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    Crítica | Vivir de noche

    Live By Night

    El caro precio de la ambición

    crítica ★★★ de Vivir de noche (Live By Night, Ben Affleck, Estados Unidos, 2016).

    El Óscar al mejor guion original alcanzado al alimón junto a su colega y amigo Matt Damon por El indomable Will Hunting (Gus Van Sant, 1997) ya nos dio las primeras pistas sobre el carácter inquieto de Ben Affleck como artista. Consciente de que como actor nunca estará a la altura de los más grandes, en su faceta como realizador ha demostrado que sí puede alcanzar grandes triunfos. Después de sorprender muy gratamente a propios y extraños con su ópera prima Adiós pequeña, adiós (2007), un incómodo thriller policial en el que adaptó, por primera vez, a Dennis Lehane, Affleck continuó acertando en la diana con su incursión en el cine negro de modalidad “atracos” en The Town (2010) y, sobre todo, aquella sobresaliente Argo (2012) que se alzó con el Oscar a la mejor película, convirtiendo al director en uno de los más codiciados del Hollywood actual. Era difícil (por no decir imposible) mantener tan alto nivel durante mucho tiempo más, y, en su cuarto trabajo tras las cámaras, Vivir de noche (2016), las cosas no le han salido tan redondas. La explicación a este leve traspiés artístico habría que buscarla en la desmedida ambición del proyecto, la adaptación de una novela de Dennis Lehane sobre la figura, entre romántica y violenta, del gángster, plagada de subtramas y personajes secundarios que el guion del propio Affleck se vio obligado a condensar para no exceder un metraje de 129 minutos que, por una vez, se antoja demasiado exiguo para todo lo que necesita contar. Sin embargo, hay que ser honestos y reconocer que la decepción es más fruto de las altísimas expectativas creadas alrededor de cada nueva empresa del director que de los resultados de Vivir de noche en sí, ya que estamos ante un buen producto que, de haber llegado firmado por cualquier otra persona, no habría suscitado tanta controversia.

    El filme nos sumerge en una época convulsa en la historia de América, la Gran Depresión, a un Boston dominado por diferentes clanes mafiosos que se enfrentan por obtener la supremacía en los negocios ilegales del alcohol y el juego. La historia sigue de cerca los pasos de Joe Coughlin, excombatiente de la Primera Guerra Mundial reciclado en delincuente habitual, a pesar de ser hijo de policía y tener un sentido de la justicia y unos códigos éticos que no casan con los ambientes criminales en los que se mueve. A lo largo de los años presenciaremos su ascenso meteórico en el mundo del hampa; su doble juego entre las mafias irlandesa e italiana; las mujeres que marcaron su vida y los obstáculos que se interpusieron en su camino hacia el éxito. Que Affleck dirige muy bien es algo, a estas alturas, indudable. Vivir de noche no es una excepción, ya que nos encontramos ante un trabajo muy cuidado a nivel formal, con una ambientación impecable, que recrea con todo lujo de detalles el Boston durante la Ley Seca, funcionando como atractivo fresco histórico; una extraordinaria labor fotográfica de Robert Richardson que, en ocasiones, cae en el preciosismo de postal –los momentos con la sensual Zoe Saldana paseando por la playa o el paseo en lancha por los pantanos de Florida, con esos cielos encendidos, parecen de spot publicitario– y un diseño de vestuario de Óscar, que atavía a sus actrices con los modelos más elegantes. Es una obra que enamora a los sentidos, rodada con buen sentido del ritmo, que ha sabido sacar partido del magnífico plantel de secundarios, aun cuando estos no están explotados al máximo, como sería el caso de los policías de métodos discutibles encarnados por Brendan Gleason y Chris Cooper, estupendos ambos. También en las escenas de acción da Affleck el do de pecho, insuflando gran dinamismo y espectacularidad endiablada a set pieces como la persecución automovilística del inicio o el asalto final a la mansión del capo Maso Pescatore, y sorprendiendo por la violencia de sus imágenes. En este sentido, las vendettas entre clanes están resueltas con disparos a bocajarro que no desmerecen en crudeza a los acercamientos del gran Martin Scorsese al género criminal.

    Live by night

    «Una película que ofrece grandilocuencia cuando podía aspirar a la grandiosidad, que imita con esmero los mayores aciertos del género en que se mueve pero no los hace suyos ni auténticos; que destila clasicismo formal cuando tenía todas las papeletas para ser un clásico inmediato».


    Ahora bien, si el Affleck director acierta a la hora de dar a cada actor su lugar, no se puede decir que sea un acierto que él mismo corra con un personaje protagonista tan poderoso sobre el papel como Coughlin que, para colmo, se muestra omnipresente a lo largo de toda la cinta. Conociendo sus limitaciones como actor, no extraña que su encarnación de mafioso de buen corazón, que pasa de la traición al sentimiento de venganza para terminar encontrando la redención, sea el eslabón más débil de todo el reparto. Su rostro impertérrito y sus plúmbeos ademanes de galán clásico son incapaces de transmitir el carácter torturado adecuado, su ambición o los tremendos dilemas morales a los que se tiene que enfrentar el personaje en su camino, viéndose ensombrecido por todo aquel con quien comparte plano, especialmente con una Sienna Miller que dota de garra y ambigüedad a su encarnación de mujer fatal, esa amante del jefe mafioso que lleva al protagonista por los caminos de la perdición, y una Elle Fanning que, con sus pocas escenas, se adueña por completo de la función. Es el suyo el rol más fascinante y complejo, el de una chica que tras tocar el infierno en su fracasado intento por ser actriz en Hollywood, se transforma en una fanática predicadora que lucha contra el vicio de una sociedad enferma, algo que la hace ese elemento incómodo a derribar por la mafia. Hay muchas subtramas apasionantes dentro del estupendo guion de Affleck, aunque no acaban de estallar en pantalla con verdadera fuerza. El papel del Ku Klux Klan contra el clan latino; las difíciles relaciones entre el hijo delincuente y el padre que representa a la ley; los fanatismos religiosos, a veces más peligrosos que los propios delitos a los que quiere hacer frente..., mucho trasfondo para una obra que podría haber sido magnífica si se hubiese empleado más atención en desarrollar todo su potencial. Lo que queda es una película que ofrece grandilocuencia cuando podía aspirar a la grandiosidad, que imita con esmero los mayores aciertos del género en que se mueve pero no los hace suyos ni auténticos; que destila clasicismo formal cuando tenía todas las papeletas para ser un clásico inmediato. Eso sí, Affleck no ha perdido su crédito ganado como director y su nueva propuesta es completamente disfrutable y con claros destellos de la genialidad que podría haber sido. | ★★★ |


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2016. Título original: Live By Night. Director: Ben Affleck. Guion: Ben Affleck (Novela: Dennis Lehane). Productores: Ben Affleck, Leonardo DiCaprio, Jennifer Davisson Killoran, Jennifer Todd. Productoras: Warner Bros. / Appian Way / Pearl Street Films. Fotografía: Robert Richardson. Música: Harry Gregson-Williams. Montaje: William Goldenberg. Dirección artística: Steve Christensen, Dawn Swiderski, Jeremy Woodward. Reparto: Ben Affleck, Zoe Saldana, Chris Messina, Chris Cooper, Elle Fanning, Brendan Gleeson, Sienna Miller, Robert Glenister, Miguel, Remo Girone, Max Casella, Matthew Maher. PÓSTER.


    El fulgor efímero

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