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  • Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | Obsession

    || Críticas | ★★★★★
    Obsession
    Curry Barker
    Cuidado con lo que deseas


    José Martín León
    Telde (Las Palmas) |

    ficha técnica:
    Estados Unidos, 2025. Título original: Obsession. Dirección: Curry Barker. Guion: Curry Barker. Producción: James Harris, Haley Nicole Johnson, Christian Mercuri. Productoras: Capstone Studios, Tea Shop & Film Company, Unter the Shell. Distribuidora: Focus Features. Fotografía: Taylor Clemons. Música: Rock Burwell. Montaje: Curry Barker. Reparto: Michael Johnston, Inde Navarrette, Cooper Tomlinson, Megan Lawless, Andy Richter, Haley Fitzgerald.

    MQue el terror está viviendo un momento de lo más dulce es algo que no pasa inadvertido para nadie. Solo hay que ver la llamativa presencia que tuvo en el palmarés de los Oscar del año pasado, no solo con las tres estatuillas técnicas logradas por Frankenstein (Guillermo del Toro, 2025), sino por los premios interpretativos alcanzados por Michael B. Jordan en Sinners (Ryan Coogler, 2025) y Amy Madigan en Weapons (Zach Cregger, 2025). cuya Tía Gladys forma ya parte de la antología de grandes personajes del género. Este reconocimiento por parte de crítica y público hace que el terror haya dejado de ser considerado, al fin, como un género de segunda, algo que este 2026 está volviendo a demostrar. Sorprendente (y muy sintomático) resulta que grandes producciones, de elevados presupuestos, tales como Masters del Universo (Travis Knight, 2026), The Mandalorian and Grogu (Jon Favreau, 2026), Supergirl (Craig Gillespie, 2026) o El día de la revelación (Steven Spielberg, 2026), hayan pinchado en taquilla, mientras dos propuestas de terror tan independientes (y económicas) como Backrooms (Kane Parsons, 2026) y Obsession (Curry Barker, 2025) han encabezado todas las listas de las más vistas, con mantenimientos de muchas semanas, sumando, entre ambas, más de 700 millones de dólares de recaudación. Se da la circunstancia que ambos directores, que llegan pisando fuerte, provienen de crear contenidos para Youtube. En el caso de Parsons, de apenas veinte años, ha logrado, con su kafkiana pesadilla de infinitos pasillos amarillos (y un costo de 10 millones de dólares, muy bien aprovechados), la cinta más taquillera de la productora A24, hasta el momento. Pero vamos a centrarnos en el estreno que nos ocupa, Obsession, y de su joven realizador, Curry Barker, quien, con solo 26 años, venía de granjearse cierta fama en un canal de sketches y comedia de Youtube, That´s a Bad Idea, junto a su socio y amigo Cooper Tomlinson, y de sorprender, agradablemente, con una pequeña película de terror, de metraje encontrado, de poco más de una hora de metraje y 800 dólares de presupuesto, titulada Milk & Serial (2024), protagonizada por los propios Barker y Tomlinson y que se hizo viral en internet, después de que sus creadores la terminaran subiendo gratis a su canal, tras no encontrar una productora que la quisiera distribuir. Aquella táctica le funsionó muy bien a Barker, ya que, rápidamente, el efecto boca oreja hizo su efecto y su modestísima ópera prima hizo el suficiente ruido mediático, recibiendo muy buenas reseñas de los críticos, que destacaron la original manera en la que estaba montada su historia de dos creadores de contenidos, de bromas pesadas, a los que una de estas se les acaba yendo de las manos, durante el cumpleaños de uno de ellos.

    Pese a su economía de medios y su escueta duración, Barker no dejaba de sorprender al espectador con distintas sorpresas y giros de guion, hasta culminar con un final negrísimo, que atesoraba una crítica hacia el todo vale en beneficio de la viralidad. Para Obsession tampoco ha contado con un gran presupuesto, pero hay que decir que ha sabido aprovechar al máximo cada centavo de ese millón de dólares, y es que, cuando hay talento y creatividad, el dinero no es un inconveniente. Barker, a quien no se le da nada mal lo de actuar (su desquiciado rol en Milk & Serial lo demuestra), opta por quedarse, en esta ocasión, detrás de las cámaras, además de escribir el guion y ocuparse del montaje. Un todoterreno. Sí está, una vez más como actor, Cooper Tomlinson, su inseparable compañero, después de un buen puñado de cortos juntos, encarnado al mejor amigo del protagonista. La historia, bien sencilla, sigue a Bear, el joven dependiente de una tienda de música, que vive enamorado, en secreto, de una compañera y mejor amiga desde la infancia, Nikki. Ella es, sin duda, la chica perfecta de los sueños de cualquiera. Guapa, divertida, ocurrente... un encanto a quien Bear no se decide a confesar sus sentimientos, por mucho que su amigo Ian le aliente a hacerlo. Cuando Bear compra, en una tienda esotérica, un misterioso objeto denominado "Sauce de un deseo", una especie de amuleto que promete conceder el deseo que le pidas, después de romperlo, no tiene mejor idea que desear que Nikki le ame más que a nadie en el mundo, algo que traerá consecuencias de lo más aterradoras. No es algo novedoso lo de que algún objeto o entidad sobrenatural prometa conceder deseos y luego se cobren un alto precio por ello. Ahí están películas de serie B como Siete deseos (John R. Leonetti, 2017) o, sobre todo, Whishmaster (Robert Kurtzman, 1997), con Andrew Divoff encarnando a un demonio liberado de una gema, conocido como Djinn, que utilizaba los deseos para darles la vuelta y robar las almas de sus víctimas. Pero Obsession, aun con sus ligeros toques de humor (muy negro y macabro, eso sí) y un dibujo de sus jóvenes personajes que parece más deudora del cine de los 80 (el friki enamorado, la chica inalcanzable, el amigo gracioso), lleva esta premisa a un terreno mucho más realista e incómodo, que, sin renunciar a esa parte sobrenatural, cercana al cine de posesiones demoníacas, esconde una certera metáfora sobre las relaciones tóxicas, el sometimiento y la codependencia, abordando, de paso, un tema tan controvertido y actual como el del consentimiento.

    No hay que dejarse engañar. Es verdad que el personaje de Nikki termina mutando en una mujer totalmente perturbada y peligrosa, convertida en una sombra de Bear, de quien no se quiere despegar ni un minuto de las 24 horas del día, controlando todos sus movimientos e interacciones con otras personas de su entorno (especialmente, con su amiga Sarah, a la que ve como una rival), pero la obsesión a la que se refiere el título es la que siente el propio Bear por la chica desde la primera escena de la película, donde ensaya ante una camarera que se presta a darle la réplica, las palabras que utilizará en su hipotética declaración de amor. Hay mucho de retorcido, enfermizo y violento en el hecho de que la voluntad de Nikki quede completamente anulada por el hechizo provocado por Bear, que, si bien es cierto que, al principio, no pensaba que terminaría funcionando ni calculó la magnitud del mismo, termina aprovechándose de ello para comenzar una "relación" con su amiga. Esta (no tan) fina línea entre quien es víctima y quien verdugo en la historia es un aliciente muy interesante para que la cinta despierte encendidos debates extracinematográficos, que nunca están de más. Ahora bien, esta Obsession funciona como un reloj como película de terror. Es de ese tipo de propuestas minimalistas que se limitan a contar una historia de manera sencilla y directa, apoyándose en un guion atractivo y en unos actores desconocidos que, tras esta cinta, deberían dejar de serlo. Con permiso de Michael Johnston, que está perfecto en su complejo (por las motivaciones y actos que realiza, siendo, el protagonista) rol de Bear, no hay elogios suficientes para describir el descomunal trabajo interpretativo que desempeña Inde Navarrette como Nikki. Su ilimitada capacidad gestual, sus movimientos, su voz, ella está entregada, en cuerpo y alma, al que será recordado como uno de los personajes más espeluznantes de la reciente cosecha de terror, y ya ha empezado a recibir premios por ello... Sin duda, con Navarrette ha nacido una estrella. Y con Obsession ha nacido un clásico instantáneo, una aportación al género muy apegada a los tiempos que corren, que podría significar lo que El exorcista (William Friedklin, 1973) fue al cine de los 70. Una obra perturbadora y áspera, que hace que el espectador se revuelva en la butaca, con escenas que ponen la piel de gallina (todas aquellas en las que se siente la presencia de Nikki en la oscuridad, ya sea en la esquina de una habitación, con las luces apagadas, o con el rostro escondido tras un jarrón) y alguna otra, mucho más explícita y gore, que complacerá a los amantes de un horror más visceral. Y el final es perfecto. ♦


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