|| Críticas | ★★☆☆☆
El día de la revelación
Steven Spielberg
Ver morir a los dioses
Raúl Álvarez
ficha técnica:
EE.UU. 2026. Título original: Disclosure Day. Director: Steven Spielberg. Guion: David Koepp. Productores: Steven Spielberg, Adam Somner, Alvin Roxas, Kristie Macosko Krieger, Cheng Liu, Eric Kimelton, Michael Kahn, Emma Elgort, Graceann Dorse, Chris Brigham. Productoras: Universal Pictures, Amblin Entertainment. Fotografía: Janusz Kaminski y Patrick Capone. Música: John Williams. Montaje: Sarah Broshar y Steven Eberle. Reparto: Emily Blunt, Josh O’Connor, Colin Firth, Eve Hewson, Colman Domingo, Wyatt Russell, Henry Lloyd-Hughes, Elizabeth Marvel. Duración: 2 h 25 min.
EE.UU. 2026. Título original: Disclosure Day. Director: Steven Spielberg. Guion: David Koepp. Productores: Steven Spielberg, Adam Somner, Alvin Roxas, Kristie Macosko Krieger, Cheng Liu, Eric Kimelton, Michael Kahn, Emma Elgort, Graceann Dorse, Chris Brigham. Productoras: Universal Pictures, Amblin Entertainment. Fotografía: Janusz Kaminski y Patrick Capone. Música: John Williams. Montaje: Sarah Broshar y Steven Eberle. Reparto: Emily Blunt, Josh O’Connor, Colin Firth, Eve Hewson, Colman Domingo, Wyatt Russell, Henry Lloyd-Hughes, Elizabeth Marvel. Duración: 2 h 25 min.
No es fácil hacer este ejercicio con Spielberg. Y no por nostalgia, sino porque hasta en sus peores películas –y tiene unas cuantas– regalaba imágenes imborrables, lecciones de puesta en escena y soluciones visuales solo al alcance de quien tiene un talento innato para la narración visual. Y por John Williams, claro. A nada de esto puede uno agarrarse en El día de la revelación (Disclosure Day, 2026), la primera película de Spielberg absolutamente irrelevante en todos los aspectos. En lo argumental tiene muy poco o nada que aportar a las películas sobre ovnis. ¿Cuántos filmes y series de televisión hemos visto ya sobre individuos que pretenden descubrirle al mundo la verdad sobre este fenómeno? Resulta casi obsceno referirse a Expediente X (The X Files, 1993-2018) para ilustrar este tema; pero es que Spielberg plantea su película como si esta serie no hubiera sido un éxito mundial y no hubiera tenido ningún calado en la cultura popular. Nada de lo que pasa en El día de la revelación causará sorpresa o asombro a los aficionados a este tipo de historias. Es predecible hasta la náusea.
En cuanto al guion, el desarrollo de la trama, Spielberg vuelve a tropezar con esa piedra llamada David Koepp. Se me escapa su confianza ciega en un escritor con evidentes problemas en todas sus películas a la hora de definir personajes, crear escenas con un valor significativo para hacer avanzar la trama y, lo más alarmante, dar respuesta de manera satisfactoria a las preguntas sembradas por el camino. Aquí Spielberg también firma la historia, así que es compartida la culpa de tanto ir y venir en coche a ninguna parte, unos personajes mal escritos y en ocasiones intrascendentes –Colman Domingo se lleva el premio a la fatuidad–, unos diálogos presuntamente complejos y que en realidad no tienen fuste, y ¡oh tragedia! un tercer acto carente de sentido del ritmo y de la mínima emoción. Aunque Spielberg lo intenta, en particular cuando la pareja protagonista rememora su abducción por parte de los extraterrestres, la cinta no logra en ningún momento transmitir sentimientos tangibles, creíbles o palpables. Acaso porque ya hemos visto esas situaciones docenas de veces, empezando por el propio Spielberg.
Desde un punto de vista formal, que era el tradicional escudo de Spielberg contra su debilidad por los malos guiones, El día de la revelación es otra decepción mayúscula, profunda y sangrante. La dirección de fotografía la daba por perdida porque Janusz Kaminski lleva décadas fiándolo todo a los filtros azules y grises, los destellos de lente y los velos luminosos. Le dan igual la historia y el género. Todo lo fotografía igual. Con lo que no contaba es con que uno de los cineastas con mayor número de recursos visuales en su repertorio redujera su estilo de dirección a barridos y movimientos circulares de cámara sin sentido expresivo, juegos especulares con los retrovisores de los coches, grúas en espacios ¡cerrados! y una lista de primeros planos y planos medios impropia de quien siempre ha trabajado magistralmente la profundidad de campo. El día de la revelación es la película más plana de Spielberg. Por primera vez en su carrera le cuesta horrores construir imágenes. Yo, al menos, no me he llevado ninguna a casa.
Por último, la película pone sobre la mesa una serie de temas y cuestiones relacionadas con la fe, la empatía y la paz mundial cuyo trazo se antoja grueso. Los extraterrestres siempre han sido una excusa para contar otras cosas, generalmente de índole social y política relacionadas con el presente. Perfecto. El problema se presenta cuando las conclusiones que se ofrecen al público o bien ya las ha expuesto otro, y mejor, o bien son simplonas y hasta ridículas. Me pregunto si, durante la escritura del guion, Koepp y Spielberg no han reparado en ningún momento en Señales (Signs, M. Night Shyamalan, 2002), donde se planteaba exactamente el mismo escenario que en El día de la revelación: un mundo en crisis (bélica y de fe) como punto de partida para armonizar sin estridencias la creencia en un ser superior con el deseo de encontrar vida extraterrestre. Y un mensaje alto y claro: debemos escucharnos unos a otros. Spielberg no aporta ningún matiz a esta tesis. Nada.
En honor a la verdad, no haría falta establecer comparaciones con Señales. Bastaría con enfrentar al Spielberg de El día de la revelación con el Spielberg de Encuentros en la tercera fase (Close Encounters on the Third Kind, 1977) para darnos cuenta de lo poco que queda de un cineasta que era pura ambición, arrojo y creatividad, tanto en lo temático como en lo formal. Ya estaba todo ahí. ¿A qué viene esta revisión a la baja de sus propias ideas y planteamientos sobre la trascendencia y la incomunicación entre las personas? No se entiende, en definitiva, que Spielberg juegue a que no existe Encuentros, o E.T. (E.T. the Extra-Terrestrial, 1982), o Inteligencia artificial (A.I. Artificial Intelligence, 2001), o Minority Report (2002). Porque además recurre a todas ellas para tratar de darle energía a su nueva película. Y se nota mucho cada vez que coge un pedacito de aquí y otro de allá.
Podría borrar todo lo escrito hasta ahora y alabar la dirección de las (pocas) escenas de acción que salpican el metraje, las interpretaciones de Emily Blunt y Colin Firth, la sutil partitura de John Williams –probablemente más por razones de edad que por petición expresa de Spielberg, y aun así tirando del tema principal de Amistad (1997)–, el trabajo de edición de Sara Broshar, o el arrojo de Spielberg –para mí, patético– de llegar hasta las últimas consecuencias de su premisa mostrando a un alienígena vivo por televisión. Si hiciera eso, estaría inclinando la balanza hacia el pasado y no hacia el presente de un director al que parece que ya no le queda nada que contar. Qué largo se le va a hacer el anochecer. ♦









