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    Crítica | Border

    Donde habitan los monstruos

    Crítica ★★★★★ de «Border», de Ali Abbasi.

    Suecia, 2018. Titulo original: Gräns. Director: Ali Abbasi. Guion: Ali Abbasi, Isabella Eklöf (Novela: John Ajvide Lindqvist). Productores: Nina Bisgaard, Piodor Gustafsson, Petra Jönsson. Productoras: Meta Spark, Kärnfilm. Fotografía: Nadim Carlsen. Música: Christoffer Berg, Martin Derkov. Montaje: Olivia Neergaard-Holm, Anders Skov. Reparto: Eva Melander, Eero Milonoff, Jörgen Thorsson, Ann Petrén, Sten Ljunggren, Rakel Wärmländer.

    Los dioses, los astros, el destino... No se sabe a ciencia cierta qué fuerzas de la naturaleza han debido interceder para que se hayan cruzado, muy sabiamente, las carreras de dos artistas tan personales (cada uno en su terreno) como el escritor sueco John Ajvide Lindqvist y el realizador nacido en Teherán Ali Abbasi. Todos caímos rendidos ante la adaptación que, sobre la obra del primero (que también se encargó del guion), llevó a la gran pantalla Tomas Alfredson en Déjame entrar (2008). Aquella película de vampiros, escalofriante hasta la médula, escondía en su alma una de las historias de amor más desgarradas e “imposibles” que jamás haya ofrecido el cine de género. El pequeño Oskar, atormentado a diario por los compañeros de colegio abusadores que le someten a bullying, y Eli, ambiguo ser centenario oculto bajo la frágil apariencia de una niña de 12 años que necesitaba alimentarse de sangre para subsistir, encontraban el uno en el otro muchas de las respuestas al porqué de sus vacías y tristes existencias, aportándose, mutuamente, algo de luz y esperanza a la hora de afrontar un futuro que no se podía presentar más gris. Por su parte, Abbasi debutó con una película que no dejó indiferente a nadie, Shelley (2016), perverso cuento de horror que hablaba de la maternidad en sus manifestaciones más sórdidas y oscuras, a través de la estrecha (y enfermiza) relación que establecían una mujer obsesionada con la idea de ser madre, a pesar de que su cuerpo estaba incapacitado para albergar vida en su interior, y la joven y fértil asistenta que se prestaba a servirle de vientre de alquiler, empujada por sus problemas económicos. La manera tan contundente con la que el director insertaba los elementos de cine de terror dentro de lo cotidiano, sin que estos restaran un ápice de dramatismo al relato, hacían de él el hombre perfecto para llevar a buen puerto una adaptación de otra novela de John Ajvide Lindqvist, Gräns, que guarda no pocos paralelismos argumentales con su exitosa Déjame entrar.

    El resultado ha sido Border, curiosísimo híbrido de diferentes géneros en el que se reconocen, perfectamente, los universos de dos artistas destinados a confluir en el espacio y en el tiempo. Una obra excepcional que, si se consigue entrar en ella, supone una de las experiencias cinematográficas más fascinantes que el cine europeo nos ha regalado en los últimos años. En primer lugar, nos hallamos ante un retrato femenino fascinante, con un personaje protagónico que, además, se sale de todas las convenciones establecidas. Al inicio de la cinta se presenta a Tina (magistral trabajo de Eva Melander, sobreponiéndose a las limitaciones de un elaborado trabajo de maquillaje y caracterización), una mujer de físico poco agraciado, con una fisionomía fuera de lo común que llama poderosamente la atención, aunque no tanto como la manera que tiene de desempeñar su trabajo como agente de aduanas. Sirviéndose de un desarrolladísimo olfato (más propio de un animal más primario que de un ser humano) y su especial sexto sentido, es capaz de sentir el miedo, la vergüenza, el sentimiento de culpa y, en definitiva, la maldad, en los pasajeros que cruzan el pasillo ante su imponente figura silenciosa. Minutos después, conoceremos a Tina fuera de su ambiente laboral, descubriendo que es una persona solitaria y poseedora de una extraordinaria sensibilidad, que parece estar más cómoda caminando descalza por el bosque que rodea la cabaña donde vive, en idílica comunión con los animales salvajes, que socializando con otras personas. De hecho, comparte techo con un hombre que, en teoría sería algo así como su pareja sentimental, aunque la relación entre ambos se asemeja más la de dos compañeros de piso, en la que sentimientos como la complicidad, el amor o la pasión brillan por su ausencia y donde él dedica más horas al cuidado de sus perros que a su mujer. El único ser humano con quien Tina sí guarda unos evidentes lazos afectivos es con un padre enfermo que cada día la va olvidando un poco más. Esta existencia, un tanto gris, de Tina dará un vuelco de 180º desde el momento en que cruce su camino con Vore, un viajero que comparte con ella la particularidad de sus rasgos físicos, así como su estrecha relación con la naturaleza, y que provoca en el interior de la mujer una catarata de sensaciones que será, solamente, el inicio de un proceso de autodescubrimiento.


    «Abbasi, desde la silla del director, y John Ajvide Lindqvist en la creación de la historia, han conseguido la proeza de que todos estos elementos, a simple vista, imposibles de enlazar con un mínimo de credibilidad, se complementen a la perfección en una obra tan compleja (y completa) que logra que el espectador atraviese, prácticamente, por todas las sensaciones posibles».


    Border rompe todos los cánones del cine romántico para entregarnos una arrebatadora historia de amor entre dos seres a los que les une su diferencia del resto y la incomprensión que han sufrido por parte de la sociedad como consecuencia de su "diferente" naturaleza. Pero, a diferencia de Vore, que ha desarrollado un odio visceral hacia la raza humana, fruto de los abusos sufridos desde pequeño, Tina ha sabido sobreponerse a las burlas que sufrió cuando era niña para vivir en comunidad y llegar a ser, incluso, muy valorada en su actividad profesional. Resulta especialmente apasionante la manera en que la historia muestra cómo la protagonista va descubriendo los secretos de sus verdaderos orígenes, así como una sexualidad salvaje y primitiva –mostrada en todo su fulgor en una de las escenas más valientes y arriesgadas (¡con qué facilidad podría haber caído en lo ridículo y, sin embargo, con qué visceralidad la resuelve Abbasi!) del año– que yacía latente en su interior. Un romance, por un lado, liberador para Tina, y, por otro, peligroso, ya que las fronteras entre el bien y el mal se difuminan en la atormentada personalidad de su amante. Al igual que sucedía con el vampirismo en Déjame entrar, la imagen de los trolls, esos seres salvajes provenientes del folklore nórdico, que odian a la raza humana y raptan a sus bebés, está tratada dentro de la película con gran seriedad, haciendo que lo fantástico se funda con lo cotidiano de forma natural y, de paso, "humanizando" (aunque suene paradójico) a estas criaturas. Lo logra destapando, también, la cara más "animal" (en el sentido más deplorable de la acepción) del ser humano, a través de una siniestra trama policial alrededor de una red de pedofilia en la que Tina se ve envuelta gracias a su virtuosa capacidad para rastrear culpables. Border, que para entonces ya funcionaba maravillosamente bien como drama social sobre personajes marginados en un entorno en el que ser diferente está pagado con el desprecio y las burlas, así como en su vertiente más irreal (todo lo que concierne a la mitología troll), se revela, en última instancia, como un perturbador thriller psicológico. Abbasi, desde la silla del director, y John Ajvide Lindqvist en la creación de la historia, han conseguido la proeza de que todos estos elementos, a simple vista, imposibles de enlazar con un mínimo de credibilidad, se complementen a la perfección en una obra tan compleja (y completa) que logra que el espectador atraviese, prácticamente, por todas las sensaciones posibles, conmoviéndose con esa mirada comprensiva y tolerante de Tina hacia una raza "superior" que la considera ciudadana de segunda clase, o experimentando auténtico pavor ante la visión de la maldad más absoluta (en este sentido, trolls y humanos la pueden ejercer con idéntica frialdad). Por todo esto, Border ofrece una alternativa de cine de género diferente y necesaria, que utiliza seres mitológicos para remover conciencias y nos enseña que la verdadera monstruosidad proviene de las debilidades humanas. | ★★★★★ |


    José Martín León |
    © Revista EAM / Madrid


    Border se estrena en las pantallas españolas el 11 de enero de 2019 gracias a Karma Films.

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