|| Críticas | ★★★☆☆
El mago del Kremlin
Olivier Assayas
A la sombra del todopoderoso
Ignacio Navarro Mejía
Madrid |
ficha técnica:
Francia y Estados Unidos, 2025. Presentación: Festival de Venecia 2025. Dirección: Olivier Assayas. Guion: Olivier Assayas y Emmanuel Carrère (basado en la novela de Giuliano Da Empoli). Producción: Curiosa Films / Gaumont / France 2 Cinéma. Fotografía: Yorick Le Saux. Montaje: Marion Monnier. Diseño de producción: François-Renaud Labarthe. Dirección artística: Aksels Millers. Reparto: Paul Dano, Jude Law, Jeffrey Wright, Alicia Vikander, Tom Sturridge, Will Keen. Duración: 152 minutos.
Francia y Estados Unidos, 2025. Presentación: Festival de Venecia 2025. Dirección: Olivier Assayas. Guion: Olivier Assayas y Emmanuel Carrère (basado en la novela de Giuliano Da Empoli). Producción: Curiosa Films / Gaumont / France 2 Cinéma. Fotografía: Yorick Le Saux. Montaje: Marion Monnier. Diseño de producción: François-Renaud Labarthe. Dirección artística: Aksels Millers. Reparto: Paul Dano, Jude Law, Jeffrey Wright, Alicia Vikander, Tom Sturridge, Will Keen. Duración: 152 minutos.
Hay que reconocer, con pena, que El mago del Kremlin vuelve a caer en la deslucida etapa de sus últimas películas, sin poder considerarse una película completamente fallida (más bien decepcionante), pues la mera presencia de su director garantiza un cierto nivel, y su condición de narrador provocador e inconformista permanece, como también lo hace en consecuencia el interés del espectador. Tal interés, además, deriva inevitablemente de su incandescente premisa, pues esta nos lleva a recorrer varias décadas de la Rusia moderna, desde la llegada de Yeltsin al poder hasta casi los años actuales bajo mandato de Putin. El libro en que está basado se publicó originalmente en francés en abril de 2022, apenas semanas después de la invasión rusa en Ucrania, que desde entonces ha puesto un foco incesante, todo menos laudatorio, sobre el régimen de Putin, ya sea en la prensa, en la política, en el mundo empresarial o en la opinión pública. Por tanto, la novela se ha beneficiado de este contexto, al menos en cuanto a repercusión e inmediatez, y ha sido rápida igualmente su adaptación a la gran pantalla, buscando quizá prolongar ese éxito, algo a lo que debería haber contribuido su elenco. Paul Dano es el protagonista e interpreta a Vadim Baranov, inspirado en Vladislav Surkov, un asesor que, tras ganar experiencia en el teatro y la televisión con la caída de la Unión Soviética y el auge del capitalismo desenfrenado, se sumergió en la trastienda política, ascendiendo hasta los cargos de mayor confianza del apodado zar. Este, que no es otro que Putin, lo interpreta con carisma y convicción Jude Law, y en el reparto figuran demás Alicia Vikander, Jeffrey Wright o Tom Sturridge, todos ellos por supuesto hablando en inglés, sin preocuparse siquiera por imitar uno u otro sucedáneo de acento ruso, lo que se agradece.
Sin embargo, decíamos que la película no puede considerarse un éxito, y el fallo en este caso se podría atribuir sobre todo al guion, aunque su ejecución, poco más que competente, tampoco está a la altura del cineasta y quizá se haya resentido de cierta precipitación (el rodaje comenzó en marzo y ya en septiembre se estrenaba en Venecia). El guion, coescrito entre Assayas y Emmanuel Carrère, alterna una suerte de entrevista que al autor/periodista (Wright), por algún misterioso motivo, le es otorgada con el inaccesible y ya desalojado Baranov en su aislada mansión en medio de la estepa nevada, con el recuento que este hace de su referida trayectoria ascendente, intercalada con algunas imágenes de archivo y con rótulos episódicos que estructuran temáticamente la trama. Esta narración dentro de la narración, que comienza con una voz en off para seguir con otra y volver de vez en cuando al intercambio principal, no es rompedora ni confusa y podría funcionar, si no fuera porque la narración en su conjunto peca de un exceso de exposición. Hay incluso varias escenas, como el primer encuentro entre Baranov y el magnate Boris Berezovsky, por poner el ejemplo más burdo (pero, insistimos, no el único), en que un personaje le cuenta al otro un montón de cosas que ya sabe, como si fueran inéditas, lo que no tiene mucho sentido y en realidad responde solo al propósito de informar al espectador. Es un error (debe considerarse como tal aunque sea algo intencionado) de primero de escritura de guion, sorprendente dada la experiencia de los mencionados coguionistas. Pero es que, además, muchos diálogos son demasiado didácticos, poco naturales y harto explícitos, lo que también sorprende dada la inclinación que Assayas ha demostrado en su carrera por hacer del subtexto y la sutileza la regla general de comunicación. Aquí esa sutileza brilla por su ausencia, teniendo en cuenta, en fin, lo abultado de un metraje donde, pese los muchos acontecimientos que se están mostrando o recreando, la historia pronto se vuelve redundante, como lo hacen las cínicas y tajantes afirmaciones de Baranov una vez ha cobrado plena conciencia de la posición que ostenta. Empero toda posición, por segura y elevada que parezca, puede resquebrajarse en cualquier momento y condenar a quien la disfruta al ostracismo. No decimos que esto también le haya pasado a Assayas, ni que le tenga que pasar, pues todavía le sobra crédito como cineasta, y seguiremos anticipando su siguiente película, esperando que en ella pueda volver a relucir todo su talento. ♦










