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    A cambio de nada, el triunfo de lo profano

    A cambio de nada
    «… A Cambio de Nada funciona y convence en gran medida porque es capaz de recuperar un personaje de gran tradición española y lo adereza con varios elementos castizos. La figura del pícaro, protagonista de toda una corriente literaria, se adapta aquí al siglo XXI. El pícaro del Siglo de Oro de las letras españolas, entendido como personaje que proviene de un estamento social bajo y de familia poco respetable, encuentra su reflejo en la España actual en Darío, un joven de extrarradio marcado por el inminente juicio de divorcio de sus padres. Aun así, sus cualidades no han cambiado: su astucia, desvergüenza e ingenio le hacen sortear todo tipo de tretas y peligros. Además, Daniel Guzmán recupera la figura del fiel escudero en el personaje de Luismi, un compañero que será capaz de seguir ciegamente a su amigo, cual Sancho Panza tras Don Quijote. Este inteligente apunte a los clásicos viene acompañado de algunos toques muy genuinos, como las canciones de Julio Iglesias o el rastro madrileño, que aportan los toques de humor necesarios para desdramatizar la historia y conseguir arrancar alguna risa en el patio de butacas. Porque, al fin y al cabo, esa es el objetivo de Guzmán en su debut: minimizar cualquier rasgo de estilo que pueda aportar subrayados dramáticos para mostrar a unos personajes pegados a una realidad que le es cercana. Queda ahora preguntarse por los siguientes pasos de Guzmán, Herrán y Bachiller. El primero, deseamos que tenga la oportunidad de arriesgar en un segundo largometraje. Los segundos, esperamos que puedan reponerse de unos papeles con un carácter tan marcado como Darío y Luismi. El tiempo dirá».

    Si se trata simplemente de soñar despierto, la imaginación no guarda límites, no entiende de economía ni de emociones tópicas. Es probable que Daniel Guzmán, actor conocido por su participación en el serial de éxito Aquí no hay quién viva, hubiera soñado que su debut se convertiría en una película apreciada por la crítica y el público, que visitaría los mejores festivales del mundo y obtendría todos los premios posibles. También es probable que, tras esas primeras imágenes forzadas en su mente, abriera, una vez más, el guion de su primera película, A cambio de nada, y se sintiera orgulloso que sus miedos, sus ilusiones y experiencias tendrían una extensión más allá de su memoria, en forma de celuloide. Es por ello que A cambio de nada deja a un lado la parafernalia técnico-mediática para contar con sencillez las aventuras y desventuras de un joven de extrarradio. Una mirada tan agridulce como profana que sabe cómo llegar al público sin tener que apelar a la magia. Solo sueños reales.




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