Hatchett, Russell Herrera Jr., Marshall Virden, Shane D. Davidson. Presentación oficial: Sundance Film Festival, 2018.

    1960, la nueva fiebre del oro había llenado de esperanza los corazones de los estadounidenses, quienes se lanzaban en masa en busca de petróleo. Jerry, patriarca de una respetable y exitosa familia del noreste estadounidense, ha decidido marchar a Montana persiguiendo, como muchos otros, el sueño americano o, al menos, una mejora contractual del que ya poseía. Jean, su mujer y Joe, su hijo, marcharán con él hacia Great Falls sólo para contemplar su gran decepción al comprobar que esa riqueza que esperaba alcanzar no llegará por culpa de un mal timing. No hay duda de que Montana constituiría uno de los grandes centros neurálgicos de petróleo, pero bastante más tarde, unos 50 años después de que Jerry, quizá con demasiada precipitación, se dejara llevar por un impulso demasiado ambicioso. Ése será el suceso que desencadene un complicado y extenuante proceso de decadencia en el otrora héroe americano, protagonista de la película con la que Paul Dano ha conseguido maravillar a todo el mundo en su debut en la dirección, en el que además se atreve con una de las novelas más introspectivas de la literatura norteamericana moderna: Wildlife. Jerry siempre había pertenecido a la élite, un hombre atractivo, deportista profesional, casado con su novia del instituto, quien también era la chica más popular de su generación. Jerry es, como muchos de los personajes creados por Richard Ford, o algunos de sus homólogos inspiracionales como Raymond Carver o Tobias Wolff, un fiel representante de la masculinidad hegemónica norteamericana. Sin embargo, lo que distanciará el estilo de este escritor respecto de cualquier otro de sus predecesores es la forma de penetrar en sus personajes, no sólo en su aspecto psicológico, sino también en lo más profundo de sus sentimientos, mostrándolos tal y como son, víctimas de una constante lucha interna por encontrar su verdadero yo, frustrados, perplejos, acobardados. Ford es mucho más indulgente de lo que podría serlo Carver, quien no dudaría en dejar a sus creaciones al borde del abismo y esperar a ver lo que pasa. Por el contrario, por muy bajo que caiga Jerry, siempre veremos una pequeña luz al final del túnel, algo que le permita salir a la superficie.

    Por supuesto, como ya habremos intuido, Jerry no encontrará el oro líquido deseado, sino que habrá de conformarse con ser instructor de golf en un club privado. Éste sería el prólogo oculto que no interesa a Paul Dano, quien lo omite para presentar a un personaje en pleno proceso decadente y a punto de ser despedido. El fracaso laboral no será lo que termine de destrozar la confianza de este hombre, sino el hecho de que su mujer haya tomado la iniciativa y se ponga a trabajar para poder mantener a su familia. Sin lugar a dudas, este acontecimiento será un grave atentado a la virilidad de Joe quien, tratando de compensar tanta humillación, busca algo que le permita sentirse útil, confirmar su posición de ciudadano respetable y modélico; en definitiva, volver a sentirse como un hombre. Por ello decide hacerse voluntario en las brigadas de bomberos para luchar contra los persistentes incendios que están asolando la zona. Dejando atrás todo y sin titubear, coge las maletas y se vuelve a marchar, ahora en solitario, para recuperar su masculinidad arrebatada. Dano consigue desde el comienzo una efectiva trasposición que sitúa al lector por encima del personaje, algo que se logra proponiendo como falso narrador a un adolescente, Joe, que alcanza un mayor nivel de implicación en el lector para que pueda comprender el ambiente opresivo sufrido por un joven en el proceso de forja de su personalidad al encontrarse atrapado en la incompetencia de dos padres consumidos por sus inseguridades y, además, físicamente acorralado por unas llamas que no cesan en su avance destructivo creando una atmósfera irrespirable.


    «Uno de los casos más paradigmáticos de la novela era comprobar que Jerry no actúa motivado por los celos, sino por un sentimiento mucho más profundo que ha desarrollado después de tres días luchando de forma incansable contra el fuego. El fuego purifica y termina siendo lo único que nos queda, fuego y cenizas como la simplificación de todas las reacciones naturales de este mundo».


    La decisión de Jerry de marcharse tendrá un efecto devastador en Jean, quien pasará de un estado de absoluta seguridad en sí misma al recobrar su autonomía y la independencia económica, a verse rechazada y abandonada por un hombre que parece no sentirse atraído por ella, por lo que se adentrará en una relación amorosa con un hombre mayor, tullido y con dinero. Warren Miller se presenta, a ojos de Joe, como un ser repugnante, grotesco y desagradable en todos los aspectos, sin embargo es una valoración perceptiva influida por la aversión que el chico tiene hacia el amante de su madre que encarna una amenaza para la estabilidad de su familia. El director consigue crear muy bien este efecto por medio del primer plano; con tomas muy cercanas y distorsionadas del rostro del actor, logra que sus facciones se deformen y den esa impresión esperpéntica que nos habíamos hecho de un ser así. No obstante, la película se centrará en todo momento en la historia del niño; si bien es cierto que la novela utiliza la misma perspectiva, es destacable cómo Dano ha sabido sintetizar el guion sin que quede demasiado forzado, eliminando aspectos del desarrollo de los personajes paternos. Esto podemos apreciarlo en dos escenas muy claras en las que la supresión de un contexto psicosomático más profundo referente a los padres, consigue que una misma acción tenga dos significados muy diferentes. La primera de ellas sería aquella en la que Jane abofetea a su hijo. La película nos hace creer que lo golpea de manera irreflexiva y maquinal al sorprenderla en la oscuridad y reaccionar de forma violenta a un susto semejante; por el contrario, la novela nos ofrece una visión mucho más profunda de la problemática enfermiza propia del realismo sucio en el que se enmarca el estilo narrativo del autor.

    En el libro, la madre aparece completamente desnuda ante el niño, a excepción de una bata abierta que no oculta nada a la mirada de un impresionable adolescente que, pese a haber visto a su madre sin ropa en otras ocasiones, no puede ahora sino desear que se encontrara vestida. Entonces, y tras la sorpresa inicial, Jane le golpea hasta dos veces, y le increpa que está enfadada con él. Esto sucede después de que el niño fuera invitado a una cita entre su propia madre y Miller, y el flirteo se les fuera demasiado de las manos. De algún modo, lo culpa por su infelicidad, por tener que demostrar delante de su hijo que es capaz de atraer a otros hombres y, en resumen, volver a sentirse mujer. Comprendemos aquí que el problema de ambos padres es el mismo, la falta de autoestima y la pérdida total de la confianza en sí mismos y en su condición de seres sexuados. Ahora mismo son personajes que han sufrido una castración y se olvidarán de cualquier cosa hasta que logren recuperar su estado original, sin importar los medios y las consecuencias que provoca ese comportamiento en su hijo. Todo llegará a un punto de inflexión con el regreso de Jerry. Aquí surge la segunda escena en la que se aprecia la nueva perspectiva erigida por Dano, y que otorga al hombre un comportamiento mucho más celoso de lo que sugiere el libro. Esto podrá contemplarse ya en los últimos compases de la película, cuando el matrimonio haga frente a los acontecimientos ocurridos durante la marcha del marido. Uno de los casos más paradigmáticos de la novela era comprobar que Jerry no actúa motivado por los celos, sino por un sentimiento mucho más profundo que ha desarrollado después de tres días luchando de forma incansable contra el fuego. El fuego purifica y termina siendo lo único que nos queda, fuego y cenizas como la simplificación de todas las reacciones naturales de este mundo.


    Alberto Sáez Villarino |
    © Revista EAM / 71ª edición del Festival de Cannes


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