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    Crítica | Riddick

    Riddick

    RIDDICK SE HUMANIZA

    crítica de Riddick | David Twohy, 2013

    En 2000, los aficionados al cine fantástico asistimos con gratitud a una de esas pequeñas sorpresas que, de cuando en cuando, se cuelan en las carteleras entre tanta superproducción de presupuesto estratosférico. Se trataba de Pitch Black, una modesta variante de la ciencia ficción terrorífica que tantos títulos nos ha ofrecido desde que en 1979 Ridley Scott hiciera historia con la imprescindible Alien. David Twohy, su director, supo aprovechar estupendamente cada uno de los escasos (para el tipo de filme que se trata) 23 millones de dólares de presupuesto para llevarnos a un angustioso viaje a un planeta sumido en una perpetua oscuridad después de que sus tres soles entraran en eclipse. Unas terribles criaturas nocturnas tendrán entonces vía libre para acabar uno a uno con los supervivientes de una nave que realizó un aterrizaje de emergencia sobre su superficie, entre los que se encuentra el peligroso criminal Riddick, encarnado por el musculoso Vin Diesel. Con unos efectos especiales resultones y un perfecto equilibrio entre horror y acción, el filme consiguió recaudar más de 53 millones de dólares en todo el mundo, convirtiéndose en un instantáneo título de culto. Los productores, obviamente, apostaron por la secuela y lo hicieron hasta el extremo de poner un generoso presupuesto de 105 millones de dólares en manos de un David Twohy que hasta ese momento se había movido en los seguros terrenos de la serie B. Las crónicas de Riddick (2004) fue una auténtica superproducción destinada a codearse esa temporada con Yo, robot o Sky Captain y el mundo del mañana.

    Hollywood puso todos los medios necesarios para que el universo en que se desenvuelve el imperturbable Riddick se expandiera gracias a una magnífica dirección artística y unos efectos visuales mucho más espectaculares. A cambio, resulta evidente que se perdió completamente la frescura de Pitch Black, al mismo tiempo que el personaje de Riddick dejaba atrás gran parte de ese halo de misterio que le hacía tan interesante en aquella. Aun contando con un importante séquito de defensores –los fans más acérrimos de la serie–, Las crónicas de Riddick fue incapaz de camuflar un guión bastante pobre entre tanta pomposidad estética. La intención de Twohy de poner en pie una nueva saga galáctica de la complejidad de Dune se quedó justamente en eso, la intención. El batacazo comercial, encima, fue importante. Poco más de 115 millones de dólares en todo el mundo parecían certificar el final de la serie en este segundo y fallido capítulo, pero el entusiasmo de su director y del propio Diesel (nunca ha ocultado que es su personaje favorito) por resucitar aquella mitología, finalmente dio sus frutos y Universal Pictures dio luz verde a Riddick, una tercera aventura que supone la prueba de fuego definitiva para su futura continuación. Evidentemente, los estudios han preferido no arriesgar demasiado y jugar sobre seguro en esta ocasión, suponiendo esta película un regreso a los humildes orígenes del personaje con unos ajustados 38 millones de presupuesto.

    Riddick

    Para la ocasión, volvemos a encontrar al (anti) héroe furyano abandonado a su suerte en un lejano planeta después de haber sido traicionado por los propios necróferos a los que pertenece. La primera (y prometedora) imagen que abre el filme nos muestra a un enorme pájaro alienígena que se lanza a mordisquear un brazo humano que aparece desenterrado de la superficie. En ese momento, la mano, que parecía inerte, agarra con fuerza el cuello del ave, estrangulándolo hasta la muerte. Los paisajes áridos y la situación en sí ya avisan de lo que viene después. Riddick ha sido planificada como un curioso western de ciencia ficción en el que Vin Diesel encarna al fuera de la ley que tan bien se le diera a Clint Eastwood en sus incursiones en el Oeste y los buitres son sustituidos por aves alienígenas, los caballos por motos voladoras y los representantes de la ley por un grupo de ambiciosos mercenarios espaciales. El primer tercio de la película es, sin duda, el mejor y más entretenido. Y eso es lo peor que le puede suceder a un título que busque el espectáculo, el ir de más a menos. En este segmento, se nos muestra casi sin diálogos –tan solo la voz en off de Vin Diesel rompe el silencio–, la difícil supervivencia de Riddick en el despoblado planeta, luchando contra diferentes especies de letales animales que quieren devorarlo, entre ellos una manada se seres parecidos a los coyotes de los que tomará un cachorro adoptado. Por increíble que parezca, Riddick se ha humanizado y se hace acompañar de su ya crecidita mascota como si de El señor de las bestias (1982) se tratara. Realmente prefería la versión oscura y trasgresora del personaje, pero es indudable que Diesel, independientemente de sus cualidades interpretativas, es un tipo con carisma. Lo tiene como Toretto en la inagotable saga A todo gas y lo sigue teniendo aquí, pese a que la creatividad del Twohy guionista siga en horas bajas.

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    La película avanza con buen ritmo y un poderío visual resultón –pese a que las criaturas digitales a veces son un poco cutres– hasta que, desgraciadamente, el planeta de vuelve a llenar de “humanos” con la llegada de los mercenarios que buscan la recompensa por la cabeza de Riddick. Desde ese momento, la cinta comienza a llenarse de diálogos estúpidos, personajes desdibujados y chistes (sí, esta tercera entrega tiene mucho humor, algo que no le sienta nada bien) de dudosa gracia. Jordi Mollà vuelve a ofrecer una interpretación de villano desatado e histriónico como la que ya sufrimos en Dos policías rebeldes 2 (2003) y el resto del reparto (incluida la poco femenina Katee Sackhoff, muy popular por la serie Battlestar Galactica) se mantiene en la misma línea paródica del español. En este segundo tramo de película, la acción pasa a un segundo plano y hay más tiempos muertos de los que sería deseable, al mismo tiempo que Diesel casi desaparece de la pantalla. En los últimos 30 minutos (cuando ya es demasiado tarde), Twohy pisa el acelerador e intenta volver a los orígenes de Pitch Black con la obligada masacre de los protagonistas a manos de unas criaturas que se mueven bajo tierra. Para entonces, Riddick ya ha tirado por la borda cualquier buena expectativa creada por el espectador al inicio del filme, dando como resultado una obra demasiado larga (no tanto como la versión extendida de Las crónicas de Riddick, pero aquí los minutos pesan más), con serios problemas para encontrar el tono y el ritmo adecuados, carente de una historia y unos personajes que enganchen (a excepción del protagonista, vuelvo a repetir) y con una alarmante falta de inspiración en las escenas de acción. En pocas palabras, a Riddick le falta el sano espíritu aventurero y el encanto intrínseco de la falta de ambiciones de Pitch Black y los medios técnicos de Las crónicas de Riddick para ofrecer, al menos, un competente ejercicio de estilo. Una auténtica lástima. ★★★★

    José Antonio Martín.
    crítico de cine.

    Estados Unidos. 2013. Título original: Riddick. Director: David Twohy. Guión: David Twohy (Personajes: Jim Wheat, Ken Wheat). Productora: Universal Pictures/ One Race Productions. Presupuesto: 38.000.000 dólares. Localización principal: Montreal. Fotografía: David Eggby. Música: Graeme Revell. Montaje: Tracy Adams. Intérpretes: Vin Diesel, Jordi Mollà, Matt Nable, Katee Sackhoff, Dave Bautista, Raoul Trujillo, Nolan Gerard Funk, Karl Urban, Conrad Pla, Bokeem Woodbine, Noah Danby.

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