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    Crítica | La oveja Shaun. La película: Granjaguedón


    Vuelta a la granja

    Crítica ★★★☆☆ de «La oveja Shaun. La película: Granjaguedón», de Will Becher y Richard Phelan.

    Reino Unido, Francia y Estados Unidos, 2019. Título original: A Shaun the Sheep Movie: Farmageddon. Dirección: Will Becher y Richard Phelan. Guion: John Brown, Mark Burton y Nick Park. Productoras: Aardman / Amazon Prime Video / Anton / StudioCanal. Fotografía: Charles Copping. Montaje: Sim Evan-Jones. Música: Tom Howe. Diseño de producción: Matt Perry. Dirección artística: Richard Edmunds y Matt Sanders. Vestuario: Avery Plewes. Reparto (voces): Justin Fletcher, Andy Nyman, John Sparkes, Kate Harbour, Joe Sugg, David Holt. Duración: 86 minutos.

    La oveja Shaun es una serie de televisión iniciada en 2007 por Aardman, con varias temporadas divididas en numerosos capítulos de duración variable, la mayoría de 7 minutos con algunos de 20 o 21. Cada uno de ellos gira en torno a un gag determinado, según una concreta ocurrencia del granjero, de uno de sus animales o especialmente de la oveja del título. El ambiente bucólico con protagonismo de su fauna es propicio para desarrollar historias breves en un contexto conocido, donde se da por sentada una premisa sencilla y se busca el apoyo humorístico de tales personajes y referentes, que lo proporcionan fácilmente. Y es que tanto los propios elementos de una granja como los que se pueden introducir desde fuera aportan un inagotable caldo de cultivo para los guiones más divertidos. Más difícil puede ser extenderlo a un largometraje, sobre todo si se quiere mantener la esencia sintética de la idea original. Pero esto lo lograron con insospechado éxito Mark Burton y Richard Starzak al dirigir la película de La oveja Shaun, estrenada en 2015. Sin renunciar a tales principios, sus creadores diseñaron una trama lo suficientemente elaborada como para aguantar sin rellenos sus 85 minutos de duración (en particular trasladando gran parte de la acción más allá de la granja, a la ciudad contigua), pero en cualquier caso concebida esencialmente como montaje de secuencias humorísticas casi a modo de sketches. Este era un efecto que venía reforzado por la ausencia de diálogos, de manera que todo el humor era visual… o mínimamente sonoro a través de los ruidos y berridos ininteligibles proferidos por sus sujetos tan curiosos.

    Dicho éxito ha motivado el estreno este año de una secuela, La oveja Shaun. La película: Granjaguedón, aunque el término secuela no es del todo correcto, porque aparece como historia relativamente independiente, que podría ambientarse antes o después de la anterior, como era el caso de los capítulos de la serie. De hecho ya alguno de estos se basaba en la llegada de alienígenas a la granja, premisa que desarrolla ahora la nueva película, como su título indica. En realidad estamos ante un amalgama de referencias de ciencia ficción, donde la principal inspiración es E.T. El extraterrestre (Steven Spielberg, 1982), pero donde también tienen cabida guiños explícitos a Señales (M. Night Shyamalan, 2002), Men in Black (Barry Sonnenfeld, 1997) y 2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968). Al igual que en el clásico de Spielberg, llega a la tierra, sin que casi nadie lo perciba, una criatura muy mona del espacio exterior, que acoge en particular nuestra oveja heroína, y la ayuda desde entonces a recuperar su nave para volver a su planeta y reunirse con sus padres. Esto se entremezcla con la mentada localización de la granja, aquí de hecho más dominante que en la entrega de 2015, y en particular el campo a su alrededor aparece marcado por la llegada alienígena, de forma muy parecida al filme de Shyamalan. En cualquier caso el antagonista aquí es una agente vestida de negro y con gafas de sol, con un estilo claramente tomado de la cinta de Sonnenfeld, oscura mujer que lidera a un grupo de operarios ataviados con un traje similar a los que debían lidiar con enfermos de ébola o a los que se utilizan en laboratorios para evitar otras contaminaciones. En fin, la huella de la obra maestra de Kubrick es la más manifiesta aunque solo en un par de detalles, como esa imagen que, música incluida, recuerda la de la tierra alineada con la luna y el sol.

    A Shaun the Sheep Movie: Farmageddon, Will Becher y Richard Phelan.
    La estrena en España Vértice Cine.

    «La oveja Shaun. La película: Granjaguedón juega sobre seguro, sabe lo que hay que explotar para perseguir el efecto deseado, el entretenimiento, pero llegados a un punto en que estamos tan familiarizados con sus bases, apenas destaca sobre otras propuestas de público similar».


    Aquí es donde surge más claramente la parodia del género, que no puede sino definirse así por el tono de la narración y sus elementos prestados. Pero estos lo son quizá en exceso, sin que, una vez incorporados y combinados, haya un afán suficiente de trascender más allá de los mismos o reformularlos. O siquiera de encontrar chistes nuevos a partir de ellos. Estos son en su mayoría reciclados, poco inspirados, salvo algún momento aislado como esa pizza congelada al vuelo que es confundida con un ovni. Aunque el montaje es tan ágil como al que nos tiene acostumbrados Aardman, de manera que en ningún momento la realización nos aburre, su sucesión de secuencias en este caso se percibe casi con desgana, por su escasa capacidad de sorpresa. Ya sabemos que una parodia como la señalada tendrá su gracia, aunque sea mínima, y más si la protagonizan ese tipo de personajes que hemos mencionado. Pero más allá de esta seguridad hay poco espacio para la innovación y para encontrar otro tipo de hallazgos que permitan que el resultado sea más memorable. En otras palabras, La oveja Shaun. La película: Granjaguedón juega sobre seguro, sabe lo que hay que explotar para perseguir el efecto deseado, el entretenimiento, pero llegados a un punto en que estamos tan familiarizados con sus bases, apenas destaca sobre otras propuestas de público similar. Y esto es especialmente decepcionante para una apuesta donde, al menos como nos mostró su antecesora, había cabida para que muchos espectadores disfrutaran con un tipo de humor poco frecuente en la actualidad e incluso con un concepto de cine casi olvidado. Esto se debía a su naturaleza pasada, esto es, del cine cómico mudo y la animación tradicional, aunque con aportes de modernidad, como el propio diseño de personajes o canciones de su banda sonora (que, hay que decirlo, no siempre encajan en el tono general anterior). En suma, estamos ante una película cuya recomendación mayor o menor deriva de una paradoja, pues trae causa de su inherente capacidad para destacar sobre otras películas de animación u otras comedias en general, pero al mismo tiempo esa capacidad es limitada por lo ya conocido de sus cualidades | ★★★☆☆


    Ignacio Navarro Mejía |
    © Revista EAM / Madrid


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