|| Críticas | Cannes 2026 | ★★★★★
La libertad doble
Lisandro Alonso
Una vida acechada
Rubén Téllez Brotons
Cannes (Francia) |
ficha técnica:
Argentina, 2026. Título original: La libertad doble. Año: 2026. Dirección: Lisandro Alonso. Guion: Lisandro Alonso. Música: Peter Rosenthal. Fotografía: Cobi Migliora. Compañías: Les Films Fauves, The Match Factory, 4L, Planta, Deptford, Cimarrón Cine, Pulpa Film, Carte Blanche. Productor: Lisandro Alonso. Reparto: Misael Saavedra, Catalina Saavedra. Duración: 100 min.
Argentina, 2026. Título original: La libertad doble. Año: 2026. Dirección: Lisandro Alonso. Guion: Lisandro Alonso. Música: Peter Rosenthal. Fotografía: Cobi Migliora. Compañías: Les Films Fauves, The Match Factory, 4L, Planta, Deptford, Cimarrón Cine, Pulpa Film, Carte Blanche. Productor: Lisandro Alonso. Reparto: Misael Saavedra, Catalina Saavedra. Duración: 100 min.
El primero que se aprecia es de carácter técnico: Misael ha renovado su instrumental: la motosierra ha desplazado al hacha como herramienta principal porque los achaques físicos son ineludibles y el uso exclusivo de una herramienta manual se vuelve imposible. Lo que se mantiene intacto es el ímpetu con el que Alonso captura su día a día. Durante su primera mitad, La libertad doble recopila un archivo gráfico de los diferentes movimientos y técnicas de las que Misael hace uso en su trabajo como leñero. La cámara oscila entre su torso y sus manos: la focalización en el primero permite registrar los movimientos de los músculos de su espalda, la forma en que se tensan y destensan dependiendo de la parte del árbol que esté trabajando, mientras que el suave deslizamiento sobre las segundas resulta fundamental para describir con precisión el abanico de gestos que conforman una técnica pulida con los años. El nexo entre la fuerza y la experiencia queda cifrado en un leve travelling que recorre con ligereza su cuerpo. En un plano general, Misael escoge el árbol que va a talar y lo derriba utilizando la motosierra; después, en un plano más corto, le quita la corteza y alisa la madera con el hacha. El cambio de escala es importante porque cada tamaño del encuadre está ligado a una etapa del proceso. Además, la percepción que Misael tiene del campo no es la misma que la que tienen los espectadores. Para ellos, todo se limita a disfrutar contemplando los movimientos de la naturaleza; para él, el paisaje no es sólo una fuente de placer estético o un espacio tranquilo en el que relajarse, sino también un lugar de trabajo. Perderse en la abstracción contemplativa que supone admirar el modo en que el viento mece las hojas de los árboles tiene un contrapunto de sudor, polvo y cansancio que resulta ineludible.
Durante la primera mitad de La libertad doble, Alonso trabaja el tiempo de la misma forma que lo hacía en La libertad. No intenta convertir el tiempo fílmico en tiempo real, sino trasladar la experiencia del tiempo real al tiempo fílmico. Alonso no quiere igualar ambas temporalidades, sino encontrar la forma de reproducir la experiencia global del trabajo rutinario a través de unos instantes concretos de una única jornada. Se trata, por tanto, de reconstruir la vivencia de una cotidianidad monótona —no en un sentido negativo— a partir de una de sus partes. Sin embargo, a mitad de metraje algo cambia. Debido a los recortes de Milei en el presupuesto de sanidad, Misael se tiene que hacer cargo de su hermana, que padece un problema de salud mental y está internada en un hospicio que ya no puede hacerse cargo de sus pacientes. El desvío argumental introduce dos nuevos factores en la película. Por un lado, la actualidad política de Argentina deja de ser una nota contextual que se cuela en el relato a través de los programas de radio que escucha el protagonista y se convierte en una fuerza que lo condiciona desde su propio núcleo. Mientras el médico le explica a Misael la situación, repite una frase que condensa a la perfección no sólo su estado anímico, sino el de millones de argentinos: “es así; no debería de serlo, pero es así”. La reiteración expresa una resignación ante el sufrimiento constante de una injusticia que Alonso filma sin gestos enfáticos, pero con una hondura y precisión admirables. La secuencia en el hospicio pone de manifiesto que su talento en el retrato de los espacios no se circunscribe únicamente a los exteriores.
Por otro, la presencia de la hermana permite que Alonso indague en otro tipo de relación con la naturaleza. La velocidad con que mueve los ojos y las manos es la expresión de una mente que sufre una sobreestimulación constante: no percibe la realidad como lo hace el protagonista y su forma de caminar, mirar y tocar lo demuestra. Si Misael anda con seguridad por el campo es porque lo conoce de principio a fin y el placer que siente está ligado a la tranquilidad de la rutina. En cambio, para su hermana todo es inestable, por novedoso; pasear equivale a explorar y tocar supone descubrir unas texturas extrañas. Su emoción surge del asombro por lo desconocido; la de su hermano, de la certeza de una cotidianidad sin sobresaltos. Hay, por tanto, en La libertad doble un deseo de capturar cada detalle de una forma de vida —de un mundo— en peligro de extinción. El modo en que Misael trabaja manualmente la madera, su relación horizontal con la naturaleza y el sentido de solidaridad que define su amistad con su vecino son realidades acechadas por un capitalismo que las considera meros escombros que barrer. El peligro ya existía hace veinticinco años; ahora su presencia resulta más violenta, por cercana. Por eso, que Alonso regrese a la vida de Misael tiene un valor añadido irreproducible. ♦










