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    Crítica: Alto el fuego

    Trinchera poco profunda

    Crítica ✷✷✷ de Alto el fuego, de Emmanuel Courcol.

    Francia y Bélgica. 2016. Título original: «Cessez-le-feu». Presentación: Festival de Locarno 2016. Dirección: Emmanuel Courcol. Guion: Emmanuel Courcol. Productoras: Polaris Film Production & Finance / Umedia / Fontana / France 2 Cinéma / Compagnie Gama des Films / Appaloosa Distribution / Adhésive Production. Fotografía: Yann Maritaud y Tom Stern. Montaje: Guerric Catala y Géraldine Rétif. Música: Jérôme Lemonnier. Diseño de producción: Mathieu Menut. Vestuario: Stéphane Rollot y Edith Vesperini. Reparto: Romain Duris, Céline Sallette, Grégory Gadebois, Julie-Marie Parmentier, Maryvonne Schiltz, Wabinlé Nabié. Duración: 103 minutos.

    Hace unas semanas se estrenó en nuestra cartelera Nos vemos allá arriba (Au revoir là-haut, Albert Dupontel, 2017), enérgico recuento de las experiencias de algunos veteranos franceses de la Primera Guerra Mundial. Su director, conocido por su afinidad a los llamados planos imposibles, tanto por el ángulo de cámara como por su movimiento, sacaba a relucir este llamativo estilo desde el comienzo de esa última película suya, con un plano secuencia que se iniciaba en cenital para luego ir bajando mientras seguía a un perro que se adentraba, y con él la cámara, en una de las trincheras del frente. Pues bien, curiosamente ha venido a coincidir en nuestras salas otra cinta francesa ambientada en la misma época, cuyos protagonistas también son soldados traumados por el conflicto (aunque como reseñaremos enseguida luego sus vicisitudes transcurran por cauces opuestos), y cuyo primer plano es también una larga toma área que al fin se detiene al nivel de la trinchera de turno. La coincidencia es más que sorprendente, pero destaca sobre todo, en lo que nos interesa, porque mientras que en la cinta de Dupontel, como adelantábamos, recursos similares se repetían a lo largo del metraje, dando muestra de esa vocación de estilo propio, en Alto el fuego (Cessez-le-feu) es un detalle puntual que luego da paso a una puesta en escena mucho más sobria y ortodoxa. De hecho la diferencia de presupuesto es patente en la duración ahora interrumpida de esa toma de arranque y en que al final otro acontecimiento violento se mostrará en fuera de campo, en claro contraste con la voluntad de visualizarlo todo, sin elipsis, que por naturaleza caracteriza al plano secuencia.

    En este sentido, el contraste en intenciones es relevante porque revela la voluntad inicial del director Emmanuel Courcol de narrar con cierto tono épico y universal una historia que al fin y al cabo es muy intimista, algo que confirma la dedicatoria final a todos los supervivientes de la guerra. Sin embargo en esa otra secuencia hacia el desenlace deja en off a uno de los protagonistas y resuelve su suerte de forma precipitada, lo cual va en contra tanto de la visualización sobrehumana como del aspecto humano, traicionando en cierto modo este último al hacer desaparecer a quien lo encarna de forma tan poco ceremoniosa. Esta digresión inicial nos sirve además para adelantar el otro punto en que el filme que ahora comentamos se queda algo corto, y es que a menudo los directores, sobre todo si son noveles como Courcol, prestan mucha atención (y ello es oportuno) al principio y al final de su historia, pues respectivamente son los momentos que permiten al espectador engancharse y acordarse de la misma. De ahí el principio impactante que mencionábamos y el final que intenta apelar al hondo sentimiento, tanto del espectador individual como del que se extiende al patriotismo de todo un pueblo.

    «Una vez sentado el contexto, Courcol apenas introduce elementos que vayan renovando el conflicto, ya sean narrativos o estéticos, que puedan mantener el interés del espectador a lo largo de un drama quizá demasiado interiorizado».


    Pero no menos importante, y es donde radica la mayor dificultad estructural, es el grueso de la trama. En Alto el fuego tenemos una primera media hora prometedora de presentación de los personajes, en concreto de dos hermanos separados tras la guerra (interpretados con registro tan opuesto como acertado por Romain Duris y Grégory Gadebois), en coordenadas espaciotemporales distintas, y los traumas respectivos que intentan superar: uno muy claro por sordomudez sobrevenida; otro más sutil que cuenta con detalles como el lavado insistente e inconsciente del cuello del personaje de Duris, por ser donde quedaron restos de sangre cuando estaba en la trinchera. Pero una vez reunidos los hermanos en su pueblo francés natal, el metraje se estanca, contando con un desarrollo demasiado pobre para nuestro auténtico entendimiento y la empatía que podamos sentir por estos veteranos, más allá de las heridas que lógicamente ha producido la guerra. En otras palabras, una vez sentado el contexto, Courcol apenas introduce elementos que vayan renovando el conflicto, ya sean narrativos o estéticos, que puedan mantener el interés del espectador a lo largo de un drama quizá demasiado interiorizado. Es natural que el conflicto sea más interno que externo una vez superado el marco bélico, pero faltan reflexiones, no solo verbales sino también simbólicas, que profundicen en él. De las primeras solo tenemos un ejemplo realmente potente cuando el personaje interpretado por Duris se desahoga en confesiones con su nueva pareja, mientras que las segundas están claramente ausentes. En cualquier caso, esta cinta no está exenta de cualidades. Es más, tanto la impersonalidad detrás de la cámara como la profesionalidad de su planificación son impropias de una ópera prima, ya no en sentido negativo sino positivo, pues en el fondo corroboran una cierta madurez que se trasluce quizá no en los componentes más obvios a los que nos referíamos, pero sí en un discurso global pendiente de la tragedia más cotidiana, más estoica. Es una visión del panorama que dejó una guerra tan terrible más ajustada a la realidad, por ende más valiosa aunque menos intrigante, que la más estilizada del filme de Dupontel que citábamos antes con ánimo comparativo, y que por tanto no sería en todo superior. | ✷✷✷✷✷|


    Ignacio Navarro Mejía
    © Revista EAM / Madrid


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