Introduce tu búsqueda

Lpa Film Festival
FICX Imatge Permanent
  • Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | How to divorce during the war

    || Críticas | Las Palmas 2026 | ★☆☆☆☆
    How to divorce
    during the war
    Andrius Blazevicius
    Como en un catálogo de Ikea


    Rubén Téllez Brotons
    Las Palmas |

    ficha técnica:
    Lituania-República Checa-Luxemburgo-Irlanda, 2026. Título original: Skyrybos karo metu. Dirección: Andrius Blazevicius. Guion: Andrius Blazevicius. Música: Jakub Rataj. Fotografía: Narvydas Naujalis, Ieva Juraite, Marija Mireckaite. CompañíasM-Films, Red Lion Sarl, Feline Films, Bionaut Films. Reparto: Marius Repsys, Žygimantė Elena Jakštaitė, Amelija Adomaityte. Duración: 108 min.

    How to divorce during the war es un nuevo alegato fílmico en contra del divorcio. Uno más, porque en el último año se han estrenado —en festivales o en las carteleras españolas— What Marielle Knows, Volver a ti y Ungrateful Beings, todas ellas reaccionarias fábulas moralistas cuyos personajes, en pleno proceso de separación o a punto de iniciarlo, sufrían inclementes castigos —enfermedades, accidentes, penitencias sobrenaturales— que les hacían recapacitar y darse cuenta de que un matrimonio debe estar unido hasta que la muerte se lleve a uno de sus miembros. La película de Andrius Blazevicius recorre las mismas coordenadas narrativas. No deja de resultar extraño que, ante la transparencia con que estas obras exponen sus posiciones éticas, gran parte de los críticos miren hacia otro lado y prefieran resaltar otros aspectos de las películas antes que afrontar su problema nuclear y buscarle unas causas.

    El esquema que reproducen estas cintas no suele sufrir variaciones estructurales significativas: padre y madre de cuarenta años, uno o dos hijos rozando la adolescencia, trabajos en la universidad o en empresas de marketing y publicidad, lujosas casas cuya frialdad es un reflejo del estado anímico de la pareja, conversaciones “banales” —según la enunciación de las películas— para ocultar la incomodidad y esquivar el silencio, etc. El hombre suele estar atravesando una crisis de identidad debido a un fenómeno que los cineastas se esfuerzan en presentar como una castración de su masculinidad —no entra en el modelo hegemónico— y, por ello, le cuesta asumir la ruptura (Volver a ti es la excepción), la mujer tiene algún amante o fantasea con la posibilidad de tenerlo, y los hijos viven ajenos a la realidad afectiva de sus padres hasta que reciben la noticia de la separación, momento en el que se convierten en ángeles de la venganza que los juzgan y atormentan por ser incapaces de mantener vivo su amor.

    En How to divorce during the war, el padre es un director de cine que lleva años intentando terminar un guion y que, mientras espera a que le llegue la inspiración, se encarga de las tareas del hogar; la madre, por su parte, trabaja en una compañía internacional que produce vídeos al estilo brainrot, pero con actores reales, y tiene una aventura con una compañera. Ella se queja porque siente que está casada con “una maruja” (sic); él se lamenta porque la creatividad le ha abandonado y monta numeritos de adolescente afectado cuando su octogenario padre le sugiere que busque trabajo de alguna otra cosa. En medio, la hija, que sólo dejará de ser mobiliario narrativo cuando sus progenitores le comuniquen su separación. Entonces devendrá figura inquisitorial que vigila cada uno de sus movimientos para asegurarse de que no caigan en comportamientos que considera inmorales o impropios de los adultos. El cinismo del director es indudable, al igual que su moralismo, que se filtra en las imágenes y las contamina por completo.

    Por ejemplo, cuando filma a los personajes en su lujosa cotidianidad, lo hace colocando la cámara fuera de la estancia de la casa en la que estos se encuentran. Esos largos planos generales, en principio, tendrían que facilitar un distanciamiento emocional de los espectadores con respecto a ellos. Sin embargo, la supuesta mirada de entomólogo —las habitaciones como jaulas transparentes— no tarda en desvelarse tramposa. Las repetitivas composiciones en las que la cámara se alinea con las pulcras líneas verticales de los muebles, las paredes, la decoración, los ordenadores, la televisión, las puertas y las ventanas de la vivienda dejan entrever un impúdico gusto por sus formas ostentosas. Así, Blazevicius señala las dobleces morales de sus personajes, su hipocresía y su frivolidad utilizando unas imágenes que resaltan el atractivo geométrico de su frívola casa. La película se mueve en todo momento siguiendo esas maleables pautas de comportamiento: señala con superioridad moral la conducta de la burguesía al mismo tiempo que envasa sus códigos éticos dentro de un contenedor estético cercano a las fotografías de los catálogos de Ikea y se lo presenta a los espectadores con altanería. Nada que ver con el clarividente ensañamiento del que hacía gala Buñuel cuando diseccionaba a la misma clase social.

    Al final de la película, gracias a los impredecibles meandros de un azar llamado guion, los personajes entenderán que lo mejor es estar juntos. De por medio, habrá tenido que iniciarse una guerra: todo con tal de abrirles los ojos a los díscolos protagonistas. El tratamiento de la guerra en Ucrania es abyecto en más de un sentido. En primer lugar, porque para demostrar que para sus personajes el conflicto no es más que ruido de fondo del que sacar provecho, Blazevicius lo convierte precisamente en eso, en un sonido alarmista que surge del fuera de campo y del que todo el mundo intenta apropiarse. El marido para demostrar un compromiso social inexistente; la mujer para presumir de una integridad moral de la que carece; y la hija para canalizar la frustración que el divorcio de sus padres le produce a través de un comportamiento violento al que intenta darle una justificación política. Y, por encima de ellos, el director, que, incapaz de acercarse a la realidad de sus criaturas, replica su hipocresía mercantilizando el conflicto de la misma forma que lo hacen ellas. La guerra existe en la película para que Blazevicius pueda señalar a sus personajes mientras se salva a sí mismo. El demiurgo demuestra que los seres de su creación son crueles y mezquinos, al igual que el mundo por el que se mueven, que está sumido en un caos que sólo la institución familiar puede estabilizar.

    En segundo lugar, porque la posición de la película con respecto al conflicto es inequívocamente beligerante. Si bien es cierto que no hay una indagación en la realidad de la guerra o en sus diferentes implicaciones —sólo una enumeración de las diversas formas de sacarle partido—, tampoco hay un rechazo o una impugnación de la misma; más bien, al contrario. Su respuesta ante el conflicto pasa por pedir un aumento en la escalada de violencia. En más de una escena, cuando el padre ve un coche con matrícula rusa aparcado en la calle, le rompe las ventanillas a pedradas. La primera vez que esto sucede, Blazevicius filma en un plano general al personaje lanzando la roca sin que los espectadores sepan por qué lo hace. Después inserta un plano detalle de la matrícula para “explicar” sus razones y justificarle. Acción y motivación formuladas en dos planos abyectos en los que, amparándose en una supuesta empatía con el pueblo ucraniano, el realizador insta a la ciudadanía a participar en el conflicto agrediendo a “los rusos” (expresión utilizada en todo momento con un énfasis peyorativo); el siguiente paso, claro está, es abogar por el alistamiento. Es decir, Blazevicius utiliza una retórica nacionalista y xenófoba para hacer pasar el militarismo de su propuesta por un activismo empático y bienintencionado: para ponerle fin a la guerra, lo mejor es ir a la guerra. Y mejor hacerlo estando casado. Ese es el discurso de How to divorce during the war. ♦

    punto de vista lpa letterboxd whatsapp

    Estrenos

    punto de vista
    la residencia
    PUBLICIDAD

    Circuito

    Breien
    PUBLICIDAD

    Streaming

    Suscripción