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    Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | Exorcismo en Georgia

    Exorcismo en Georgia

    FANTASMAS DEL PASADO

    crítica de Exorcismo en Georgia | The Haunting in Connecticut 2: Ghost of Georgia, Tom Elkins, 2013

    En los últimos años, Hollywood está viendo como una auténtica oleada de productos de terror de escaso presupuesto, con el tema de los espíritus atormentados, está generando jugosos dividendos en taquilla. Ya ocurrió a finales de los 70 y principios de los 80 con clásicos de la talla de Terror en Amityville (1979), Al final de la escalera (1980), El ente (1982) o Poltergeist (1982), que fueron las que crearon las bases argumentales y estilísticas continuadas en esta nueva hornada, cuyos representantes más ilustres vendrían a ser Paranormal Activity (2007), Insidious (2011), Sinister (2012) y, especialmente, la aclamadísima The Conjuring (2013), con la que la película que nos ocupa ha tenido la mala fortuna de coincidir en las carteleras. Exorcismo en Georgia (2013) tiene, nada más nacer, un par de lastres con los que luchar para ser tenida en cuenta. En primer lugar, las estupendas críticas de los últimos títulos de semejantes características estrenados recientemente. En segundo (y más pesado) es que sus creadores intenten colarla como secuela de Exorcismo en Connecticut (2009) cuando se trata de una historia completamente distinta. En aquella interesante variante del tema de las casas encantadas, un chico enfermo de cáncer terminal se veía acosado por extrañas visiones tras mudarse a una casa de estilo victoriano que guardaba terribles secretos del pasado. Virginia Madsen fue la protagonista principal de la cinta que, pese a no contar con la publicidad de otras, logró recaudar más de 77 millones de dólares en todo el mundo. Exorcismo en Georgia únicamente tiene en común con ella su coletilla de “basada en hechos reales” y el innecesario título original. De hecho, ni tan siquiera hay exorcismos en la película.

    La historia nos presenta a la típica familia norteamericana que viaja a Georgia para instalarse en su nuevo hogar, una de esas casas de aspecto espeluznante que, tan solo con verlas, ya se intuye que poseen un pasado cuanto menos tormentoso. El matrimonio formado por los jóvenes Lisa y Andy y su pequeña hija Heidi –a los que se adosa la tía de la niña, la perceptiva Joyce– pronto comenzará a experimentar las primeras visiones fantasmales. La “novedad” radica en esta ocasión en que, lejos de ser algo que les pille de improviso, las dos hermanas son conscientes de haber heredado de su madre el don de ver a los fantasmas, algo que parece que se ha hecho extensible a la pequeña Heidi, la integrante de la familia más sensible a estas nuevas apariciones. Mientras que Joyce intenta hacerle ver a la niña lo especial de estas facultades, entendiéndolas como algo natural, Lisa lo vive de un modo más traumático, atiborrándose de pastillas con el fin de disminuir sus visiones. Conforme avanza la historia, iremos descubriendo los acontecimientos pasados en los que el jefe de la estación ayudaba a los fugitivos durante los tiempos de la esclavitud a huir a través de unos pasos subterráneos. Se sucederán las apariciones de diferentes espectros, entre ellos el de un anciano que se hace llamar señor Gordy, cuyas intenciones no quedarán claras hasta los minutos finales del filme. Tom Elkins es consciente de que el material que tiene entre manos no le permite entregar un producto especialmente novedoso, por lo que se afana en cumplir a rajatabla con todos los requisitos básicos para satisfacer a los amantes del género menos exigentes. No faltan los flashbacks impactantes que nos trasladan a épocas pasadas, ni los aumentos de sonido con intención de sobresaltar y, por supuesto, un poco de gore para contentar a quienes gusten de una experiencia un poco más extrema. Sin embargo, en el fondo de esta Exorcismo en Georgia subyace una historia más cercana a los terrenos de la espiritualidad, muy a la manera de la extraordinaria El sexto sentido (1999). No estamos ante una cinta de terror al uso, con casas encantadas y posesiones demoniacas, sino ante un drama doméstico en el que sus personajes tienen que aprender a convivir con unas facultades extraordinarias que no son fáciles de asumir. Casi podría decirse que estamos ante un capítulo alargado de Médium o Entre fantasmas, solo que a sus creadores les interesó más tomar unos caminos más terroríficos para exprimir el filón de moda.

    Exorcismo en Georgia

    Partiendo de la base de que no estamos ante una buena película, hay que reconocer que todas las interpretaciones son correctas –especialmente meritoria la niña Emily Alyn Lind– y que intenta darle una pequeña vuelta de tuerca al género tocando ese vergonzoso episodio de la historia americana que fue la esclavitud –también lo hizo en 2005 La llave del mal–. Propuesta menor pero eficiente (y honesta), cumple con su propósito de entretener al amante de pasar miedo en una sala de cine, pese a que los sustos pierdan eficacia por acumulación. Ya desde los primeros minutos nos encontramos con las apariciones fantasmales y éstas terminan mostrándose en exceso a lo largo de todo el metraje, por lo que el espectador llega a un momento en el que está completamente inmunizado ante cualquier escalofrío. Se intuye un esfuerzo de su director en intentar encontrar cierto equilibrio entre la sobriedad de su cuento de fantasmas y la espectacularidad propia de los fenómenos poltergeist, por lo que es mejor no pedirle peras al olmo y valorar a Exorcismo en Georgia en su justa medida. Las comparaciones son odiosas y tener que lidiar en el tiempo con The Conjuring, la mejor cinta de su estilo en muchos años, le hace flaco favor a una película que, para colmo, también sale perdiendo al lado de Exorcismo en Connecticut. Una tara solo achacable a la dudosa decisión de sus productores de venderla como lo que no es, una secuela. Como artefacto de terror independiente, sin embargo, muy poco se le puede reprochar, siendo un digno divertimento un poco por encima de la media de calidad habitual y con una interesante aportación a los monstruos del cine de horror reciente, la del malévolo fantasma taxidermista. ★★★★★

    José Antonio Martín.
    crítico de cine.

    Estados Unidos. 2013. Título original: The Haunting in Connecticut 2: Ghosts of Georgia. Director: Tom Elkins. Guión: David Coggeshall. Productora: Gold Circle Films. Presupuesto: 9.000.000 dólares. Localización principal: Louisiana. Fotografía: Yaron Levy. Música: Michael Wandmacher. Montaje: Tom Elkins, Elliot Greenberg. Intérpretes: Abigail Spencer, Chad Michael Murray, Morgana Shaw, Emily Alyn Lind, Katee Sackhoff, Monica Acosta, Grant James, Lauren Pennington, Sam Polin, Cicely Tyson.

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