|| Críticas | Sitges 2026 | ★★★★☆
La oveja Shaun:
Misión calabaza
Misión calabaza
Steve Cox y Matthew Walker
De pelo y lana
Ignacio Navarro Mejía
Locarno (Suiza) |
ficha técnica:
Reino Unido, Francia y Estados Unidos, 2026. Título original: Shaun the Sheep: The Beast of Mossy Bottom. Dirección: Steve Cox y Matthew Walker. Guion: Mark Burton y Giles Pilbrow. Producción: Aardman Animations / Canal+ / Sky / StudioCanal Films. Fotografía: Charles Copping. Música: Natalie Holt. Diseño de producción: Ellen Kirk. Reparto (voces): Justin Fletcher, John Sparkes, Nina Sosanya, Kate Harbour. Duración: 81 minutos.
Reino Unido, Francia y Estados Unidos, 2026. Título original: Shaun the Sheep: The Beast of Mossy Bottom. Dirección: Steve Cox y Matthew Walker. Guion: Mark Burton y Giles Pilbrow. Producción: Aardman Animations / Canal+ / Sky / StudioCanal Films. Fotografía: Charles Copping. Música: Natalie Holt. Diseño de producción: Ellen Kirk. Reparto (voces): Justin Fletcher, John Sparkes, Nina Sosanya, Kate Harbour. Duración: 81 minutos.
La oveja Shaun: Misión calabaza sigue en efecto la estela de sus predecesoras, siendo más clara esa influencia o fidelidad que la del propio cine mudo, pues como decíamos tiene una idiosincrasia propia. No reinventa ninguna fórmula, pero cumple exactamente con su cometido, ahondando en las peripecias extravagantes de la oveja protagonista y los demás animales de su granja liderada por ese granjero de la campiña británica miope, torpe y medio calvo. Su progresiva calvicie (extendido temor masculino que aquí se afronta con una graciosa reivindicación) es el punto de arranque del conflicto, en este caso, ya que para contrarrestarla se unta de un crecepelo adulterado que lo llena desproporcionadamente de vello, hasta el punto de que es confundido con un monstruo que siembra el pánico más allá de su pequeño huerto. La culpa de esta malograda transformación la tiene Shaun pues, a escondidas y con la ayuda de un manual para creaciones científicas caseras (uno de los varios juegos de palabras de la cinta desdobla la expresión “Mad science” y “Home-made science”), estaba experimentando con una solución líquida para aumentar rápidamente de tamaño unas calabazas cultivadas antes de Halloween (de ahí la misión del título), pero que acaba por error en el bote caducado de crecepelo. Como vemos, la premisa es fantasiosa y el consiguiente desarrollo se sale de los límites de la acción humanamente verosímil (no solo por la transformación, sino por la exageración de todo lo que acontece con ella), pero siempre en un marco coherente y disciplinado, sin volverse alocada en exceso ni olvidar sus orígenes, que al fin y al cabo no son otros que los del humor sofisticado inglés de larga tradición en aquel país.
Por ello los incesantes gags visuales marca de la casa no caen en lo pueril o escatológico, como ocurre con otros productos comerciales de animación infantil, sino que preservan un constante nivel de ingenio (jugando todo el tiempo con el subtexto y el doble sentido, por ejemplo, con una imagen que parece decir una cosa para inmediatamente significar la contraria, y sin ningún tipo de interpelación más allá de gruñidos y balidos) que propaga la carcajada, o al menos la sonrisa cómplice, a lo largo de todo el condensado metraje. Este dura 81 minutos, y le da tiempo de sobra para narrar una historia con todos sus elementos imprescindibles a nivel estructural, cuidando eso sí de que prácticamente cada escena, por no decir cada plano, supere el mero avance narrativo e incorpore uno u otro recurso cómico. La comedia está así garantizada, tanto para niños como para adultos, y no hay un solo paso en falso en el discurrir de la aventura, que goza por ende de un ritmo envidiable. Mención aparte merece la animación como tal, digna del oficio de un estudio veterano cuya experiencia ya está además acreditada directamente en este diseño de personajes y decorados, por las películas y cortometrajes anteriores, lo que permite pulir o sumar sobre lo ya construido. Desde los terrenos de la granja hasta la población aneja y el mundo circundante (en lugares concretos de un mapamundi que se aleja igualmente de la cartografía convencional), estos personajes se mueven con una fluidez insólita, y todo se enmarca en una atmósfera tan entrañable como estilizada, que desbroza todo lo ajeno al germen bucólico del paisaje imaginado. ♦










