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    Crítica | The Cloverfield Paradox


    Marketing 10, creatividad 0

    Crítica ★ de The Cloverfield Paradox (Julius Onah, Estados Unidos, 2018).

    1-18-08. Estas enigmáticas cifras fueron el nombre provisional de un proyecto del que poco más se sabía pero que terminaría dando muchísimo que hablar. Un pequeño avance antes de la proyección de la primera entrega de Transformers (Michael Bay, 2007) nos pusieron, por primera vez, tras la pista de lo que acabaría siendo Monstruoso (Matt Reeves, 2008), una pequeña producción de J.J. Abrams, por aquel entonces toda una esperanza para el mundo de la televisión gracias a series como Felicity, Alias o Perdidos. Con un humilde presupuesto de 25 millones de dólares, el realizador del remake americano de Déjame entrar (2010) o las dos últimas entregas del triunfal reboot de El planeta de los simios, puso en pié una excelente película de monstruos, en su vertiente kaijus, rodada a la manera de metraje encontrado, es decir, como si de una grabación casera se tratase. Con actores por entonces no demasiado conocidos y unos efectos especiales de lo más conseguidos, dentro de las limitaciones presupuestarias, el filme obtuvo unas críticas formidables, que alabaron el realismo con el que aquella peripecia de escasa duración (70 intensos minutos) no daba tregua al espectador, en una pesadilla que tenía como escenario a una ciudad de Nueva York masacrada por una criatura gigante y, como protagonistas, a un grupo de amigos que estaban asistiendo a una fiesta. La taquilla respondió muy favorablemente, con más de 170 millones de dólares recaudados en todo el mundo, por lo que no era descabellado que el experimento del señor Abrams se convirtiera en una nueva gallina de los huevos de oro que exprimir. Pero tras aquel éxito se volvió a hacer el silencio y nada más se supo de la saga Cloverfield hasta que un nuevo título de Michael Bay, en esta ocasión la notable 13 horas: los soldados secretos de Bengasi (2016), sirvió de plataforma para que sus responsables lanzara el primer adelanto de Calle Cloverfield 10 (Dan Trachtenberg, 2016), después de haber jugado al despiste con varios títulos provisionales como The Cellar, inicialmente dirigido por Damian Chazelle, realizador de La La Land (2016) o Valencia, otro proyecto que, al menos sobre el papel, no guardaba ninguna relación con los acontecimientos mostrados en Monstruoso.

    Calle Cloverfield 10 significó, sin duda, una de las mejores obras que el cine fantástico nos han regalado en los últimos tiempos. Una cinta aún más indie que su antecesora (solo 5 millones de presupuesto) que cambiaba radicalmente de tercio, situándonos en el género del suspense, con el único (y limitado) escenario de un búnker diseñado para sobrevivir a cualquier tipo de desastre bacteriológico, nuclear o extraterrestre al que se pudiera enfrentar. Allí permanece en cautividad el personaje interpretado por la fantástica Mary Elizabeth Winstead, después de haber sido “salvada” por el misterioso perturbado encarnado por John Goodman, en una de esas interpretaciones perfectas que están por encima de cualquier premio, que trata de convencerla de que si abandona su encierro se verá expuesta a una muerte segura. Hasta los últimos compases de aquel fascinante ejercicio de género genuinamente hitchcockiano, claustrofóbico y minimalista, no descubrimos hasta qué punto todo es fruto de la fantasía de una mente desequilibrada y qué relación guarda su historia con la de Monstruoso. Sin duda, estamos ante dos propuestas muy diferentes pero que sí acababan compartiendo universo y una campaña viral en su promoción, apoyada en una falta de información absoluta y un secretismo alrededor de sus rodajes poco habitual en el cine comercial. Calle Cloverfield 10 volvió a funcionar a las mil maravillas y esta vez se han dado más prisa en acometer una tercera aventura que incidiría en esta peculiar mitología monstruosa. Paramount rodó en secreto The Cloverfield Paradox, este proyecto de ciencia ficción espacial que fue comprado, nada más y nada menos que por Netflix, apuntándose uno de los tantos más efectistas desde que la plataforma de streaming abrió sus puertas. Fue en la final de la Super Bowl (qué mayor campaña de promoción que el evento deportivo más seguido de Estados Unidos) cuando, por obra y gracia del marketing, se reveló al mundo que ese mismo domingo 4 de febrero se estrenaría en Netflix la tercera película de Cloverfield, algo que supuso una auténtica sorpresa para los millones de seguidores de una de las franquicias más interesantes del fantástico actual. La cuestión es que, tal vez por las prisas con las que se ha acometido el producto o, quizás, por las altísimas expectativas creadas a raíz de los formidables resultados de sus dos entregas precedentes, lo cierto es que The Cloverfield Paradox ya puede considerarse uno de los fiascos artísticos más lamentables del recién estrenado 2018.

    «La imagen que cierra la película, todo hay que decirlo, es tan espectacular como imprevisible, pero llega demasiado tarde para salvar un producto que hace aguas por todas partes y que deja más preguntas que respuestas». 


    Julius Onah, inefable director primerizo (no es excusa: Trachtenberg también lo era y Calle Cloverfield 10 fue una maravilla), se pone al mando de una historia de horror espacial, inicialmente conocida como God Particle, que tiene lugar en una estación espacial del futuro en la que un grupo de científicos y astronautas tratan de encontrar solución para los problemas de falta de energía que amenazan al planeta Tierra, sumido en una devastadora guerra. No conviene desentrañar más aspectos del guion de Oren Uziel para no estropear las posibles “sorpresas” que la película encerraría y la conexión con los otros episodios, pero lo cierto es que los responsables del proyecto muestran una preocupante falta de creatividad en el desarrollo de un relato que hemos visto en ocasiones anteriores (y mejores) en una sala de cine. The Cloverfield Paradox parece un batiburrillo sin alma de Alien (Ridley Scott), Life (Daniel Espinosa, 2017) y, sobre todo, la reivindicable Horizonte final (Paul W.S. Anderson, 1997), con la que comparte aterradoras puertas interdimensionales y las alucinaciones fantasmales que atormentan al grupo humano. Un grupo humano, por cierto, conformado por un puñado de buenos actores que parece no creerse demasiado sus personajes. Pocas veces hemos visto a Daniel Brühl o David Oyelowo tan perdidos (de Ziyi Zhang mejor no hablar), y tan solo Gugu Mbatha-Raw se muestra correcta como heroína espacial deudora de la mítica teniente Ripley. Es una verdadera lástima que una saga con el potencial de Cloverfield se haya vendido de esta manera miserable, con una peripecia de ciencia ficción tan rutinaria y aburrida, que desaprovecha al máximo los escasos pasajes que muestran la situación en la Tierra, centrándose en los repetitivos conflictos vividos a bordo de los pasillos de la nave. Ni siquiera la funcionalidad de la vistosa dirección artística y unos efectos especiales bastante discretos resultan suficientes para levantar un espectáculo apagado, cuyo guion parece más una sucesión de golpes de efecto sin demasiado sentido, cuya única finalidad parece la de llevar al desconcertado espectador hacia un desenlace que, aunque sea de forma un tanto forzada, vincule su historia con el universo ya conocido. La imagen que cierra la película, todo hay que decirlo, es tan espectacular como imprevisible, pero llega demasiado tarde para salvar un producto que hace aguas por todas partes y que deja más preguntas que respuestas. Tal vez ni sus guionistas las sepan aún. Su estreno televisivo no se ha saldado con el éxito que los directivos esperaban de ella, pero se dice que ya hay una cuarta entrega, bautizada como Overlord y definida como un thriller sobrenatural... ¡Ambientado en la Segunda Guerra Mundial y protagonizado por nazis! Dios nos pille confesados. | ★ |


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2018. Título original: The Clovefield Paradox. Director: Julius Onah. Guion: Oren Uziel. Productores: J.J. Abrams, Lindsey Weber. Productoras: Netflix / Bad Robot / Paramount Pictures. Fotografía: Daniel Mindel. Música: Bear McCreary. Montaje: Alan Baumgarten, Matt Evans, Rebecca Valente. Diseño de producción: Doug J. Meerdink. Reparto: Gugu Mbatha-Raw, Daniel Brühl, David Oyelowo, Elizabeth Debicki, John Ortiz, Chris O'Dowd, Ziyi Zhang, Aksel Hennie, Roger Davies.

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